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Disclaimer

Nombres y personajes de esta historia son propiedad de Stephanie Meyer (menos los que no salieron en la saga original). Lo único mio es la historia que va uniendo a tan maravillosos personajes.
Esto es un homenaje a una de mis sagas favoritas, sin fines de lucro, por mera distracción.

domingo, 8 de febrero de 2009

LAS PACES

Sabía que si me reía, Jacob se pondría más furioso si era posible, pero era un esfuerzo titánico no estallar en carcajadas. Mi enojo inicial se había evaporado por completo, pero parecía que para Jake no aplicaba el caso. Casi podía ver cómo salía humo de cada poro de su piel, y en otro caso jamás me parecería divertido verlo así, pero ¡vamos! enojarse por mi bikini, no era para tanto, ¿verdad?
De buena gana, me hubiera ido así, con mi diminuta vestimenta hasta la casa de los Black, donde seguramente el abuelo me estaría esperando, pero imaginé que seria demasiado tanto para el abuelo como para Billy Black, pero ¡qué demonios! era bastante divertido provocar un poco de caos en el mundo de Jacob Black.
Éste no me dirigió ni una palabra mientras nos enfilábamos hacia donde se habían quedado los demás. Al llegar ahí, todavía estaban Seth y Embry, que estaban demasiado entretenidos con un par de rubias (que a mi parecer, estaban demasiado operadas y excesivamente teñidas), quienes los miraban como si fueran sendos trozos de carne.
–¡Nessie! –el primero en verme y saludarme fue Embry –Así que regresaste de una sola pieza –sonaba bastante divertido mientras le dirigía una mirada burlona a Jacob. Podría imaginarme el por qué de la burla: lo más seguro es que Jake estuviera a punto de organizar un escuadrón de “búsqueda y rescate” si no me hubiera encontrado pronto.
–Así es –si ya estaba causando destrozos, un par más no harían la diferencia, así que toda la coquetería que pude, giré sobre mi propio eje para mostrarles que había regresado sin un rasguño.
–Recoge tus cosas, Renesmee –si Jacob seguía frunciendo el ceño de esa manera, tendría arrugas muy pronto –Es hora de irnos.
–Bueno… –Seth interrumpió –Jake, viejo, Embry y yo nos vamos a quedar un rato más…. Ellas son Britney y Britanny –yo les dije “hola” mientras agitaba la mano en señal de saludo. Jacob se limitó a asentir ligeramente la cabeza sin pronunciar palabra alguna –Embry y yo nos ofrecimos a enseñarles los alrededores de la reserva…
–Ok… ¿Y Leah y Quil?
–Leah se llevó a los niños porque estaban muy cansados y Mary ya se había dormido en sus brazos. Claire decidió que ya había tenido suficiente de la playa, así prácticamente le ordenó a Quil que la llevara a otra parte más divertida. –Por el tono de voz de Embry, imaginé que al igual que yo, tampoco podía entender por qué Quil se portaba como si fuera poco menos que el esclavo de la pequeña tirana llamada Claire.
Mientras hablaban, yo me había puesto ya la ropa que había dejado perfectamente doblada a un lado de una de las hieleras. Me acomodé bien mi blusón y me despedí con un ligero beso en la mejilla de Seth y Embry. Les dije adiós con la mano a las “muñequitas de plástico” que se habían ligado aquel par y emprendí mi marcha de regreso a la casa de los Black.
Jacob no hizo el menor esfuerzo de tomarme la mano o de hablarme siquiera. Si pensaba que le iba a ofrecer una disculpa, se podía ir buscando una silla para no cansarse de esperar, porque eso no iba a pasar. El jueguito de “La Ley de Hielo” era algo que también yo podía jugar, y cuando jugaba lo hacía para ganar.
En esta ocasión, se me hizo más corto el trayecto de regreso, tal vez porque íbamos más a prisa y porque en esta ocasión Jacob no iba mostrándome y describiéndome todo aquello que encontrábamos a nuestro paso.
Al llegar a la casa, nos encontramos con el abuelo y Billy sentados en el porche, cada uno con una sonrisa y una cerveza en la mano. Ambos se veían realmente relajados.
–¡Nessie! ¡Jacob! Pensé que iban a regresar más tarde –mi abuelo se mostró realmente sorprendido, realmente no esperaba verme todavía de regreso. Así que eso de que el abuelo ya me quería de regreso no había sido más que una treta de Jacob. –Apenas son las 5 de la tarde, ¿ya quieres regresar a casa, querida? –me lo dijo con unos ojos algo tristes, como los de un cachorrito al que le niegas que siga mordiendo tu par de zapatos favorito.
–No, abuelo, al contrario. ¡Me la estoy pasando súper! –Tal vez mi voz sonó un poquito más irónica de lo que hubiera deseado.
–Me alegro que te guste nuestra tierra, Nessie –Billy lo dijo con orgullo. –Imagino que no habrá problemas para que acepten quedarse a la cena. Sue Clearwater va a preparar algo del pescado que trajimos e invitamos al resto de los chicos: Jared, Paul y mi hija Rachel, Leah, Quil. Incluso Sam decidió acompañarnos un rato con sus pequeños. A los únicos que nos falta avisarles es a Seth y a Embry.
–No creo que vengan –intervine –Creo que tienen otros planes en mente.
–¿Planes? –replicó extrañado Billy, mientras se rascaba la cabeza. Como que no le cabía en la mente que alguno de los “chicos” prefiriera hacer algo más antes que convivir con el resto de la manada.
–Sí, planes que incluyen a dos clones de Pamela Anderson.
–Ja, ja, ja… entiendo –Billy y el abuelo rieron muy divertidos. –En fin, Jacob, ¿por qué no le enseñas tu taller a Nessie o por qué no se van a pasear en lo que llega la hora de la cena?
No sé si el abuelo o Billy habían percibido el humor de Jacob, pero lo último que quería era preocuparlos con nuestra tonta pelea, les seguí el juego.
–¡Si! ¡Buena idea! –palmeé con más fuerza de la necesaria el antebrazo de Jacob. –Enséñame tu taller.
Sin esperar respuesta, y sin saber siquiera dónde estaba el mentado taller, me di la media vuelta y empecé a caminar.
–¡Que se diviertan chicos! –gritó alegremente mi abuelo
No creo haber dado ni siquiera diez pasos cuando Jacob me alcanzó.
–No tienes idea a donde vas, pero primero muerta a preguntar, ¿verdad? –puso sus manazas sobre mis hombros y me giró levemente hacia la derecha –Es allá, en el garaje.
Entramos en el garaje y debo reconocer que quedé impresionada por lo que vi. Aunque por fuera parecía algo ruinosa la construcción, por dentro era otra cosa. Realmente parecía un taller profesional, y aunque yo no sabía distinguir una herramienta de otra, imaginé que no faltaría ninguna de cualquier tipo en ese lugar.
De primera vista, un auto rojo, antiguo me llamó la atención.
–Es un Cadillac Eldorado Biarritz de 1959 –Jacob pronunció el nombre del modelo casi con reverencia divina.
–Es… bonito. –Era todo lo que podía decir. Sí, me parecía bonito, pero de autos no entendía mucho. Sabía que tenían que llenarse de gasolina para moverse y que los Cullen adoraban los autos rápidos y hechos en Europa. Punto.
–No cabe duda que eres hija de Bella Swan: tú y ella no saben diferenciar entre un Mercedes y un “carrito chocón” de las ferias.
–Ja…ja… ja! –me reí irónicamente –¡Qué gracioso! –le saqué la lengua en un gesto muy infantil.
–En eso también se parecen: son muy orgullosas y tercas…. Ven acá… –Estiró la mano para agarrarme por el antebrazo y con mucha ligereza me acercó a él y me envolvió entre sus brazos –¿Ya se te pasó el berrinche?
–¿Mi berrinche? –con todo y lo apretujada que me tenía, pude levantar la cabeza para mirarlo a la cara –El del berrinche fue otro. Yo no fui la que se “enmuló” por una tontería. Además, ¿qué no me habías aplicado la “ley del hielo”?
Jacob guardó silencio por un momento antes de empezar a reírse con ganas.
–Me rindo, eres imposible.
–¿Imposible? Y eso en el idioma de Jacob Black, ¿es bueno o malo?
–Mmm –parecía estar buscando la respuesta correcta –supongo que bueno para ti, y malo para mí.
–¿Por qué? No entiendo
–Porque haces conmigo lo que quieres. Siempre ha sido así y lo más seguro es que así sea por siempre.
En ese momento, abrazada en él, tuve otra “descarga” de sus recuerdos. Era yo de pequeña, con un año de edad, pero con el aspecto de una niña de cuatro. Mis padres me habían llevado a la feria de la extensión urbana que había entre Tacoma y Seattle. Jacob, Emmett y Rosalie nos habían acompañado. El recuerdo se centraba en el momento en que vi un enorme oso de peluche café, como de dos metros de altura, el cual era el premio principal en uno de los juegos. No dejé de llorar y patalear hasta que Jacob lo ganó para mí. Y como no cabía en el auto, Jacob y Emmett, tuvieron que sacar un brazo cada uno por una de las ventanas y sostenerlo sobre el toldo. El pobre Jake regresó con el brazo entumido, pero ni se quejó ni dejó caer mi premio.
Al visualizar ese recuerdo, sonreí. Era algo de lo que no me acordaba en lo absoluto.
–¿Entonces, ya somos amigos de nuevo? –dije regresando al presente.
–Nunca hemos dejado de serlo, Nessie.
–Bueno, tú me entiendes… o sea, ya no estamos enojados, ¿verdad?
–No, ya no.
Quería hablar con él sobre el casi beso en la playa, pero terminé preguntando otra cosa
–¿Estás reparando el auto?
–A eso le llamo cambiar de conversación… Sí, lo estoy reparando. Lo encontré casi por casualidad, hecho un guiñapo y aprovechando mi título en Ingeniería Mecánica, lo empecé a armar en mis ratos libres. ¿Te gusta?
–Sí, ya te dije que es bonito.
–No, no es simplemente “bonito”. Es una belleza, un templo a la industria automotriz del siglo XX.
–Ajá, si… –aún dentro de sus brazos, me giré para quedar con mi espalda apoyada en su pecho –¿También arreglas motos? –mi vista se detuvo en un par de motos, una negra y una roja, que estaban muy al fondo.
–No, yo… ¡ah! Las viste… Son un recuerdo de juventud.
–¿Las dos son tuyas? –si bien, los autos no me despertaban una pasión desproporcionada por ellos, las motos me parecían más interesantes. O mejor dicho, ver esas motos me despertaron la curiosidad.
–Solo la negra –calló de pronto, como si estuviera pensando si decirme o no algo.
–¿Y la roja?
–La roja es… o era, mejor dicho, de tu madre.
–¿¡Qué?! –dije incrédula. Jamás imaginé relacionar en la misma oración las palabras “mamá” y “motocicleta”. No era algo que relacionara con mi muy madura y centrada madre. –¿Bella… digo, mamá tuvo una motocicleta? ¿Charlie lo permitió?
–Digamos que tuvo una fase de probar los deportes extremos. Y no, tu abuelo jamás se lo permitió. De hecho, duró una buena temporada castigada por ello.
¡Zaz! Otro flash-back de Jacob que se alojaba en mis propios recuerdos: ahora era un muy joven Jacob reparando las motos, y mamá, con un aspecto bastante demacrado, sonreía mientras lo veía trabajar. ¿Por qué se veía así mamá? ¿Había estado enferma? Debió de ser en un tiempo muy lejano, antes de conocer a papá. Jacob se ve tan joven, nada que ver con el aspecto que lo recuerdo desde el día de mi nacimiento.
–Mmm vaya, así que Bella, digo, mamá también tuvo su época rebelde. Creo que esa información me puede ser útil algún día.
–¡Ni se te ocurra decirle! Me arrancaría la cabeza si sabe que te ando contando sus travesuras de adolescente.
–Está bien –levanté mi mano derecha, como si estuviera haciendo el juramento ante un tribunal –palabra de niña exploradora de que no voy a decir nada.
–Nessie, jamás fuiste parte de las Girl Scouts….
–Ja, ja, ja… pero el caso es ese.
–¿Ahora yo te puedo preguntar algo?... Pero primero, sentémonos. Ven –me soltó e inmediatamente me agarró de la mano para llevarme del lado del asiento del copiloto del Cadillac rojo. Con un gesto muy galante, me abrió la puerta del auto –Señorita…
–Muy amable, caballero.
Mientras me acomodaba en el interior, Jacob lo rodeó en un santiamén para sentarse del lado del conductor.
–¿Qué querías preguntarme?
–Una tontería, pero me da curiosidad… ¿por qué a veces llamas por su nombre de pila a los miembros de tu familia? Hasta antes de que yo regresara a La Push, tu mamá siempre fue “mamá”, jamás le dijiste “Bella”.
–Es por la costumbre… Este último año, Bel… digo, mamá y papá decidieron mandarme al Hanover High School para que cursara el último año. Y pues ya sabes, ni modo que dijera que Edward y Bella Cullen son mis padres, cuando los tres parecemos de la misma edad. Así que yo era algo así como la nieta de la prima de la tía de la tarara tía segunda de Esme. O sea, una prima lejana, pero muy lejana de todos los demás. Así que delante de mis compañeros y maestros, ellos eran Bella, Edward, Emmett, Rosalie, Alice y Jasper. Nada de padres, tíos y mucho menos, abuelos. Sé que no les gusta, sobre a todo a mamá, que los llame por sus nombres, pero es la fuerza de la costumbre.
–¡Vaya! Así que me perdí de tu baile de graduación.
–Sí.
–¿Y me perdí de algo más?
–¿Cómo qué…?
–Mmm… no sé, tal vez de ver cómo tu padre y tus tíos se controlaban para no arrancarle la cabeza a tu primer novio.
La imagen que de pronto me pintó Jacob me hizo sonreír. Sí, los hombres Cullen serían capaces de hacer eso si les llevara un hipotético novio a casa. Es más, no sería nada raro que si ellos me hubieran visto con el bikini, hubieran compartido la reacción de Jacob. Eran medio Neandertales los hombres que me rodeaban.
–Eso no te lo perdiste. Todavía no le presento ningún novio formalmente a mi familia.
–¿Formalmente? –entrecerró los ojos, como formulándose una idea –Eso suena a que sí has tenido algún noviecillo pero no te has animado a someterlo al escrutinio familiar.
–No, eso suena a que no he tenido novio. Ni escondido, ni formal, ni imaginario ni nada.
–Me alegro –la amplia sonrisa que casi le llegaba hasta los ojos lo indicaba.
–¿Por qué? ¿También te vas a poner sobre protector con eso, al igual que con mi forma de vestir?
–¿Quieres empezar otra pelea, Nessie?
–No, solo es curiosidad. Contéstame, Jacob Black, ¿por qué te alegras que no haya tenido novio antes?
–Porque sí.
–Esa no es una respuesta.
–¿Según quién?
–Según yo.
–¿Entonces, cuál sería el motivo?
No sé en qué momento nos acercamos tanto el uno al otro, pero nuestros rostros estaban demasiado cercanos, nuestros alientos se mezclaban mientras nuestras respiraciones se acompasaban en un frenético ritmo. No sabía si él podía escuchar con su aguzado oído el palpitar desbocado de mi corazón. De pronto, el coche, el garaje, el mundo mismo me pareció demasiado pequeño e intimo.
Me deleité recorriendo sus duras pero atractivas facciones: sus profundos ojos negros, que parecían dos pozos llenos de secretos y deseos, su nariz, su boca que casi siempre sonreía pícaramente. Deslicé la mirada por su cuello, su amplio pecho, que como siempre, estaba desnudo, desprovisto de cualquier camiseta, y en esos momentos, agradecía la aparente repulsión que sentía Jacob por esa prenda, porque me permitía admirar mejor sus músculos. En un impulso, apoyé pálida y cremosa mano sobre su hombro derecho, y admiré el maravilloso contraste que hacía contra su suave piel morena rojiza.
–¿Nessie?
–¿Qué? –Su voz me sacó de mis sensuales ensoñaciones.
–No has respondido a mi pregunta… ¿Por qué crees entonces, que me alegro que aún no hayas tenido novio?
–Por el mismo motivo por el que querías besarme esta mañana.
Ahora nuestros labios estaban separados unos cuantos milímetros.
–¿Y cuál es ese motivo?
–El mismo por el que me va a besar en este momento… –lo dije casi en un suspiro, pues sus labios ya estaban presionando los míos. ¡Oh, sí! Jacob Black me estaba besando por primera vez. Era nuestro primer beso, ¡Que diablos! Era mi primer beso, y ¡wow! Estaba a punto de que me volara la cabeza. Lo que había empezado como un suave y muy ligero roce, se volvió en un fiero beso. Entrelacé mis brazos alrededor de su cuello, mientras con una mano deshice la coleta con la que recogía su largo y negro cabello. Él, por su parte, enterró sus dedos en los mechones de mi pelo, a la vez que entreabría mis labios para profundizar el beso.
En ese momento olvidé hasta respirar, porque todos mis sentidos estaban puestos en las caricias de Jake. Sabía que era cuestión de nada llegar al punto de no retorno. Y creo que él también se dio cuenta, porque con esfuerzo, tengo que reconocérselo, se apartó de mí.
Nos quedamos mirando entre sorprendidos y aún con el torrente de deseo corriendo por nuestras venas. Los ojos de Jacob gritaban el esfuerzo que estaba haciendo por controlarse. Y sabía que en los míos se reflejaban lo mismo. Pero vaya, nunca pensé que fuera a ser así, tan fuerte, tan… adictivo.
Papá tenía ciertas creencias sobre el alma humana. El creía que los vampiros ya no la poseían y que el único camino que les quedaba era el infierno. Por eso, él era muy quisquilloso acerca de que yo tenía que conservar mi alma y mi oportunidad de llegar al cielo a como diera lugar. Pues bien, creo que cuando papá me dio esa charla no tomó en cuenta el factor “Jacob Black” en mi vida, y sí que estaba en un aprieto, porque en ese beso, veía muy difícil no romper el sexto y el noveno mandamiento.

5 comentarios:

  1. Me guzta muxisimo lo q escribes!!!

    ii Tbn me gustaria q lo sigaz haciendo porfavor...!

    ezta bueniziimo!!!

    x)

    Soy nueva en esto de los blog.. peroo ya me encanto este...!

    ojala publiquez otra entrada muy pronto ya me muero de impaciencia...!

    muxas gracias!!!!

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  2. hola soy ana de tijuana Mexico te keria decir ke me encanta tu spinoff, te juro que mis amigas y yo estamos enviciadas con tu libro jajaja de hecho es como ke nos juntamos a leer cuando subes un episodio, en fin ya esperamos con ansias el 8vo capitulo.
    Sigue escribiendo please!!
    bueno gusto en saludarte
    gracias

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  3. lo maximo,,,
    no tengo mas palabras para este capitulo,,,,

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  4. Me fascinaaa esta historiiaa!! Siguee asii!

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  5. pff me mandaste a buscar en google los mandamientos !!! jajajajja muy buena la hitoria

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