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Disclaimer

Nombres y personajes de esta historia son propiedad de Stephanie Meyer (menos los que no salieron en la saga original). Lo único mio es la historia que va uniendo a tan maravillosos personajes.
Esto es un homenaje a una de mis sagas favoritas, sin fines de lucro, por mera distracción.

sábado, 21 de marzo de 2009

DAGAS



–¡Presta atención! ¡No tenemos todo el día para estar con tonterías! –Stanislav estaba de pésimo humor; no es que se caracterizara precisamente por ser todo sonrisas y dulzura, pero ese día parecía estar de un humor mucho más agrio de lo normal –Si sigues descuidando tu izquierda, te van a pescar por ahí y vas a quedar a merced del enemigo.
Lo miré exasperada. Definitivamente Stanislav ese día se había levantado del lado equivocado del sarcófago.
–Estoy haciendo exactamente lo que me estás indicando.
–No parece –masculló –Empecemos de nuevo, princesa; lánzame tu mejor ataque.
Respiré profundamente y me arrojé decididamente contra él; le lancé un par de puñetazos con la izquierda y después con la derecha; después, una patada en semi-reversa directo a su costado derecho, pero él bloqueaba cada uno de mis golpes. Seguí lanzando los golpes uno tras otro buscando conectarle por lo menos uno. En un descuido, me tomó por el brazo izquierdo y en un parpadeo me encontré tendida boca arriba sobre el piso.
–Si esto es todo lo que tienes, los Cullen van a acabar contigo en un santiamén– dijo burlón, sin hacer un ademán siquiera de ayudarme a ponerme en pié.
Parecía que su mal genio era contagioso, porque empecé a irritarme también.
–En todo caso, ese no es tu problema sino el mío. Si me hacen trizas, a ti te va a dar lo mismo, ¿no?
Aunque me sentía algo aturdida, decidí ponerme en pie como si nada, como si el ataque de Stanislav me hubiera hecho el mismo daño que una suave brisa.
–Será mejor que tomemos un breve descanso antes de pasar a lo siguiente.
Me alejé un par de pasos para estirar mi adolorido cuerpo; si era cierto que era más resistente que los humanos comunes, ¿por qué me sentía tan molida? Tal vez estar peleando una y otra vez con un vampiro tan duro como el granito fuera la causa.
Me agaché para amararme la cuerda de uno de mis tennis; ese día había optado por usar un pantalón deportivo de licra negra y un ajustado top blanco.
–¿Oye, ¿a dónde fuiste anoche? –Le pregunté de pronto
–¿Cómo?
–Anoche, después de que subí a mi habitación, escuché que saliste y…
–¿Y acaso tengo que darte explicaciones? –me interrumpió bruscamente
–No, claro que no, sólo que…
–Sólo que te gusta meterte en los asuntos ajenos.
–¿Sabes? Olvídalo. Te pregunté únicamente para tener algo trivial de qué hablar y no estar aguantando tu mal humor.
–Oh, disculpe su majestad si mi ácido carácter la ofende –dijo haciendo una reverencia bastante exagerada –Pero no le queda más remedio que aguantarse, no tengo otro genio que éste.
Lo miré furiosa antes de dar media vuelta y dirigirme a la puerta con paso decidido. Ese día no tenía la paciencia necesaria para soportarle.
–¿Quién te dijo que habíamos terminado?
Me detuve per no me digné a voltear atrás.
–Definitivamente no estoy para soportar a un vampiro bipolar. Tómate un trago, fúmate algo o lo que sea que te sirva para clamarte y después me hablas.
Reanudé mi marcha con la barbilla en alto con gesto orgulloso, pero como por arte de magia, Stan apareció frente a mí bloqueándome la salida.
–Mira, princesa, a mí me pagan por adiestrarte en el arte de la guerra y eso significa que las clases se acaban cuando yo lo digo y que va a aguantarte mi genio sea malo o peor, ¿entendido?
Nos miramos retadoramente el uno al otro, sin apartar la vista. Estuvimos así quien sabe cuanto tiempo; estaba decidida a no desviar la mirada, pues sería como aceptar la derrota. Sólo que no contaba con que mis ojos empezaría a arderme primero y a llorarme después por permanecer así sin parpadear siquiera tanto tiempo. Solté una palabrota, de pura frustración mientras me tallaba los ojos con las manos.
Furiosa, regresé al centro del salón, donde habíamos estado practicando por horas, desde el amanecer.
Escuché reír a Stanislav
Vaya, parece que lo único que necesito para aligerarle el genio es humillarme a mi misma… ¡¡Grrr!!”
Me paré en el centro, esperando a que Stanislav se acercara. Se había detenido en uno de los estantes empotrados en la pared, buscando algo.
Me quedé mirando su poderoso cuerpo enfundado en unos ajustados jeans negros y una ligera camiseta negra que se le pegaba al torso como una segunda piel. Desde el primer día que lo había visto, no recordaba que hubiera usado ropa que no fuera negra, blanca o gris. Parecía como si estuviera de luto permanente; la idea me inquietó un poco.
–Vamos a ver qué tal te va con esto –dijo mientras en sus manos traía algo de un color plateado brillante.
–¿Qué es eso? –señalé con la cabeza.
–Son un par de dagas celtas –dijo mientras me las ponía en mis manos –Dice la leyenda que fueron forjadas con el mismo metal que la espada Excalibur.
–¿De verdad? –Estaba sorprendida observando las armas. Parecían bastante peligrosas.
–No sé, pero la historia suena interesante…. En fin, voy a enseñarte a atacar con esto sin que te hagas daño a ti misma en el proceso.
–¡¿Cómo? –dije algo aturdida
–No me digas que estos juguetitos te dan miedo…
–Bueno, es que… no había pensado que iba a herir a alguien. Es decir, una daga puede matarte; no es lo mismo que dar puñetazos y patadas…
–¿Y qué creías? ¿qué todo este entrenamiento es para que vayas a tomar el té con la Reina de Inglaterra y con los Cullen?
–No, pero…
–No hay peros que valgan a estas alturas. El enfrentamiento con tus enemigos está a la vuelta de la esquina y tienes qué estar preparada. Así que de ahora en adelante vamos a trabajar más duro.
¿Trabajar más duro? Pero si ya estábamos entrenando de cinco a ocho horas diarias. ¿Qué pretendía, qué también dormida me dedicara a lanzar patadas a diestra y siniestra?
–Mira, éstas dagas debes tomarlas así, con fuerza del mango –dijo mientras las acomodaba en mi manos tal y como él quería –Debes aprender a controlarlas aún y cuando estés en movimiento
Stanislav se puso atrás de mí y con sus manos fue guiando mis brazos para indicarme los movimientos correctos para que mi ataque fuera el mejor.
–¿Entendiste? –Me preguntó al cabo de un rato. Al parecer, poseía una extraordinaria capacidad para aprender rápido. Asentí con la cabeza –Bien, entonces, atácame –lo miré dubitativa –Anda, no seas cobarde.
Me lancé al ataque decidida. Había captado los movimientos precisos y empecé a obligarlo a retroceder para esquivar las filosas dagas. Mi lado oscuro se regocijaba de verle así.
En algún momento determinado, atravesé su cuerpo con una de las dagas, desde el pecho izquierdo, a la altura del corazón hasta el costado derecho del abdomen. El movimiento fue acompañado de un chirrido irritante, como el de las uñas sobre un pizarrón; hice una mueca de desagrado antes de abrir los ojos como plato, espantada al darme cuenta de lo que había hecho.
–¡Oh! –gemí –¿Te hice daño? ¡Lo siento mucho! Yo… –dije mientras daba brinquitos por los nervios.
Stanislav volvió a reír, pero estaba vez con sonoras carcajadas.
–¿Crees que me heriste? –preguntó con sorna –Princesa, es como si me hubieras hecho una caricia con la pluma de un ave.
Lo miré sin comprender.
–Mira –prosiguió mientras me quitaba una daga y se la pasaba por el brazo, desde el codo hasta la muñeca. Cerré los ojos para evitar ver correr la sangre, mientras volvía a escucharse el mismo chirrido de unos instantes –Abre los ojos –le obedecí y me quedé asombrada –No me ha pasado nada
–¿Cómo? ¿Pero…?
–Fácil: la piel de los vampiros es tan dura como una roca. Las armas humanas no nos hacen daño; sólo puede lastimarnos los dientes de otro vampiro o el fuego.
–Entonces, ¿para qué quieres que aprenda a usar éstas dagas? –dije una vez que me había recuperado de la impresión.
–Porque no solo te vas a enfrentar a un clan de vampiros, sino también a una manada de hombres-lobo y a ellos sí los puedes matar con estas dagas.
Me estremecí por la frialdad con la que hablaba de matar a alguien más.
De pronto, las dagas me parecieron hechas de hierro al rojo vivo; sentí que su peso me lastimaba las manos, así que quise alejarlas de mí al instante.
–Toma –le dije extendiendo mis manos hacia él para regresarle el arma que todavía tenía en mi mano –Creo que esto no va conmigo… Yo no podría matar a nadie, eso es…
–¿Monstruoso? Te tengo una noticia: una parte de ti es un monstruo.
–Stanislav… –le dirigí una mirada suplicante. A pesar de lo que dijera, yo no me veía a mi misma matando a un ser humano, aunque fuera medio lobo. Enfrentarme a vampiros era harina de otro costal.
–Puedes patalear y lloriquear todo lo que quieras, pero vas a seguir practicando con las armas, ¿entendido? –me tomó por los hombros con fuerza dándome un pequeño zarandeo.
–No puedo…
–Sí puedes y lo vas a hacer. –puso una daga en mi mano derecha, casi a la fuerza –Así como me atacaste, así tienes que atravesarle el corazón a esos hijos de la luna. Por más piedad que muestres con ellos, ellos no la van a tener contigo. Si te descuidas, te van a arrancar con bastante alegría la cabeza.
–Pero tal vez ellos ni siquiera van a estar ahí. Esta no es su pelea, no tienen por qué intervenir.
Me sentía angustiada ante la posibilidad de toparme con esos licántropos. No sabía si era el miedo o alguna otra cosa que me hacía temblar ante la perspectiva de verme envuelta en una lucha contra ellos. Una parte de mi sentía una necesidad como de… como de protegerles.
–Hasta donde tengo entendidos, los Cullen y esa manada tienen una especie de alianza, así que es más que obvio que ellos van a estar ahí metidos.
–No puedo. Digas lo que digas, no puedo.
–¡Maldita sea! –volvió a zarandearme, pero esta vez con fuerza –¡Ellos pensaban entregarte al líder de esos perros para que hiciera contigo lo que se le diera la gana!
–¡No les digas perros! –me enfurecí al escuchar el insulto. Me solté y le asesté un bofetón.
Ambos nos quedamos mirando sorprendidos.
“¿Qué fue eso? ¿Por qué reaccioné así?”
–Lo siento, no debí hacer eso….
–Vaya, nunca pensé que fueras de la sociedad protectora de animales –Stanislav sonrió forzadamente. –Tal vez sea mejor que interrumpamos las lecciones por este día. Si mal lo recuerdo, esta noche tenemos que estar en Volterra. Supongo que querrás tener tiempo suficiente para arreglarte.
Asentí con la cabeza, no estaba segura de haber recuperado el habla normal. Mi explosión de furia me dejó descontrolada, ¿qué demonios había pasado? ¿Por qué había reaccionado así? En eso estaba pensando cuando unos rápidos movimientos de Stanislav me distrajeron.
–¡Ey! ¡Ey! ¿Qué haces? –Dije al ver que se había quedado desnudo del torso. Para mi mala suerte, la visión de sus músculos me dejó completamente embobada, mirándolo de una forma poco educada y muy pecaminosa.
Se había quitado la camiseta que momentos antes le había destrozado con las dagas.
Nena, es de mala educación quedársele viendo a la gente fijamente y por largo rato
¿De dónde salió esa voz tan dulce?
Lo siento, abuela
¿Abuela?
–¿Te gusta lo que ves? –preguntó burlón, sacándome de mis pensamientos –¿Te ruborizas?
Bajé la mirada y la porción de piel que se alcanzaba a ver a través del discreto escote de mi blusa estaba tan roja como un tomate. Imaginé que mi cara estaría de ese mismo color, para mi mortificación.
–Yo… –tosí para aclararme la garganta –me pillaste por sorpresa. No es de buena educación andar desnudo delante de una dama…
–Ja, ja, ja, ja. Jamás pensé que fueras tan mojigata.
–Y no lo soy –dije tratando de retomar la compostura. –Pero no quiero problemas con Apolo. Podría entrar de repente y si te ve así, bueno, podría pensar lo peor…
–¿Sí? ¿Cómo qué? –Stanislav empezó a acercarse lentamente a mí. Quise retroceder, alejarme de él, pero era como si mis piernas hubieran decidido no hacerme caso y quedarse clavadas ahí.
–Pues, no sé… este….
De pronto parecía que mi cerebro estaba embotado, sin saber cómo reaccionar.
–Mmm, ¿tal vez que tú y yo…? –se paró a escasos milímetros de mi. Era bastante más alto que yo, así que tuve que inclinarme un poco para mirarle mejor.
–¿Que tú y yo…? –mi voz era apenas un hilito poco audible.
Puso una de sus manos sobre la piel desnuda de mi cintura. La tela de mi top se había levantado un poco, así que el contacto de su fría piel contra la calidez de la mía fue todo un choque; un choque que me provocó escalofríos en todas mis terminales nerviosas. Inclinó su rostro a un lado, pegando sus labios a mi oreja.
–Que tú y yo estamos teniendo una aventura tan apasionada que por eso te niegas a acostarte con él… –pronunció burlón y se alejó rápidamente de mí.
–¡Eres… insoportablemente grosero! –enfurecida me lancé a atacarlo a puño y patada limpia. Al parecer, la furia era un buen aliciente a la hora de luchar, pues logré golpearlo varias veces, aunque dudaba que realmente le hiciera un daño de consideración.
Stanislav se reía ante mi reacción y eso hacía que bullera aún más mi enojo. Casi enloquecida, me lancé contra él, pero de alguna forma, Stanislav logró invertir mi ataque y dejarme colgada boca abajo sobre su hombro. Empecé a golpearlo en la espalda con mis puños.
Esto ya lo había vivido….”
–¡Bájame de inmediato, bestia peludaaaa! –grité con fuerza mientras pataleaba–¿Estás sordo, o qué? ¡Bájame con un demonio! ¡Bruto! ¡Salvaje! ¡Neanderthal!
En un parpadear, Stanislav me puso sobre el suelo.
–¿Bestia peluda? –dijo extrañado, pero no le contesté.
Eso yo se lo dije a alguien más. Esas palabras…”
–Atena, ¿estás bien? –pude notar un atisbo de preocupación en su voz.
–Yo… –dije con la mirada distante; estaba tratando por todos los medios traer a mi ese recuerdo, no dejar que se me escabullera otra vez en la oscuridad –Yo le dije eso a alguien… pero… –volví la vista hacia él. Me sentía desolada, frustrada por no poder recuperar mi memoria –¡Maldita sea! No puedo recordar a quien…
–Atena….
–Stan, no tienes ni idea de cómo me siento… es tan frustrante, tan desesperante no recordar, no saber quién eres, atenerte a reconstruir tu vida a partir de lo que los demás te cuenta. –Sin poderlo evitar, un par de lágrimas rodaron por mis mejillas –Odio sentirme así, odio que me esté pasando esto… No es justo, por más mal que me haya portado en esta vida, no creo que me merezca vivir en la oscuridad…
En un impulso que estoy segura que le sorprendió tanto a él como a mi, Stanislav me arropó entre sus brazos y me dejó llorar para desahogar mi frustración. Lloré por algunos minutos y poco a poco fui recuperando el control de mí. Parecía que no solo el ir y venir de mis recuerdos estaba descontrolado, sino también mis emociones.
–Lo siento…. –dije medio avergonzada, dando un paso hacia atrás para romper el abrazo.
–Está bien, supongo que necesitabas descargarte.
No contesté, no sabía qué decir. De cierta forma, estaba avergonzada de que Stanislav hubiera sido testigo de mi pequeña crisis emocional.
Alargó su fría mano y con sus dedos limpió los rastros de mis lágrimas.
Esbocé una leve sonrisa de agradecimiento y a la vez, de disculpa.
–¿Qué sucede?
Apolo se apareció de pronto.
–Nada, sólo que…
–Que se golpeó y lloró. –Finalizó Stanislav por mi. –Parece que voy a tener que bajar un poco la intensidad de nuestros entrenamientos, a veces se me olvida que es una simple chica…
Lo miré extrañada, ¿por qué había inventado algo así? No había nada más sencillo de explicar que la verdad: que había recordado brevemente algo y que mis lágrimas habían sido por la frustración de no poder recordar a qué momento de mi vida pertenecía trozo de memoria. Stanislav debió notar mi reacción, pues me lanzó una mirada con un mensaje bastante claro: “Calla y sígueme el juego”.
–¿Y por eso no estás vestido? –Aunque le preguntó con ligereza, la mirada de Apolo era bastante inquisidora.
–Ah, esto. Tu novia desgarró una de mis camisetas favoritas con las dagas. –Pronunció alzando los hombros –Tiene talento para manejarlas, con un poco de práctica, creo que puede llegar a dominar perfectamente el ataque con ellas.
–Sí, mi prometida es asombrosa –me acercó a él con un brazo. Sus palabras dejaban bien en claro que me reclamaba con propiedad de él. Una especie de tensión se empezaba a instalar entre los dos. –Y más te convendría no olvidar que ella es mía… Tal vez a Heidi o a Renata tendrían algo qué decir sobre…
¿Heidi o Renata? ¿Y esas quienes eran?
–No tienen nada qué decir, nuestra relación no da para que reclamen nada. Además, no he olvidado que ella –dijo, señalándome con la cabeza –es asunto tuyo. Yo me limito a seguir órdenes de Aro.
Algo me dijo que sería buena intervenir y cambiar el rumbo de la conversación entre ellos.
–Apolo, ¿qué pasó anoche? No escuché cuando regresaste, imagino que llegaste tarde
Casi a regañadientes apartó la mirada de Stanislav para prestarme atención a mí. Me acercó más a él, sofocándome con su abrazo.
–Sí, regresé en la madrugada… No pasó mucho, realmente.
–¿Qué querían?
Un montón de lucecitas de colores empezaron a desfilar delante de mi, tal y como había sucedido la noche anterior en el estacionamiento del centro comercial. Y las escenas empezaron a reproducirse en mi cabeza mientras Apolo las iba narrando con su conversación.
–Venían a saludar y a contarnos de un problemilla que tienen, nada de importancia realmente.
Pude ver a dos hombres, o mejor dicho dos vampiros parados en el centro de un salón redondo, rodeado de otros pero vestidos con una especie de capa oscura. Hablaban sobre la desaparición de alguien de su… ¿familia?
–¿Qué problema? –pregunté
En esa visión, pude ver el rostro de los dos vampiros. Me sorprendió que no tuvieran los ojos rojos como el rostro, sino que fueran de un color dorado. Uno era moreno pero pálido, del tipo mediterráneo, con el pelo negro. El otro era alto, musculoso y con el cabello color miel, pero lo que me llamó la atención fueros las pequeñas cicatrices en forma de media luna que tenía por varias partes de su cuerpo.
–Eleazar y su amigo solicitaron la ayuda de la guardia para encontrar a alguien… No presté mucha atención sinceramente.
Eleazar y… yo conozco ese rostro. Lo he visto antes…Eleazar y…”
–Jasper –dije con un susurro suave.
–¿Cómo?
–Eran Eleazar y Jasper…. Apolo, yo los conozco, sólo que… ¡diablos! ¿De dónde?
–¿Cómo sabes qué eran ellos? –Apolo rodeó mis hombros con sus manos, presionándome más de lo necesario. Parecía que mis palabras lo inquietaban.
–Es que, lo vi –le dije, extrañada por su reacción.
–¿Lo viste? ¡Pero no estabas ahí! Ni siquiera estabas en Volterra….
–Lo vi en tu cabeza –me miró extrañado. Supuse que estaba sorprendido –Es que te toqué y de pronto, unas visiones o recuerdos tuyos no sé… Mira –puse mis manos en sus mejillas y le mostré lo que había visto segundos antes.
Apolo abrió los ojos como platos. Parecía bastante sorprendido por lo que yo era capaz de hacer y eso me sorprendió, pues si se suponía que íbamos a casarnos, era lógico que él supiera todo de mí, hasta la forma en que mi don trabajaba.
–Vaya, sabía que podías mostrar tus pensamientos a los demás con solo tocarlos, pero no esto…
–¿Qué quieres decir, Apolo? –intervino Stanislav –¿Hay algo que no conocíamos de ella?
–Al parecer, mi amada Atena tiene más secretos de los que creíamos. –Me miró con dureza –¿Desde cuando puedes hacer esto?
–¿Qué cosa? –dije nerviosa. Su mirar tan fijo en mi me ponía nerviosa, tanto que empezaba a sentirme mareada.
–Tocar a la gente y robar sus recuerdos. Aunque a decir verdad, lo que tomaste de mi mente a penas fue una fracción de lo que sucedió anoche, ¿cómo lo haces?
–No es a propósito, te lo juro –La habitación parecía dar vueltas a mi alrededor. –Sólo pasó, ni siquiera sabía que podía hacer eso… Apolo, quienes son ellos.
–Nadie que te preocupe, ¿entiendes? –Su ojos me miraban fijamente, como si de alguna manera se hubieran quedado enganchados a los míos. Yo no podía apartar la vista, a pesar de que lo intentaba. –Ellos no son nadie para ti, no significan nada para ti.
–Nadie para mi… nada para mi…
Me desvanecí en sus brazos, a pesar de que luché con todas mis fuerzas por no dejarme envolver en las penumbras.



–¿Te gusta el lugar? –dijo mientras me ayudaba a tomar asiento.
–Sí, es bonito… –miré rápidamente a mi alrededor. El restaurant estaba decorado con buen gusto y de forma acogedora. Dominaban los tonos crema, ocre y dorados, dándole un aspecto lujoso, pero no abrumador. –Gracias por invitarme.
–De nada, amor. Me habías dicho que querías salir un rato de la casa y quise darte gusto. Además, me preocupa que no te estés alimentando bien. Ya sé que aún no te atrae nuestra… “dieta tradicional”, así que por el momento, en lo que recuperas el apetito, tengo que asegurarme que te alimentas bien. Esos constantes desmayos tuyos no podemos tomarlos a la ligera.
–Estoy bien, de verdad. Stan dice que…
–Stanislav tiene años que no ejerce la medicina como tal. Dudo mucho que lo que aprendió en 1940 sirva de algo en la actualidad. Si no fuera por su don, dudo mucho que Jane se hubiera molestado en fijarse en él y atraerlo a la guardia.
–¿Jane fue quien lo contrató?
–Sí, aunque puedo asegurarte que no fue precisamente por razones profesionales –sonrió mientras el mesero se acercaba a nosotros y tomaba nuestra orden. Dejé que él pidiera por mí, pues no sentía particularmente predicción por un plato o por otro. Esperé a que el mesero se alejara para reanudar la conversación.
–¿Por qué dices que no lo contrató por razones profesionales?
–Mmm, bueno, siendo justos, el don de Stanislav es bastante impresionante, pero nuestra pequeña Jane se dejó llevar por fin por los instintos hormonales y no por el odio. Ella cree que nadie se da cuenta que desea a Stanislav.
¿La enana diabólica era capaz de sentir eso? ¡Pero si apenas tendría unos catorce años!
–Pero ella es muy pequeña…
–Corrección, aparenta ser apenas una adolescente, pero tiene más años que tú y yo en esta tierra. Sus instintos son tan fuertes como los de cualquiera de nuestra clase.
–¿Y Stanislav lo sabe?
–¿Qué Jane lo desea? ¡Claro! Y lo patético de todo esto es que a él no le importa, al contario, desde que está con nosotros, digamos que desfoga ciertas necesidades con Heidi o con Renata, o con cualquiera que esté dispuesta.
–Menos con Jane.
–Sí, menos con Jane. Y no lo culpo, es tan odiosa pero a la vez temible… Cualquiera estaría completamente loco si quisiera estar con ella. Por lo menos Alec no está tan demente.
–¿Alec?
–El hermano gemelo de Jane
–¿Tiene un hermano gemelo? ¿Pero cómo? O sea, ella es igual que nosotros…
–No, ella y Alec fueron “convertidos” por Aro a la edad que aparentan actualmente. Aro se lamenta de haberlo hecho de esa forma, pero no tenían otra salida si querían salvarlos. Una turba enfurecida descubrió lo que podían hacer y estaban dispuestos a quemarlos vivos, así que tuvieron que intervenir rápidamente para que sus dones no fueran desperdiciados.
–¿Ellos qué pueden hacer?
Apolo miró a nuestro alrededor, y notó que un hombre de una mesa cercana parecía interesado en nuestra conversación. Le dirigió una mirada dura con sus inquietantes ojos azules, obligando al fisgón a volver la mirada.
–Creo que eso será mejor contártelo después. No creo que este sea el momento adecuado para ello; además, esta noche los vamos a ver a todos, tal vez ahí puedas apreciar sus dones de propia mano.
Asentí con la cabeza.
La comida llegó y a pesar de que tenían un aspecto y un aroma exquisito, no bastó para despertar en mi del todo el apetito. Tomé un tenedor y mecánicamente empecé a comer mi plato de Fettuccine con pollo. Apolo había pedido una especie de filete pero estaba poco cocido, casi crudo a decir verdad.
–¿Y Stanislav? –pregunté de pronto
–¿Qué pasa con él?
–¿Tiene mucho tiempo con… con nosotros?
–Apenas unos dos años –dijo mientras le daba un largo trago a su copa de vino tinto.
–¿De dónde lo sacó Jane?
–Realmente no sé. Sólo que un día llegó a Volterra acompañada de él; descubrió que aparte de lo que puede hacer, también es un magnífico estratega de combate. Él se encarga de entrenar a la guardia en general.
–Pero él no es italiano, ¿verdad?
–No, él nació en lo que antes era Checoslovaquia. En Praga para ser más exacto… –Apolo me miró fijamente antes de hacerme una pregunta –¿Por qué te interesa saber de Stanislav?
–Bueno… –titubeé nerviosa mientras me llevaba un buen trozo de comida a mi boca. Apolo esperó a que tragara, esperando mi respuesta –Es curiosidad. Como es una especie de niñera-guardaespaldas para mí, es lógico que sienta curiosidad sobre él; sobre todo, porque salvo a Jane, es el único de los nuestros que ha estado en casa con nosotros.
Por su cara, no estuve muy segura si mi respuesta le había convencido del todo.
–Además, tengo curiosidad por qué están agrio de carácter. A veces raya en lo grosero
–¿Te ha molestado? Puedo hablar con Aro para que le ordene que nos deje solos.
–¡No! ¡No! –dije con demasiada intensidad –A veces es medio arrogante, pero en cierta forma, me divierte hacerlo renegar. Además, no creo que a estas alturas encontremos a alguien más que pueda ayudarme con lo del entrenamiento, sobre todo con esta… lucha tan cerca.
Mis palabras parecieron tranquilizarlo un poco.
–¿No te cae bien? –proseguí, tratando de darle un tono ligero a mi voz
–Sinceramente, no. Y creo que es mutuo, pero no me importa.
–¿Por qué?
–Es demasiado arrogante para su propio bien, y yo, bueno, digamos que no me dejo avasallar ni impresionar fácilmente. –volvió a beber de su copa, hasta dejarla vacía y volver a rellenarla con el vino. ¿Tendría problemas con la bebida? Me pregunté de pronto, pues su forma de beber era bastante inquietante. –Pero olvidémonos del payaso de Stanislav y concentrémonos en nosotros –tomó mi mano entre las suyas a través de la mesa –¿Qué te parece si nos casamos la próxima semana?
Le estaba dando un trago a mi copa con agua y al escucharlo estuve a punto de escupir de la impresión.
–¿La próxima semana? Yo…
–Sí, creo que sería buena idea casarnos antes de ir a… bueno, ya sabes.
–Pero es demasiado pronto y no me da tiempo de nada… Además, ya habíamos hablado de aplazar la boda un tiempo, ¿qué no?
–No, me dijiste lo que pensabas, pero jamás accedí a cambiar nuestros planes.
–Apolo…
–¿Sí, Atena? –dijo arqueando una ceja
–¿Por favor?
–No pienso cambiar de idea. Quiero que seas mía completamente, quiero que todos, absolutamente todos lo sepan.
Sentí que el aire me empezaba a faltar. ¿Yo casada con Apolo? La sola idea hacía que mis nervios se crisparan.
–Pero es que… –mi mente empezaba a trabajar de forma desesperada –Yo quiero una boda por todo lo alto, con un hermoso vestido de princesa, la iglesia llena de flores y una carroza tirada por caballos.
–No creo que eso sea posible a menos de que lo hagas de noche. De otro modo, los invitados podrían causar un accidente vial si les da el sol.
–¿Cómo? Pero si a nosotros no nos ha pasado nada… –eran más o menos las dos de la tarde y el día era bastante soleado. Ni Apolo ni yo habíamos sufrido algún daño al recibir los rayos del sol en nuestros cuerpos
–Sí, pero nosotros somos en parte humanos. Los demás, bueno… digamos que brillan demasiado al sol.
–Creo que no te sigo…
–Más que explicarlo, tendrías que verlo alguna vez. Podrías decirle a tu niñero que te lo muestre… Pero volviendo a lo de nuestra boda, ¿qué dices?
–Que una semana no es suficiente para arregla la boda como yo quiero –parecía que iba a poner objeciones, así que seguí hablando para no dejar que él lo hiciera –Pienso casarme sólo una vez en la vida, así que quiero que todo sea perfecto, ¿no puedes complacerme en eso? Vamos a estar juntos para siempre, somos almas gemelas, eres lo mejor que podría haberme pasado, ¿no? –ok, estaba exagerando y mintiendo como poseída, pero eso era lo de menos si lograba retrasar la dichosa boda. –Te propongo algo: nos casamos en cuanto regresemos de… de visitar a los Cullen, ¿si? Así podré planear mi boda con calma, quiero que todo salga perfecto, tan perfecto como tú.
–Está bien –Apolo tomó mi mano izquierda y me besó en los nudillos –Haces conmigo lo que quieres, ¿lo sabes?
Sonreí y le di otro trago al vaso de agua. Dudaba mucho que yo fuera capaz de hacer mi voluntad con él, como decía.
Terminamos de comer hablando de tontería insustanciales. Justo cuando nos empezábamos a retirar del restaurante, los acordes de una canción empezaron a sonar por todo el lugar.
Al fondo, había un pequeño piano, que estaba siendo tocado por un hombrecito de mediana edad, con una enorme barriga y un rostro bonachón. Pero no era él quien había llamado mi atención, sino la canción.
–¿Qué sucede? –preguntó Apolo al notar que me había detenido.
–Nada, sólo que esa canción me gusta… –sí, estaba segura de ello.
–¿Sí? No creo haberla escuchado antes. Será mejor que regresemos a casa para que te prepares para nuestro viaje a Volterra.
–¿Podemos esperar a que termine? Te prometo que en cuanto termine la canción nos vamos.
Apolo accedió y nos paramos junto a la barra del restaurant, donde mientras él pedía un martini en las rocas, yo tomaba asiento en una de las butacas.
A mi mente vino la imagen de un hombre de hermosas facciones sentado frente a un piano blanco. Parecía un ángel, sentado ahí mientras a su lado una mujer, igual de bella lo miraba embelesada mientras el ángel tocaba con destreza la canción que en ese instante el hombrecito del restaurante interpretaba. Había sido apenas un flashazo, pero lo suficiente para llenarme de nostalgia y anhelo, aunque no sabía bien a qué se debía esa sensación de anhelo.
Los últimos acordes de la melodía resonaron en el lugar; con tristeza, reconocí que había llegado el momento de regresar a casa.
–¿Lista?
–Sí. Y gracias por dejar que nos quedáramos hasta que se terminó “Clair de Lune
–¿”Clair de Lune”?
–Sí, así se llama la melodía.
–¿Cómo lo sabes?
–Simplemente lo sé –me encogí de hombros –Supongo que ya la había escuchado antes… En fin, vámonos a casa, todavía tengo qué decidir que usar esta noche.
Empecé a caminar hacia la puerta, decidida a fingir naturalidad, cuando en realidad el recuerdo de ese par de seres de rostro angelical me había dejado bastante inquieta. ¿Quiénes eran? Mi instinto me previno de contarle a Apolo sobre ese pequeño recuerdo, pues empezaba a darme cuenta de algo; tal vez fuera mera casualidad, tal vez me estaba volviendo un poquito paranoica, pero lo cierto era que cada vez que algún recuerdo venía a mi y Apolo estaba cerca, terminaba por perder el conocimiento o quedar lo bastante aturdida como para estar segura de qué era lo que realmente había recordado. No estaba muy segura qué podía significar eso, pero por lo pronto, tenía que andarme con cuidado si quería recuperar mi vida de una vez por todas.

13 comentarios:

  1. primeraaaaaaaa!!!weno esto cad vez mejor ehh!!me gusta k ya valla recordando mas cosas y k no se lo diga a aapolo k malo k es !!!sigue asi d bien!!!

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  2. segundaaaa! buueno esta pero que muy bien me alegra qe recuerde...pero k pasara conm stalisvan ? muaaajajaj kiieroo el sihguiiennteee
    kiiero k se rencuentren ya!
    un besso desde españaaaa

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  3. nenaa !
    supeeer geniaaal el capituloo
    qe bnoo qe renesmee se absyenga de platicarle a apoloo !!
    no sabees como me encanta la historiaa !!
    nononono enserio qe esta de lo mejoor
    hechale ganaas ! qe estes muuy bn ;D

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  4. Gracias por el capi sigue escribiendo asi, estoy bien intrigada en que pasara, ay que bueno que ya se esta dando cuenta de que no le debe contar nada a Apolo.... Ay espero con mucho gusto el siguiente capi

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  5. Muchas gracias por subir el capi, uh ay ya quiero saber lo que pasara, sigue escribiendo asi!!!

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  6. esta estupenda la historia ya quiero saber que mas pasa pero sere pasiente telo prometo sale eres estupenda

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  7. Stan ya me esta cayendo bien creo ke el ayudara a nessie con todo esto, y me dio gusto ver ke renesme este viendo ke apolo no es tan bueno como kiere aparentar
    kiero leer mas!!!
    buen capitulo!

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  8. Excelente como siempre.
    Me encanta Stan, creo sera un proximo Cullen, jeje...
    Me encanto como reacciono Atena con lo de los perros...
    Me encanta lo qeu estas haciendo con los personajes...
    Espero el resultado de tu proximo rato de insomnio....
    Suerte!!

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  9. Como siempre, un excelente capitulo, muchas gracias!

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  10. ay genial ,, me gusta stan,,, es ese personaje super interezante super gruñon con esos chispasos de misericordia,, lo maximo ,, super sexy,, genialll ,,

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  11. Estoy con Aghata_uk yo creo (y quiero) q estan proximamente sera un Cullen

    Me encantó el capitulo ^^

    besos!!!

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  12. cada vez mas interesanta..quiero el encuentro con los cullen y la manadaaaa =D muchas gracias de nuevoo. espero el siguientee ansiosaa!. besos desde españaa!

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  13. me encanta tu nove!!! esta buenisima, de todas las que lei es mi favorita, cada capitulo es mas interesante que el anterior.
    tienes talento para escribir te lo digo en serio.
    sigue asi

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