slideshow

Disclaimer

Nombres y personajes de esta historia son propiedad de Stephanie Meyer (menos los que no salieron en la saga original). Lo único mio es la historia que va uniendo a tan maravillosos personajes.
Esto es un homenaje a una de mis sagas favoritas, sin fines de lucro, por mera distracción.

domingo, 22 de marzo de 2009

EL BANQUETE



Y ahí estaba yo, con mi precioso vestidito negro, mis zapatos de altísimo tacón, rodeada de un montón de vampiros que se limitaban a lanzarme miradas curiosas unas, perplejas otras y sólo un par de verdadero odio. Pero era todo, nadie se dignaba a hablarme, era como si yo fuera la “colada” a una fiesta a la que no era requerida.
Cerré los ojos y rememoré los acontecimientos previos.
Habíamos hecho un viaje rapidísimo desde Florencia en el Maserati Gran Turismo S de Apolo; tenía que reconocer que el auto era impresionante, con sus cuatro plazas revestidas en piel roja y el exterior negro y reluciente. Aunque la elección de colores me recordó un poco al cliché de que los vampiros dormían en sarcófagos negros forrados por dentro de satín rojo; no me quedaba la menor duda de que Apolo estaba orgulloso de ser quien era, se sentía por encima de cualquier ser viviente que había en esta tierra. Y su andar arrogante, la forma de comportarse con aquel que se atrevía a dirigirle la palabra, demostraban lo soberbio que era en general; lo comprobé con nuestra salida a comer, puesto que se había comportado así con el mesero, el del valet parking y con cuanta persona se cruzó en nuestro camino.
Stanislav no nos acompañó en el viaje a Volterra, sino que él se fue sólo en su propio auto. No era muy versada en las marcas de coches, sólo vi que el suyo era negro y que el logo eran cuatro aritos entrelazados. Tenía la esperanza de que por lo menos su auto fuera de algún color brillante y llamativo, pero no, era completamente negro hasta los interiores y los cristales. Imaginé que mi guardaespaldas estaba algo obsesionado con el color negro, digo, tal vez quería que todas sus cosas combinaran con su lúgubre humor.
La media hora del viaje se me antojó algo insoportable con la insulsa conversación de mi prometido. Definitivamente, cada día le tenía menos paciencia y más repulsa a Apolo, sobre todo porque sin importarle que fuéramos a 150 kilómetros por hora, trataba de meterme mano a toda costa ahí sentados en ese espacio tan reducido. No le di un manotazo porque me daba miedo su reacción y que terminase perdiendo el control del auto; así que me limité a regresar su indeseada mano a su lugar y recordarle que prefería que se concentrara en la estrecha carretera.
Llegamos a una amurallada ciudad, parecía sacada directamente de un cuento de la Edad Media. Parecía que el paso del tiempo se había detenido en esas estrechas calles adoquinadas. Me pegué al vidrio de la ventana para poder observar todo a mayor detalle; me sorprendió la altura de todas las casas, por lo menos de unos tres pisos cada una, hechas de adoquín y con barandales llenos de maceteros. A pesar de que ya estaba oscuro, me esforcé por ver todo lo que me rodeaba, tenía la sensación como que ya había estado antes ahí.
Bueno, se supone que ya estuve aquí, pues mi padre vive aquí, ¿no?” reflexioné. Y aunque se suponía que había visto todo esto antes, aún así sentía que era la primera vez que estaba ahí. No, sé era una sensación difícil de explicar.
Pasamos por una plaza, donde imponente se alzaba la torre con un reloj.
Y empecé a sentir una gran desesperación, una gran angustia al ver caminar las manecillas del reloj.
Y volví a mirar la torre, pero ahora en mi mente se reproducía su imagen, sólo que ahora era de día y estaba atestada de gente vestida de rojo. Yo volvía la mirada para todas partes, yo trataba de atravesar la atestada plaza, irme abriendo paso a través de la masa humana mientras el ruido de las campanas se mezclaba con el griterío de los niños.
¡Edward no!” grité primero, perdiéndose mi voz entre el rugido de la campana.
Lo vi su rostro y nunca me había parecido más bello; incluso mientras corría jadeando y gritando, pude apreciarlo. El reloj sonó y él dio una gran zancada hacia la luz.
¡No! ¡Edward, mírame!” grité casi histérica.
Y de pronto, así como vino esa visión a mi mente, así se fue. Me quedé completamente aturdida. Primero, porque el tal Edward era el mismo ángel al piano que había recordado en el restaurante.
¿Quién es él?
Y segunda, porque esa voz desesperada que lo llamaba a gritos, no era la mía. De eso estaba segurísima; entonces, si esos recuerdos no eran míos, ¿de quién eran?, y ¿por qué estaban en mi cabeza? ¿Qué me estaba sucediendo?
Estuve tentada a contarle a Apolo, quien se enfilaba al estacionamiento subterráneo de uno de los tantos edificios que habíamos pasado. Pero recordé mi decisión de no confiarle nada, pues mi instinto me advertía constantemente que había algo más atrás de su fachada de amoroso prometido.
Dejamos él auto en estacionamiento. Me sorprendió ver que a pesar de la hora, había varios automóviles igual o más lujosos que el de Apolo; casi sin pensar, busqué con la mirada el de Stanislav, más no estuve segura de reconocerlo. Alcé los hombros y dejé que Apolo me condujera por el edificio.
Entramos a una especie de ascensor que nos llevó hasta lo que parecía una recepción bastante lujosa de paredes revestidas de madera y los pisos cubiertos con lujosas y gruesas alfombras verdes. Enormes cuadros de la campiña eran parte de la decoración de la habitación que carecía de ventanas mientras unos sofás de color claro y mesas relucientes con jarrones de cristal encima de ellas completaban la decoración.
Había un mostrador alto de caoba pulida, pero no había nadie en él.
–La última recepcionista se dio de baja, están buscando una suplente ideal –dijo él como adivinando mis pensamientos.
Apolo tomó mi mano con más fuerza si era posible y emprendió el camino por un amplio y ornamentado corredor que parecía no tener fin. Pasamos de largo por varias puertas, unas más adornadas que las otras a medida que avanzábamos. Nos detuvimos a mitad del pasillo, donde Apolo despejó uno de los paneles, descubriendo una sencilla puerta de madera que daba a una especie de ante-cámara, la cual era de la misma piedra antigua y fría que el resto de las construcciones que había visto a lo largo de la ciudad. Dimos un par de pasos hacia adelante y descubrí que la antecámara desembocaba en una estancia enorme y redonda, más iluminada aunque eso no dejaba de darle un aspecto tenebroso.
En cuanto entré con toda mi gloriosa humanidad, varios pares de ojos carmesí se clavaron en mí, provocándome un estremecimiento involuntario desde la espina dorsal hasta la última de mis terminales nerviosas.
Calma, se supone que creciste rodeada de esta… de estos seres. Respira profundo y trata de controlarte. Recuerda que las bestias pueden oler el miedo”.
Salvo por tres figuras que estaban sentados en una especie de tronos de madera maciza al fondo del salón, todos los demás estaban de pie, aunque no daba la impresión de estar cansados o incómodos por eso.
Rápidamente conté a los vampiros que me observaban con bastante curiosidad. Uno, dos, tres… quince pares de ojos rojos me miraban con demasiada fijeza.
–Por fin –Tronó una voz desde el fondo de la estancia. No tuve que esforzarme demasiado para saber de dónde venía: era de una de las espectrales figuras sentadas al fondo, para ser más exacta, era el que se sentaba en el centro, como si él fuera el amo y señor del reino.
–Ese es Aro, tu padre –dijo Apolo en un imperceptible susurro mientras me apremiaba a avanzar hasta Aro.
A medida que me acercaba, su aspecto empezaba a inquietarme. Estaba vestido con una especie de túnica negra, larga. Su cabello era una larga cascada negra también, que a primera vista se podría confundir con la capucha de la túnica. No supe decir si su rostro era hermoso igual que todos los demás vampiros que nos rodeaban, pues su tez tan blanca, su piel tan fina y delicada que me recordaba al papel cebolla, contrastaba de una forma chocante con el negro de su cabello. Y no hablar de sus ojos rojos, pero turbios y empañados.
Bueno, creo que al fin pude encontrar un vampiro que no es guapo ni bonito… ¿Estará bien pensar eso del que se supone que es mi padre?
Mi padre… esa palabra se me antojaba bastante impropia y lejana para aplicarla a la siniestra figura a la que me acercaba.
–Aro –Apolo se detuvo a unos dos metros de él, inclinándose en reverencia –Aquí está Atena, tú hija…
Prácticamente me lanzó al frente mientras pronunciaba las palabras. Me resistí a hacer la reverencia, más no estaba segura de la forma en que debería saludarle o comportarme delante de él.
–Atena, hija –estiró su mano hacia mí. Su voz, a pesar de no ser tan siniestra como su aspecto en general, provocó en mí un nuevo escalofrío.
Alargué mi mano para encontrarme con la de él. El contacto con su piel me estremeció, ya que la encontré tan fría y áspera como la tiza. Mientras apretaba con fuerza mi mano, Aro cerró los ojos; pensé que lo hacía por la emoción y me la culpa me invadió por no sentir ni un ápice de emoción o ternura o algo, lo que fuera.
Y de pronto, un flash vino a mi mente, haciendo que cerrara los ojos y a la vez, trayéndome una escena de un grupo de capas oscuras que avanzaban decididamente a través de un nevado bosque; la escena en sí me provocó terror y angustia, pero duró unos segundos apenas. Abrí los ojos espantada mientras que Aro los abrió pero sorprendido. No pronunciamos palabra alguna, pero estaba casi segura de que él había visto lo mismo que yo.
–Queridos hermanos, amigos –habló Aro sin soltar mi mano y haciendo que me pusiera a un costado de él para mirar a los que nos rodeaban. Al fondo, noté el preciso instante que Stanislav arribaba al salón. Su mirada intensa se cruzó con la mía y me sentí un poco más tranquila; de alguna manera, veía a Stanislav como mi aliado, mi amigo entre todos esos vampiros –Quiero que le den a mi adorada hija Atena la bienvenida que se merece, después de una larga ausencia y de haberse enfrentado a nuestros enemigos en una terrible lucha, al igual que Gianna, a quien lamentablemente perdimos por culpa de los Cullen. –Aro hizo una melodramática pausa –Vienen tiempos difíciles, casi negros para nosotros; tenemos que afrontar la traición de aquellos que pensábamos eran nuestros amigos, aquellos a los que les tendimos la mano de forma pacífica y les abrimos la puerta de nuestra familia. No hay más traición amarga que la del amigo, pero no podemos dejar pasar por alto lo que le han hecho a uno de nosotros. La destrucción de Gianna no puede quedar impune. Estás de acuerdo conmigo, ¿verdad Félix? –Un vampiro altísimo y musculoso de pelo corto bufó con furia. No necesité más para imaginarme que él había sido el compañero de Gianna, mi supuesta hermana.
Hermana, padre, prometido. Ninguna de esas palabras me parecían familiares, o no si se las tenía que aplicar a Gianna, Aro y Apolo, quienes su nombre no provocaban nada positivo en mí.
–Así pues, les pido que se preparen para la gran lucha que se avecina –continuó –Los Vulturi somos una gran fuerza, somos aquellos que tenemos la misión de mantener y custodiar los grandes secretos de nuestra existencia. Es nuestro deber protegerlos de todos aquellos que lo amenacen, tanto sean humanos o un puñado de vampiros codiciosos que quieren volverse amos y señores de nuestra especie. Así pues, ¡ Victoria e la morte per i nostri nemici!
Los demás gritaron como extasiados la misma frase mientras empuñaban al aire las manos.
El resto de la reunión transcurrió en relativa calma, con Apolo pegado a mí presentándome al resto de los presentes. Félix, Dimitri, Chelsea, Santiago, Jade y un montón de nombres más que no significaban nada para mí. En algún momento me llevó ante Cayo y Marco, los otros dos cabecillas de la familia.
Cayo era de pelo blanco hasta los hombros y poseía una piel bastante parecida a la de Aro; sólo que su mirada a parte de roja carmesí y algo turbia, también tenía un tinte bastante diabólico y despiadado. Marco, por su parte, apenas si me dirigió una mirada. Su actitud era bastante lacónica, como si su mente estuviera en otra parte; me recordó a la estatua de algún mártir de la antigüedad.
Fui tratando de integrarme entre ellos, pero me sentía como la chica nueva y tímida del colegio; por más que trataba, no lograba sentirme cómoda en esa estancia rodeada de sanguinarios vampiros.
–¿Qué tal te la estás pasando, querida? –no necesité voltear a verla para saber que esa vocecita pertenecía a Jane.
Por educación, giré la vista hacia ella y esbocé una forzada sonrisa. No podían decir que no me estaba esforzando por portarme bien.
–Bien, gracias por preguntar. Sólo que habían dicho que era un banquete y no veo comida por ningún lado…
–Ah, eso… –esbozó una sonrisita burlona, como si supiera algo que yo no– La… comida llegará dentro de poco. ¿Tienes hambre, querida?
–No, no, sólo era curiosidad... –de pronto recordé algo –Pero ustedes no comen comida normal, ¿qué no?
–Digamos que esta noche es… algo excepcional por tratarse de ti. –La odiosa risita burlona se ensanchó más en su rostro –¿Y cómo va tu entrenamiento? ¿Lista para la lucha?
–Pues voy bien, o eso creo. Stanislav está decidido en convertirme en una máquina de ataque –dije con humor.
–Esperemos que lo logre. Tu parte en todo esto es la más importante.
–¿Por qué?
–Tienes que encargarte de Bella, es fundamental que la destruyas lo más pronto posible. De eso depende el éxito de nuestro ataque.
–¿Tan poderosa es?
–No te imaginas cuánto… sólo espero que no se te ocurra ir vestida tan elegante a la guerra, sería un verdadero desperdicio para tu guardarropa.
Miré rápidamente mi atuendo y supe que Jane se estaba guardando la pedrada y le urgía lanzármela. A excepción de Apolo y yo, todos iban vestidos informalmente; algunos con las túnicas, otros con simples jeans y camisas ligeras, como Jane. Sulpicia y Ateenodora, las esposas de Aro y Cayo respectivamente, apenas si traían unos ligeros vestidos de verano.
–Sí, bueno, me dijeron que era un banquete en mi honor, más nunca mencionaron el protocolo y la etiqueta a usar…
–Y supongo que tu novio no lo mencionó porque le encanta exhibirte como si fueras una especie de trofeo –No me pasó por alto la nota de desdén con la que habló.
–¿Tan mal te cae Apolo? –pregunté sin empacho.
–Sí… me choca su actitud tan arrogante. A veces se comporta como un nuevo rico, le falta clase.
No pude evitar reírme con ganas con su comentario.
Sí, Apolo es como el nuevo rico entre un montón de estirados millonarios de alcurnia
Mi risa llamó la atención de unos cuantos, que volvieron sus miradas curiosas hacia el rincón donde Jane y yo estábamos paradas. Un poco cohibida, pasee mi vista entre aquellos que me observaban hasta que la detuve en seco en Stanislav, quien estaba parado al otro lado de la sala, dos espectaculares mujeres a cada lado. Renata y Chelsea si mal recordaba, eran sus nombres. Renata, la espectacular belleza de piel perfecta, largas piernas y una melena castaña y lisa que le llegaba a media cintura, le susurraba algo a Stanislav, quien esbozó una sonrisa ladeada mientras me observaba fija e intensamente sin parpadear siquiera; Chelsea, por su parte, se dedicaba a rodearlo como si de un pulpo se tratara. Aparté mi mirada algo apenada, sintiéndome como un vouyerista observando un ménage à trois.
–No creo que mañana tu maestro esté en forma para darte clases… –dijo Jane con censura y algo que pude identificar como celos.
Vaya, así que Apolo tiene razón… Jane quiere a Stan para ella
–Pues si mañana no hay clases, por mi no hay problema –me encogí de hombros –No me vendría mal un descanso después de estar trabajando sin parar ni un solo día durante tres semanas.
–No pensé que fueras perezosa.
–No, no lo soy, lo que pasa…
–¡Jane! Aro quiere hablar contigo… –ambas volteamos a ver aquel que había interrumpido nuestra conversación. Se trataba de Alec, el hermano gemelo de Jane. Alec poseía un rostro igual de bello al de su hermana, así como una estatura pequeña. Su cabello rubio oscuro lo diferenciaba del pelo marrón claro de su gemela; además, la mirada del chico no era tan cínica y cruel como la de la adolescente.
Jane se alejó sin chistar para ir al llamado de mi… de Aro. Alec apenas si me dirigió una mirada y se alejó con ella, al parecer, había llegado a la conclusión de que yo no valía mucho la pena como para tratar de entablar conversación conmigo.
Poco a poco me fui quedando relegada a un rincón, pues los demás habían parecido perder interés en mí. Incluso Apolo, que prácticamente se había quedado parado como estatua a un lado del trono de Cayo, como si con eso nos diera a entender la posición de poder que poseía sólo por ser hijo de aquel.
Si bien Aro no me había llamado a su lado ni se esforzaba por mostrarse como lo haría cualquier padre con una hija raptada y amnésica, sentí su mirada continuamente fija en mí.
Bueno, no esperaba que me recibieran con fuegos pirotécnicos y una banda de guerra, pero tampoco pensé que este reencuentro familiar fuera a ser tan gélido.”
Desee que por lo menos hubiera una silla dónde sentarme y hacerme chiquita en un rincón, para pasar desapercibida hasta la hora de regresar a Florencia; me estaba aburriendo mortalmente y si las cosas seguían así, probablemente terminaría sentándome en el suelo y poniéndome a dormir un rato. Total, dudaba que alguien recordara si quiera que estuviera ahí.
Tal vez pueda ir a darme una vuelta por el edificio, ve qué había detrás del montón de puertas por lo que pasamos. Total, no me pueden acusar de fisgonear, pues si esto es de mi “papá”, por ende, también es mío”.
Empecé a caminar con cuidado hacia la puerta, sólo por si alguien se molestaba en dirigirme una mirada y detuviera mi excursión. Justo cuando estaba a punto de llegar a la ante-cámara, una voz sonó casi en un susurro a mi espalda, tan cerca que el frio aliento chocó contra mi cuello mientras unas manos igual de heladas me detenían por los hombros.
–¿Te vas, princesa?
Me giré de inmediato para quedar frente a Stanislav, quien me miraba con una sonrisita socarrona. Vestido de negro como siempre, con unos pantalones y camisa de vestir, ¿por qué no era un pecado capital verse tan bien como él en esos momentos?
–No, sólo pensaba dar una vuelta por el edificio.
–¿Te aburrimos?
–No, sólo que… bueno, no logro sentirme del todo cómoda. Para mi son un montón de extraños todavía.
–Nunca pensé que fueras tímida.
–Y no lo soy, sólo que esta situación es todo menos normal.
–¿Por qué lo dices?
–Porque… –en ese instante, alguien envuelto en una capa gris oscuro entró por la puerta a toda velocidad, empujándome hacia Stanislav, quien me sujetó entre sus brazos para evitar el fuerte choque contra él.
Di un paso hacia atrás, dispuesta a poner una prudencial distancia entre nosotros.
–¿Te molesta mi contacto?
–No, no… –dije con mayor rapidez de la deseada –digo, no, pero creo que hay dos o tres vampiritas que sí se podrían molestar –Lancé una mirada bastante directa hacia el lugar donde Chelsea y Renata estaban paradas y observándonos con interés.
–¿Celosa, princesa? –rió y me dieron ganas de borrarle la sonrisa con un buen bofetón, como el que le había asestado esa misma mañana.
–¿Yo? No veo por qué –dije altiva mientras levantaba la barbilla –Estoy a punto de casarme y no tendría por qué encelarme de ti.
–Oh, sí, la boda entre tú y el paya… digo, entre el señor Apolo.
Rechiné los dientes. La actitud de Stanislav me enervaba, mientras que a él parecía encantarle provocarme.
Nos miramos largamente, sin pronunciar ni una sola palabra. Tenía que reconocer que sí me había molestado verlo rodeado de aquellas mujeres tan espectaculares, pero no era por celos. ¡Claro que no! Solo era que… que despreciaba la actitud de Casanova de algunos hombres. Sí, eso era y nada más, porque yo no podía sentir celos de un vampiro tan irritante, tan cabezota, tan amargo, tan… tan guapo, tan sexy, tan…
¡Basta! Concéntrate” me recriminé mentalmente.
¿Sería posible que empezara a sentir algo más que irritación por mi maestro/guarura/niñero?
–Stanislav –la voz de Aro interrumpió el extraño momento entre Stan y yo. Él me dedicó una última e intensa mirada antes de ir hacia el trono de Aro. Lo observé alejarse de mi mientras yo regresaba a mi pequeño rincón donde me quedé relegada nuevamente, siendo objeto de las miradas ocasionales de los demás.


–Señor, Heidi y nuestro… banquete están llegando al edificio.
–Gracias, Afton… Supongo que la verdadera fiesta está por comenzar.
Abrí los ojos, interrumpiendo mis cavilaciones, al escuchar esas palabras provenientes de Aro y alguien llamado Afton. Bueno, al menos la comida estaba por llegar, así que si nadie me iba a hablar, por lo menos podía matar el tiempo comiéndome todo lo que estuviera disponible en el banquete.
¿Será algún tipo de buffet?” Me pregunté, pues lo cierto es que no había ninguna mesa o silla en toda la habitación. Tal vez íbamos a pasar a otra habitación donde hubiera un comedor más apropiado para la ocasión.
–Amor, ya casi es hora de empezar con nuestra celebración –dijo Apolo con ligereza mientras me rodeaba con uno de sus brazos por los hombros y me dirigía al centro del salón.
–¿Si? Está bien… –No sabía exactamente qué contestar a eso…
–Tal vez no recuerdes cómo son nuestras celebraciones y puede que al principio te resulte difícil de entender, pero yo voy a estar cerca de ti, ¿de acuerdo?
Asentí con la cabeza. ¿Acaso era una cena de esas que se usaban veinte cubiertos a la vez y tenía miedo de que lo dejara en ridículo si no recordaba cuál era el tenedor o la cuchara indicada? Sí que era bastante snob mi novio.
–Puede que sientas un ligero ardor en la garganta al principio, pero se va a calmar después –continuó.
–Pero si ya siento un ardor y si mal lo recuerdo, es por mi sed…
–Pronto todo va a pasar, te lo prometo…
¿De qué hablaba?
–Heidi –volvió a sonar al fondo la voz de Aro
–Señor, espero que esté complacido con el menú de hoy –dijo pícaramente mientras le daba un ligero beso en los labios a Stanislav, quien había estado parado a un lado de Aro.
Heidi era una verdadera belleza de melena caoba y ojos violetas. Pero del violeta que se obtiene al mezclar el rojo con el azul; imaginé que traería un par de lentillas de contacto azules, lo que le daba el color violetoso a sus ojos, mi duda sería el por qué. Iba vestida con un diminuto top negro y una minifalda azul que apenas si le cubría el trasero.
¿Renata, Chelsea y Heidi? Vaya, creo que lo de Casanova le queda corto…
En eso escuché como la puerta de madera volvía a abrirse y en momento determinado, un grupo de unas veinte personas fueron entrando uno a uno al salón, quedando al centro de él y siendo rodeados por nosotros.
Al principio no entendía qué hacían esas personas ahí, quienes estaban iguales o más confundidos de yo. Miré a mi alrededor y vi a un par de vampiros mostrando sus impresionantes y mortales colmillos.
–Es hora de la cena –susurró Apolo en mi oído y lo comprendí todo.
Esas personas eran nuestro banquete. Eran nuestra cena.

17 comentarios:

  1. Olyyy que pena, te había dicho que no era seguro que publicara hoy, pero al final la inspiración vino a mi y no pude cortarla sin terminar el capi de hoy. Sorry!!

    Y por si les quedó confuso lo de Aro, se los pongo así: las reflexiones de Aro se dan justo en el momento, en el presente de la reunión. Era lo que estaba pensando en esos instantes.

    Y en este capi, Renesmee narra lo que sucedió alrededor del banquete.

    Espero no haberlas enredado más. Pero como son pedazos relatados por otros que no son Renesmee, por eso trato de diferenciarlos de alguna manera entre lo que ella cuenta y los demás. Por eso, lo que cuenta Jake o Aro, no los considero en sí capítulos de la historia; digamos que son notas al margen.

    ResponderEliminar
  2. aqui donde me lees sufro de insomnio como tu y estaba esperando mientras leia otras cosas...jajajajaja realemnte espectacular!! :)
    ya no se si dormir xq en 2 horas m levanto...pero si m duermo será pensando en Renesmee y Stan el Casanova jajajajaja
    besos!

    ResponderEliminar
  3. wowwww,,,,
    cada vez esta mejor la historia, muero por el siguiente, escribes super bien.,,,

    ya quiero que aparescan los Cullen,,,

    ResponderEliminar
  4. yo preferiria renesme y jackob, kedan mas bonitos,,, ¿kuando la van a rescatar?

    ResponderEliminar
  5. ya se..... cuando la rescatan ??jajaj estoy algo ansiosa por saber jaja
    me gusto el capitulo
    ke bueno ke aclaras lo de los demas puntos de vista(jacob y aro),que no son directamente capitulos de la historia; por que a mi en lo personal no me gustaba el cambio repentino de narrador pero ahora ke lo mencionas como notas extras me parece perfecto, nos da una idea mas amplia de todo el contexto.
    muero por ke ya llegue la "batalla"
    bueno muchisismas gracias!!

    ResponderEliminar
  6. esta muy bueno ya quiero saber que ara renesme con esto se dejara llebar o k va a pasar te prometo ser pasienta para esperar el otro

    ResponderEliminar
  7. cada vez mas cerca de los cullen =D. me encanta como ha ido la historia solo espero q el final sea feliz y sin ninguna pena de alguien importante muertoo PORFAVOOR =( y tambien quiero un final feliz para stan me cae genial ^^. besos desde españaa!

    ResponderEliminar
  8. ay ay ,, y ahora stan,,,,
    stan es un personag genial,,, para hacerle perder la cabeza a cualquiera,,,

    ResponderEliminar
  9. quieroo a los Cullen! jajaja! muero por que se encuentren todos... pobre Reneesme... que miedo!

    Gracias por el capitulo, esta muy bueno...

    Saludos

    ResponderEliminar
  10. Quiero qeu la maldita pelea empiese ya!!...
    Y al mismo tiempo no porque me imagino que con eso acabara la historia...
    Jajaja....Stanislav me hace acordar a mi....
    Eso sono mal, bue...
    el cap: SIN PALABRAS COMO SIEMPRE...
    Me pregunto cual sera la reaccion de Renesme?
    Espero que salga corriendo en el bullicio de los hambrientos Vampiros.

    ResponderEliminar
  11. x ciertoo el momento q recuerda de edward cuando estuvo alli y bella fue..sin palabras melancolico totalmente. TENGO UNAS GANAS DE Q LOS CULLEN APAREZCAN IMPONIENDOOOO JUNTO A LA MANADAA!(me los comia a todos) tambien espero q esten todos los amigos de los cullen como antiguamente en amanecer, voi a saltar de emocion. q ganaaaaaaaas! besos desde españa de neuvoo.
    Ali

    ResponderEliminar
  12. jooo kiero un encuentro nesie-jake ya xDD (Y) k dira cuando les vea y la digan k tiene k matar a bella pobrecilla :S besillos y pon pronto el prox. cap esta genial
    ARRIVA STANISLAV!! =D
    besos *CRL

    ResponderEliminar
  13. lo siento mucho por ti, pero mi hija de 14 años cuando le dije que habias subido un nuevo capitulo dijo:
    -¡que bien que no pueda dormir!.
    Yo sin embargo, solo puedo darte las gracias. Muchas, muchísimas gracias desde España, y sigue así por favor, pero sin presionarte por los que esperamos tus capítulos

    ResponderEliminar
  14. wow
    la verdad es k escribes genial!!!
    a mi tbn me encantaria un final feliz para Stanislav
    pero YA QUIERO LEER A LOS CULLEN!!!!
    jajaja
    gracias

    ResponderEliminar
  15. Me gusta mucho Stan jaja espero que Renesmee le quite lo casanova jaja ya extraño a los Cullen

    ResponderEliminar
  16. Hola chicas, gracias por sus comentarios y me da gusto que se diviertan con mis delirios noctámbulos.
    Ya sé que mueren por la pelea (yo también), pero no quiero apresurarme porque siento que le puedo quitar "sabor" si trato de ponerle el acelerador. Ya ven, hay platos que es mejor cocinarlos a fuego lento.

    Maria, no hay problema de que tu hija prefiera que sea una insomne eterna, total ya me estoy acostrumbrando a mal dormir jajaja. Y publicamente, tengo que agradecer a la Pepsi cola que haya lanzado una cola llamada "Pepsi Kick" porque gracias a su doble dosis de cafeina más gingseng, puedo funcionar casi veinte horas al día. Dios salve al que creo esa Pepsi!!! Después de la peninsilina y la saga del Crepúsculo, es lo mejor que me ha pasado en la vida jajaja
    Saludos y esperen lo que sigue ;)

    ResponderEliminar
  17. Oh si es cierto esq pepsi kick es buenisima, hay estoy tan clavada con tu historia.. Sigue asi... Sera que ya se esta enamorando nessie de stan? ay que locura, stan ya me esta cayendo bien..!!!!

    ResponderEliminar

Dejen sus comentarios!!

Añadir/Share

Bookmark and Share