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Disclaimer

Nombres y personajes de esta historia son propiedad de Stephanie Meyer (menos los que no salieron en la saga original). Lo único mio es la historia que va uniendo a tan maravillosos personajes.
Esto es un homenaje a una de mis sagas favoritas, sin fines de lucro, por mera distracción.

sábado, 7 de marzo de 2009

PROPUESTA



Sabía que una simple caminata no me iba a ayudar, así que a pesar de mis botas poco apropiadas para eso, empecé a correr adentrándome al bosque más y más. Había dos cosas que me relajaban siempre que estaba molesta, una era tocar el piano y la otra correr tan rápido como pudiera. La idea del piano estaba descartada, pues el único piano a la mano era el que estaba en la casa de los Cullen, así que opté por correr hasta el claro de siempre.
Me propuse no pensar en nada, poner mi mente en blanco durante el recorrido. Quería librarme del malestar, y si mi mente no dejaba de repasar una y otra vez lo sucedido en las últimas 24 horas, dudaba que ese malestar remitiera.
Me detuve a mitad del claro, cerré los ojos y dejé que mis sentidos se inundaran con los olores del bosque, con sus sonidos y a la vez, con su silencio.
–Hola, extraña.
Sonreí al reconocer la voz de inmediato. Awka.
Me giré para verlo de frente, dedicándole una ligera sonrisa.
–Hola, extraño. Te podría decir que me sorprende verte por aquí, pero no creo que aplique, porque tú siempre te apareces de improviso y cuando menos me lo espero.
Awka sonrió divertido.
–Mmm tienes razón… ¿tuviste problemas el viernes con tu novio por mi aparición por la feria?
–No es mi novio –dije torciendo el gesto –Y ¿qué es lo que entiendes por problemas?
–¿Tan serio es como para que en tu cumpleaños estés tan triste?
No supe si me sorprendió más su aguda observación o el hecho de que recordara que era mi cumpleaños. Dejé clavada mi mirada en su pulcra camisa blanca durante varios segundos antes de contestar.
–No te lo podrías imaginar… Es una verdadera pesadilla.
–¿Quieres hablar de ello?
Algo que me gustaba de los pocos encuentros que había tenido con Awka era el hecho de que nunca buscaba invadir mi espacio personal. No buscaba darme un abrazo o una palmadita de consolación, pero aún así, con la cierta distancia física que había entre nosotros, me sentía cercana a él, reconfortada. Tal vez era por el hecho de ser de la misma especie, por ser parte de lo mismo, pero había algo que me hacía sentir cómoda con él. Algo que me atraía a compartir mis cosas con él.
–Resulta que al final, la que creía mi familia me odia. –dije mientras me llevaba las manos al rostro en un gesto de hastío. –Tú y yo no somos tan diferentes… todo lo que te dije de sobre la suerte de tener una familia que me amaba desde el principio, de que no había secretos entre nosotros, todo eso era una completa mentira.
–¿Qué quieres decir?
–Que anoche me enteré de la verdad, que desde un principio trataron de matarme, trataron a toda costa de que yo no naciera… Y aquellos que parecía que sí me aceptaban, lo hacían por puras razones egoístas.
–¿podrías contarme qué fue lo que exactamente sucedió?
Empecé a contarle lo ocurrido el día anterior, desde que mi familia apareció de improviso en la casa hasta el momento en que Emmett prácticamente me metió a rastras en el Viper. Todo, absolutamente todo con lujo de detalle. Bueno, hubo dos cosas que me reservé: el hecho de que el abuelo Charlie podía saber demasiado y que gracias a mi don era como me había enterado de la verdad. Lo de “bajar” pensamientos lo cambié por escuchar un par de conversaciones de manera accidental. ¿Por qué no le dije lo de mi don? Porque algo me previno de hacerlo, tal vez fuera mi instinto de supervivencia que a raíz de los últimos acontecimientos parecía haberse desarrollado al triple.
–Y eso fue lo que paso… –dije al terminar de relatarle la historia –Así que ya ves, mi familia también trató de darme cacería, tal y como sucedió contigo…
–Lo siento mucho, Renesmee. De verdad que entiendo cómo te sientes, pues el rechazo de la familia no es algo que se pueda superar; aún cuando yo era un bebé y escapé por los pelos de una muerte segura, aún así, una parte de mi anhelaba vehementemente que mis abuelos me aceptaran, que me amaran tal y como mi madre lo habría hecho de estar viva. Pero tú no has visto algo, no te has detenido a pensar en algo fundamental.
–¿El qué?
–Que ellos te dieron una oportunidad. Por el motivo que haya sido, aún cuando parezcan los más egoístas, te dieron una oportunidad, te acogieron, te cuidaron… Eso habla bien de ellos, ¿no es así?
Odiaba que sus palabras tuvieran sentido.
–Si, pero… ¿qué hago con lo que siento? Aún cuando trato de que mi mente entienda eso, no puedo evitar sentirme enervada, furiosa y con ganas de desquitarme…
–Te entiendo a la perfección. Tengo más tiempo que tú transitando por este mundo y he ido aprendiendo a conocer a la gente y saber de primera mano todo aquello que nos pueden hacer sentir, para bien o para mal. Tal vez la diferencia entre lo que nos ha pasado es que yo desde un principio supe del odio que mi propia sangre sentía por mi, en cambio tú, lo haces apenas ahora, cuando ya alcanzaste el máximo de tu madurez física. Por eso cuesta más lidiar con los sentimientos.
–Te juro que duele en carne viva. Mamá y papá siempre fueron mis ídolos, los tenía puestos en un altar; no había mujer más bella, inteligente e interesante en este mundo que Bella. Edward era mi superhéroe particular, no había nadie más perfecto, más hermoso, más valiente. Él era capaz de hacer todo, nada lo podía detener… Y luego, Jacob… me destrozó el corazón.
–Dicen que si no te han roto el corazón una vez en la vida, entonces no has vivido.
–¿Te ha pasado?
–Hace tiempo…
–¿Y qué pasó?
–Tuve qué aprender a vivir con ello. Es parte del proceso de nuestra existencia, aprender dejar a ir a las personas, porque no pueden estar con nosotros para siempre.
Guardamos silencio un buen rato. Cada quien sumidos en sus propias cavilaciones.
–Aunque para serte sincero –dijo de pronto, rompiendo el silencio –no puedo evitar sentir cierta tranquilidad porque ya no estés más con ese hijo de la luna…
Fruncí el ceño, no entendiendo a dónde quería llegar.
–Ellos son nuestros enemigos naturales, es algo que no se puede evitar. Al verte con él, bueno, de alguna manera me ponía nervioso, sentía que de algún modo o de otro terminaría haciéndote daño. Y no me equivoqué del todo…
–Jacob no es un hombre-lobo en si…
–¿No? –dijo escéptico –Entonces la otra noche, cuando por error te perseguí en el bosque, ¿qué era? ¿un tierno osito de felpa?
–No, es que… en sí, Jacob es un metamorfo. Es algo que viene con el hecho de ser parte de los Quileutes, digamos que lo de convertirse en lobo es algo mero fortuito.
–Pero aún así, los quileutes son nuestros enemigos. A pesar del tratado.
–¿Cómo sabes eso?
–Nahuel, y también investigué un poco por ahí. Recuerda que te dije que tenía mucha curiosidad acerca de ti y de los Cullen. Me resultan fascinantes.
–Oh, cierto, eres un admirador de la familia Cullen. Lástima que ya no puedo decirte que te podría conseguir sus autógrafos si quieres –dije con sorna.
–¿Definitivamente piensas cortar con ellos toda relación? ¿No les vas a dar la oportunidad de aclarar las cosas? Creo que eso es lo menos que les debes.
–No sé… no puedo pensar con claridad en estos momentos. Creo que necesito poner distancia de por medio y meditar bien las cosas. Dudo que en estos momentos tenga algún sentimiento positivo en todo mi cuerpo.
–Me habías dicho que pensabas vivir un tiempo sola, aquí en Forks, ¿sigue en pié el plan? Tal vez te ayude a aclarar tu mente.
–Sí, más que nunca necesito alejarme de ellos… pero no me pienso quedar en Forks, duele estar aquí.
–¿Entonces?
–No sé… no tengo nada todavía en claro. Cualquier ciudad me vendría bien, mientras esté lejos de aquí. Tal vez Europa sea una buena idea.
–¿Por qué no vienes conmigo? –pronunció casi en un susurro. Lo miré recelosamente, pues Awka nunca me había dado la impresión de estar interesado en mi de esa manera –No, no lo tomes a mal. Sólo que yo me marcho de Forks en dos días, regreso a casa.
–¿te vas? Pensé que querías conocer a la familia…
–Me hubiera gustado en otras circunstancias. Creo que en esos momentos no están precisamente como para visitar inesperadas… Entonces, ¿qué dices? ¿Vienes conmigo?
–Pe-pe-pero… –me puse nerviosa, su propuesta me tomó por sorpresa.
–Deja explicarme mejor, no quiero que me malinterpretes. Sólo te ofrezco que vengas a conocer a mis hermanas. Tal vez estar cerca de tu propia especie te sirva de algo; puedes quedarte con nosotros el tiempo que quieras, ya sea un día o un año, no importa. Y si te cansas de unos pocos semi-vampiros de la selva, siempre puedes ir a Rio; es una ciudad enorme y bastante lejos de aquí. Dices que quieres vivir sola y por tu cuenta un tiempo, y Rio de Janeiro es una ciudad maravillosa para ello.
¿Podría irme a Brasil un tiempo? Tal vez. Estaba lo bastante lejos y el clima era diametralmente opuesto al que estaba acostumbrada a vivir. Ya no habría más días nublados y fríos, tal vez los días calurosos y soleados fueran buenos para mi maltrecho corazón. Aunque apenas conocía a Awka y sería bastante estúpido de mi parte irme así de fácil con un extraño; lo miré detenidamente, clavando mi mirada en sus cristalinos ojos azules. Pero no pude encontrar ni una señal de alarma o el atisbo de un oscuro secreto. Parecía que Awka era tal cual lo veías y lo percibías.
–¿Qué dices, Renesmee? ¿Te gustaría ir conmigo?
Quería decir que sí, pero también tenía que pensarlo bien. No era como que me iba a mudar a la casa de enseguida. Significaba irme varios miles de kilómetros, al otro lado del hemisferio, con un idioma del que apenas sabía unas cuantas frases. Recordé a la tía Zafrina y su aquelarre; estando allá podría visitarlas y tal vez ellas me ayudaran a aclarar mi mente.
Sabía que Awka aguardaba mi respuesta.
–¿Puedo pensarlo un poco? Por favor…
–Claro, pero recuerda que me marcho en dos días.
–Prometo darte una respuesta pronto.
–Y yo creo que vas a terminar viniendo conmigo
Sonreí al escuchar la nota de confianza en su voz.
–Yo también lo creo… Voy a tener que conseguirme un buen par de bikinis, porque dicen que Brasil tiene las mejores playas.
Recordé el episodio de mi bikini azul, cuando fui a La Push y otra vez la tristeza me ganó. Tal vez lo de mi familia tuviera arreglo, con el tiempo. Pero el dolor que Jacob Black me había provocado, de ese no creía recuperarme jamás.
Sentí el impulso de abrazarlo, agradecerle que se hubiera tomado el tiempo de escucharme sin juzgarme, de desahogarme, de comprenderme mejor que nadie. Y lo hice, lo abracé y pude sentir que mi gesto lo sorprendió, pero aún así me regresó el abrazo. Me sorprendió lo bien que olía, como a maderas, a naturaleza.
–¿No se supone que yo debería darte el abrazo por tu cumpleaños? –dijo divertido
–Tal vez, pero esta es mi manera de darte las gracias.
–¿Por qué, pequeña malen túten?
–Por escucharme, por invitarme a conocer tu familia, por estar aquí. –me liberé del abrazo, pero seguí sosteniendo sus manos en las mías –Creo que es hora de regresar a casa del abuelo Charlie. Prometí no tardar mucho, no quiero que se preocupe por mí.
–Tienes razón… ¿Cuándo me dirás tu respuesta?
–Pronto, lo prometo. –de pronto algo se me vino a la mente. Algo en lo que no había pensado –¿Dónde te estás quedando? Podría llamarte o buscarte ahí.
–Estoy en un hotel de Seattle. Sólo que no recuerdo el nombre; prácticamente sólo lo uso para dormir y bañarme ahí.
–¿Estás solo? –recordé que el día de la feria, Jacob y Sam habían mencionado que habían percibido la presencia de otros aparte de Awka. Había dado por sentado que él estaría solo, tal vez había venido con algún amigo o con alguna de sus hermanas.
–Sí, completamente sólo –a pesar de que lo dijo con seguridad, algo en sus ojos me indicó que había algo más. O tal vez, con tantos secretos y medias verdades que había descubierto recientemente, me estaba poniendo demasiado paranoica. –¿Por qué la pregunta?
–Mmm, curiosidad, nada más…Entonces, ¿cómo puedo comunicarme contigo?
–Tengo cosas que hacer antes de mi viaje a casa, así que no creo poder venir antes de partir.
–¿Entonces?
–¿Qué te parece si dentro de dos días, nos vemos aquí? Ya sea para que vengas conmigo como para decirnos adiós. Te espero aquí, como a eso de las siete de la noche, ¿qué te parece? Justo cuando el sol se ha metido, pero antes de que tus amigos lobunos se les ocurra salir a cazarme.
–Está bien, en dos días nos vemos justo aquí… y ahora sí, ya me voy. Se me hace tarde.
–Te estaré esperando, malen túten.
Le dije adiós con la mano, me di media vuelta y empecé a correr de regreso a casa del abuelo. Por primera vez en horas, mi cabeza tenía otra idea en mente. A medida que lo pensaba una y otra vez, encontraba más y más atractiva la idea de conocer al resto de la familia de Awka y Nahuel.
El trayecto de regreso me pareció más corto, pero me alegré al ver la familiar casa del abuelo Swan. Las botas negras de tacón stiletto no estaban hechas para largas carreras, mis cansados pies eran prueba de ello.
Entré por la puerta trasera de la cocina y mientras la cerraba con una mano, con la otra trataba de quitarme los incómodos zapatos. De pronto supe que el abuelo Charlie no estaba solo, un aroma conocido se mezclaba con el de la casa.
Algo renuente decidí hacerle frente a la visita, así que me dirigí con paso decidido a la sala, donde seguramente encontraría al abuelo Charlie tratando de ser un perfecto anfitrión con ella.
Al verme llegar a la habitación, ambos se pusieron de pie.
–Nessie…
La voz de la abuela Esme sonó en un triste susurro.
–Tu abuela vino a verte. –Sabía que a Charlie le incomodaban los dramas emocionales, y por su gesto, era obvio que esperaba uno de ese encuentro.
Contemplé el siempre dulce y sereno rostro de Esme Cullen, la gran figura materna de la familia. A pesar de ser un vampiro, era imposible pensar en Esme como un monstruo, siempre tan dulce, siempre tan de aspecto frágil y amable. Por primera vez empecé a sentir verdadero remordimiento sobre algunas cosas que había dicho la noche anterior.
–Vine a ver cómo estas, nena. Estamos muy preocupados por ti.
–¿Sí? –dije algo sarcástica, pero al ver la mirada de dolor que me dedicó, me arrepentí en el acto.
–Sí. Sé que te cuesta creerlo en estos momentos, pero te amamos y nos duele lo que estás sufriendo. –Hizo un amago de acercarse a mi, pero no se si el recuerdo de mi comportamiento de la noche anterior, o lo que le hubieran podido contar Edward y compañía sobre mis acciones de la madrugada, pero algo la hizo detenerse. Y me sentí mal, realmente mal de que mi abuela tuviera miedo de acercarse a mí.
–Abuela… –respiré profundo para mantener a raya mis emociones –Yo… no tienes idea de lo que siento…
El “abuela” la emocionó, pude notarlo. Comprendió que ella seguía siendo para mí parte de mi familia; vio que mi rechazo inicial a todos los Cullen, al final no la había alcanzado a ella.
–Nena… –ahora sí avanzó hacia mi y me estrechó entre sus brazos, como lo había hecho miles de veces durante esos años –Tienes que hablar con tus padres, con tus tíos y con el abuelo Carlisle. Todos la estamos pasando mal, no podemos permitir que esto destruya a nuestra familia.
–No se si pueda, no creo poder… Va más allá de mis fuerzas. El dolor me está carcomiendo junto con el resentimiento. No tienes idea de cuánto, cuánto me está destrozando.
–Lo sé, créeme. Porque es el mismo dolor que hay en tu madre y en tu padre –torcí el gesto al escuchar nombrarles –Porque pase lo que pase, a pesar de lo sucedido, ellos siguen y seguirán siendo tus padres siempre.
–Nessie, tu abuela tiene razón; tienes que hablar con ellos y solucionar las cosas. Nuestra familia no merece un final así.
Me solté del abrazo de la abuela, miré su rostro y después al del abuelo Charlie. Ellos también lo estaban pasando mal, tal vez a menor intensidad que yo, pero vi el atisbo de tristeza en sus ojos, tan distintos entre sí, pero tan iguales en su carga emocional.
–Abuelita, abuelito… No puedo prometer nada, ¿está bien? No puedo prometerles hacer algo que ahorita se me antoja más allá de mis fuerzas.
–Trata, cariño, por favor. Tu madre está destrozada…
No es la única
–Abuela…
–¿Podrías por lo menos venir mañana a casa? –Empecé a mover la cabeza en señal de negación –El abuelo Carlisle quiere hablar contigo, quiere explicarte algunas cosas…
–¿Qué? ¿Qué quería hacerle un aborto a mi madre y ponerme a mí en un frasquito con formol para luego estudiarme detenidamente? –no pude evitar sonar más ruda de lo que pretendía y mis palabras ensombrecieron el semblante de la abuela. –Lo siento, abuela…
–No, está bien. Es lo que tú sientes en estos momentos y tienes todo el derecho; pero déjalos explicarse. Verás que la historia va más allá de lo que tu pudiste… entender –parecía que la abuela estuvo a punto de decir “pudiste ver”, pero se detuvo al recordar la presencia del abuelo Charlie.
–Hagamos un trato, ¿quieres? –Puse los ojos en blanco, pero la abuela no abandonó el tema –Ve mañana a casa y trata de escucharnos; si no puedes, si sientes que va más allá de ti, puedes irte. Pero danos una oportunidad, date una oportunidad de enmendar las cosas. Te conozco, cariño, y sé que toda tu vida te reprocharás no haberlo intentado. La vida es impredecible y aún aquello que siempre daremos por sentado, puede desaparecer definitivamente; no dejes que se desvanezcan aquellos que te aman sin luchar. –la abuela esperó una reacción, una palabra de mi parte, pero yo me sentía incapaz de hacer o decir algo –Además, supongo que no tienes más ropa que ponerte –indicó con un ligero gesto de su cabeza hacia mi atuendo –Puedes recoger aquello que necesites de tu cuarto, pero preferiría que regresaras definitivamente a casa.
No pude sonreír ante la mención de mi ropa. La abuela sabía que adoraba mi guardarropa, mi colección de zapatos y bolsos, y trató de usarlos como cebo. Sólo que mi ánimo no estaba para superficialidades capitalistas.
–Está bien… mañana iré a recoger un par de cosas, pero no puedo prometerte mucho. Trataré de… bueno, me entiendes.
El rostro de la abuela se relajó un poco.
–¿A qué hora vendrás?
–No sé, todo depende de cuánto tarde en lavar y secar mi ropa. Como bien has dicho, no tengo mucho qué ponerme.
La abuela se quedó otro rato más; el abuelo Charlie encargó unas pizzas para cenar y la abuela Esme, siempre tan correcta y considerada con los sentimientos de los demás, se vio obligada a aceptar la invitación y comerse un trozo de pizza. Me lamenté por ella, porque sabía que le sabría poco menos que a tierra y ceniza, pero la abuela era capaz de tolerar eso con tal de no mostrarse grosera con el abuelo Charlie.
El abuelo y yo la acompañamos hasta su automóvil, un Mercedes último modelo que la familia le habíamos obsequiado en el último día de las madres, lo sabía porque yo había escogido el color gris plata.
–Te espero mañana, nena.
–Esta bien… y, abuela –dije de pronto– perdón por lastimarte así. No te lo mereces y no debí hacerlo.
–No importa, nena –atrapó mi rostro entre sus manos y me besó en la frente. Después me soltó –Recuerda que siempre te amaré, pase lo que pase. ¡Ah! –Algo pareció recordar –Tal vez mañana Emmett no se porte de lo más amable contigo.
–Sí, imagino que echarle a perder la tapicería de su amado Viper no sea algo que pueda tomar a la ligera –sonreí al imaginar el berrinche de Emmett al tratar de limpiar mi desastre de la noche anterior.
–Pero al final, te perdonará. Eres su sobrina favorita... En fin, es hora de marcharme. Feliz cumpleaños, Nessie.
¿De verdad que no veían lo irónico de estarme deseando un “feliz cumpleaños”?
La abuela se despidió de Charlie antes de entrar en el auto y alejarse calle abajo. El abuelo y yo no entramos sino hasta que las luces traseras del Mercedes eran a penas dos puntitos luminosos a la distancia.
Ayudé a recoger el resto de la cena, lavé los platos y después de desearle las buenas noches al abuelo Charlie, me encaminé escaleras arriba hacia la habitación.
Al llegar ahí, ni siquiera me digné en encender la luz, pues mis ojos podían ver a través de la oscuridad. Me acerqué a la ventana y saqué medio cuerpo por ella para llenar mis pulmones de aire puro. Miré a la luna, deseando saber si algún día mi vida volvería a ser como antes; pero la luna no me contestó, y mi tristeza se agudizó.
De pronto, un aullido rompió el silencio de la noche y casi podría jurar que al final de la calle estaba la enorme figura de un lobo. Un lobo cuyo aullido era un eco de mi dolor.

5 comentarios:

  1. awwwwww...... q lindo este capitulo........! la ultima parte es tan tan.... aii no se.. pobre nessie... pobre jake....abuuu....

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  2. muy bueno esta genial sige porfa no te tardes mucho

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  3. Eres increible!! Ya lo sabes, te ruego nunca tomes pastillas para tu insomnio, Lo amo!! jeje...
    Y porfis tomate el tiempo necesario para el proximo capitulo, pero porfis que no sea mucho, jeje...

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  4. estoi segurisima de q awka es malisimoo me da mal roollo xD siegue escribieendoo xfaa por millonesima vez te digo q me encantaa tu historiaa..besos de españaa

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  5. pobre de todos.. pliss que nessie sienta remordimiento y los escuche y que escuche a jake

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