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Disclaimer

Nombres y personajes de esta historia son propiedad de Stephanie Meyer (menos los que no salieron en la saga original). Lo único mio es la historia que va uniendo a tan maravillosos personajes.
Esto es un homenaje a una de mis sagas favoritas, sin fines de lucro, por mera distracción.

miércoles, 11 de febrero de 2009

LA CAZA

–¿Segura que no quieres ir a Port Angeles? Podemos ir al cine y después a cenar. –Me preguntó por enésima vez justo cuando estacionaba la camioneta fuera de la casa de mi abuelo.
–No, gracias. Este día fue maravilloso, pero estoy agotada. Lo único que quiero es tomar una ducha e irme directamente a la cama. –pude ver en su cara que mi respuesta lo había decepcionado. Vaya, realmente tenía ganas de alargar nuestra cita lo más posible.
En otro momento, encantada habría aceptado ir a donde quiera que me invitara, pero mi excusa del cansancio era en parte real. Había sido un día muy largo y me sentía algo cansada, pero también me empezaba a sentir muy, pero muy sedienta. Necesitaba urgentemente ir de cacería, habían pasado casi dos semanas desde la última vez.
No quería decirle a Jacob de mis planes para esa noche, porque sabía que se empeñaría en acompañarme, y aunque muchas otras veces había salido de caza con el resto de mi familia, ahora que oficialmente era mi novio, no se me antojaba mucho que me viera cazando, donde dejaba mi humanidad a un lado y me guiaba por el instinto predador.
Mi novio oficial… vaya, sí que era raro pensar en él de esa manera. Siempre había sido mi mejor amigo, y si bien de un tiempo para acá lo empecé a ver de una manera más carnal, no podía creer que al fin estuviéramos juntos.
En fin, también quería un momento a solas, lejos de Jake y del abuelo para pensar, primero en cómo decirle a mi familia que pensaba quedarme en Forks y posponer la ida a la universidad uno o dos años. Papá ya se había encargado de que me admitieran en la escuela de leyes de Harvard, pero honestamente, yo no me veía como abogada. Es que ni siquiera sabía aún qué hacer con el resto de mi vida. Había dos cosas en lo que sabía que era realmente buena: en la ropa y tocando el piano, pero no estaba muy segura si quería ganarme la vida con eso.
Lo segundo que había en qué pensar, era también cómo decirles lo mío con Jacob. ¡Cómo me encantaría poseer el don de papá o el de la tía Alice! Para saber qué pasaba por sus mentes al escucharme decirles “Jacob Black es mi novio” o por lo menos, para poder ver el futuro y saber cómo me iba a ir al darles la noticia.
Y por último, el otro tema que no me dejaba de dar vueltas en la cabeza, era el amor frustrado de Jacob por aquella otra mujer…¡Demonios! ¿Cómo podría saber más de la historia, sin levantar sospechas? Porque si se lo preguntaba a Seth, Jacob lo terminaría sabiendo. Tal vez si se lo preguntaba a mamá, como no queriendo la cosa... Ellos habían sido amigos por mucho tiempo, tal vez mamá supo algo sobre “esa” o con algo de suerte, llegó a conocerla en persona. Sí, tal vez por ahí pudiera enterarme más del asunto.
–¡Hey, Nessie! –la voz divertida de Jacob me sacó de mis cavilaciones. –Ja, ja, ja. Creo que sí estas muy cansada, te quedaste como ida un buen rato.
–¿Eh? –Vaya, así que me había quedado completamente ensimismada en mis pensamientos que ni cuenta me había dado que Jacob se había bajado a abrirme la puerta y esperaba pacientemente con ésta abierta, a que yo me bajara del vehículo. –Perdona, definitivamente me estoy quedando dormida con los ojos abiertos.
De un brinco me bajé de la camioneta y cerré la puerta tras de mí. Alcancé a ver en el reloj de Jacob que eran pasadas las siete de la tarde, el cielo ya se había puesto algo oscuro. Noté que la patrulla de Charlie estaba ya estacionada afuera de la casa, así que seguramente me estaría esperando para cenar.
–¿No hay nada que pueda decir o hacer para convencerte de que estés conmigo un par de horas más? –su voz salió en un suave y sexy ronroneo, mientras deslizaba sus brazos por mi cintura. Ladeé un poco la cabeza, para permitir el acceso de su boca a mi cuello. Estuve a punto de olvidarme de mis planes de caza, pero sólo a punto, porque el latido de su corazón avivó el ardor que me provocaba la sed.
–Jake… –mi voz era apenas un hilo… definitivamente estaba a punto de perder la lucha con mis hormonas si no era capaz de controlarme un poco –No creo que te guste la idea de tener que cargarme cuando me quede dormida en el primer asiento mullido que encuentre.
–Sabes que eso para mi no sería ningún problema… Tenerte en mis brazos jamás ha sido un inconveniente.
Sabía que estaba a punto de ponerme a ronronear como la gata sobre el tejado caliente de cinc. “Renesmee, ¡compórtate!” me reñí a mi misma. ¿Qué tenía este hombre que hacía que perdiera el piso? ¿Sería algún tipo de magia mística? ¿Por qué las mujeres Swan terminábamos irremediablemente atraídas por seres tan fantásticos, que la mayoría creía que eran parte de viejos cuentos de terror? No sé si cuando mamá era humana experimentaba las mismas reacciones cuando estaba con papá, esperaba que sí, porque no me agradaba nada pensar que esta “locura amorosa” era cosa solo mía. Prefería poder achacárselo a algo tan científico como los genes.
–Está bien, me rindo –prosiguió –Voy a dejar que te vayas a dormir como niña buena, si me prometes que mañana pasarás conmigo todo el día.
–Encantada… pero el abuelo…
–¿Qué pasa con tu abuelo?
–Bueno, se supone que vine a visitarlo, y no he pasado ni un solo día con él. No quiero herirlo.
–No te preocupes, ya había pensado en eso. Mañana vengo por ti y por Charlie para llevarlos a pasar el día a La Push. A él le encanta encontrar cualquier pretexto para ir, tanto para estar con Sue, como para visitar a mi padre. ¿Qué te parece?
–¡Fantástico! Gracias por pensar en el abuelo…
–Sé cuán importante es tu familia para ti, Nessie... y hablando de familia, ¿cuándo piensas decirle a tus papás de nuestra relación?
“Oh, oh”
–Esteeee… yo, bueno… verás…
–¿No piensas decirles nada la respecto?
–No, digo, sí… solo que quiero busca la forma adecuada para hacerlo. No sé como lo vayan a tomar, tú sabes… no creo que los ponga a saltar de contentos si les doy la noticia de que ya tengo novio. ¿Recuerdas cuando bromeaste sobre que papá y mis tíos tuvieran que controlar el deseo de arrancarle la cabeza a mi supuesto primer novio? Bueno, pues los creo muy capaces de hacerlo. Ya sabes cómo son de sobre protectores conmigo, sobre todo papá.
Jacob no contestó nada porque sabía que tenía toda la razón. Se limitó a abrazarme con fuerza y darme un ligero beso en los labios. Prometió estar temprano la mañana siguiente para recogernos a Charlie y a mí. “Sueña conmigo” fue lo último que me dijo antes de marchase, sin muchas ganas, de regreso a su casa.




Muchas horas después, ya que había compartido la cena con mi abuelo, y este se hubo dormido profundamente, a ronquido suelto, me alisté para salir de caza. Busqué entre mis maletas y por fin pude dar con aquella donde estaba mi ropa más cómoda. Saqué unos pants deportivos y una sudadera, todo en color negro, un par de tenis y me enfundé en ellos, a la vez que recogía mi largo cabello en una coleta, lista para iniciar mi expedición por los bosques de Forks.
Salí por la ventana de la habitación, dando un gran salto. La abuela Esme decía que mis saltos eran como de gatito, muy largos pero con sigilo y elegancia. Suspiré al recordarla, aunque apenas habían pasado un par de días que me había marchado de casa, empezaba a extrañar a mi familia, ¿sería capaz de aguantar un año o dos lejos de ellos? Iba a ser todo un reto, definitivamente, pero si quería experimentar el lado humano de mi naturaleza, había un par de sacrificios que hacer.
Empecé a correr a través del frondoso bosque que estaba a espaldas de la casa del abuelo; en cada zancada, mi velocidad iba en aumento, al igual que mi euforia. Sentir el viento contra mi rosto, mientras corría a una velocidad que hubiera impresionado a cualquier humano que me hubiera visto, era una sensación difícil de explicar. Era algo tan liberador, tan exultante, tan… No, definitivamente no había palabras que pudieran describir mejor lo que sentía.
Mientras dirigía mi carrera hacia el norte, donde sabía que podría encontrar alguna manada de alces y, con algo de suerte, un gran oso hambriento, recordé el momento en que, a media cena, se me ocurrió comentarle al abuelo que Jacob y yo íbamos a empezar a salir juntos más a menudo. No llegué a pronunciar la palabra “novio”, porque no me dio tiempo, ya que Charlie abrió los ojos como platos y se quedó completamente estático y pálido. Al principio, pensé que le había dado algún síncope, o algo parecido, pero de repente, el abuelo pasó del blanco impoluto al violeta mientras empezaba a vociferar cosas sobre la diferencia de edad, las locuras de la adolescencia y los pervertidores de menores; decía todo tan rápido y tan mezclado, que no entendía ni una sola palabra. De pronto, el abuelo se calló, me miró fijamente y me soltó “¿ya se lo dijiste a tu padre?”. No había mencionado a mamá, ni a mis abuelos ni a mis tíos, ni la palabra “familia”; no, había dicho “a tu padre”, en específico, porque sabía que en este caso, aunque papá nunca hubiera sido santo de su devoción, iban a hacer un frente común.
De alguna manera, el escándalo de Charlie me pareció adorable y divertido. El abuelo siempre se había preocupado por mi y me había mimado en un grado que rayaba en la locura, según palabras de mi madre, así que verlo tan preocupado por mi, me enternecía y agradecía su preocupación y su amor, pero definitivamente, mi relación con Jacob era algo exclusivamente entre él y yo.
En eso pensaba justo cuando divisé una manada de ciervos. Conté rápidamente a ocho, entre los que se destacaba uno de gran cornamenta. Rápidamente detecté que ése debía ser el macho de la manada, así que dejé que mi instinto vampírico tomara control sobre mi lado humano. Los latidos de los corazones de los animales, el ruido de sus flujos sanguíneos hicieron crecer mi sed con mayor ardor. Me preparé a atacar al líder, pues siempre había tenido la debilidad de ir por la presa que representara mayor peligro y dificultad. La caza empezaba en ese instante.


Sí que estaba sedienta”, me dije a mi misma mientras hacía a un lado el cuerpo inerte del ciervo. Eran tres los que yacían a mis pies, incluido el macho alfa. De repente, me dio algo de vergüenza mi glotonería, pero había tenido mucha sed, y como me la había pasado ingiriendo “comida normal”, hacía que ésta fuera mayor. Además, desde niña había aprendido a beber hasta hartarme, con tal de siempre tener satisfecho al monstruito que vivía en mí. No quería que en un momento de locura por la sed, terminara atacando a un ser humano. Era una de las enseñanzas en que mayor ahínco habían puesto mis papás.
Me estiré, satisfecha como un gato después de haberse comido al ratón, pero de pronto algo alertó mis sentidos. Los vellos del cuello se me pusieron de punta, a la vez que una extraña sensación de peligro me estremecía y lanzaba un torrente de adrenalina en mi sangre.
Me agazapé, como un puma al acecho y empecé a mirar alrededor, buscando aquello que me había puesto así.
El cielo estaba despejado dando lugar a un espectacular claro de luna, que me permitía vislumbrar mejor a mí alrededor. Paseé frenéticamente mi vista de un lado al otro, buscando entre los troncos de los árboles y las copas de éstos, algo raro, más todo era quietud y silencio. Tal vez era cierto aquello de que si cenabas mucho te daban pesadillas. Pero no estaba dormida, estaba más que despierta y alerta.
Empecé a levantarme, a recuperar mi forma erguida. Decidí que todo eran imaginaciones mías, por más que el cuerpo lo sentía crispado, en alerta. “Nessie, te estas poniendo paranoica, o eso de andar descargándole los recuerdos a los demás te está volviendo loca”. Sí, mi don por fin se había descompuesto y me estaba haciendo ver cosas que no son. ¿Había alguna póliza de garantía para dones vampíricos defectuosos? ¿Y si mi don tenía alguna imperfección, cómo lo arreglaba? Tal vez sería el momento de hablar sobre ello con mi familia, tal vez el abuelo Carlisle supiera que hacer. “Oh, perfecto. Otra cosa más que agregar a la lista de ‘pendientes de confesar a mis padres’” gruñí. Tal vez debería de esperar a casarme o a embarazarme accidentalmente para hacer una purga de pecados de un solo tirón… Mmm, ¿cómo sería casarme con Jake? ¿Me dejaría hacer una boda de ensueño, con un super vestido Vera Wang y millones de flores en la decoración? ¿Cómo sería tener un bebé, un bebé de Jacob Black? ¿A quién se parecería? ¿Y si….? “¡Épa! Alto ahí, Renesmee Carlie Cullen” gritó mi mente “Apenas tienes un día con Jacob, ¿y ya estás pensando en azahares e invitaciones de boda? ¡Estás loca! Todavía tienes muchas cosas por vivir y experimentar antes de atarte a alguien, ¿lo recuerdas?”. Sí, definitivamente podrían clasificarme como loca, en primera por pensar en boda cuando la sola palabra me provocaba escalofríos, y en segunda, ¡porque estaba peleándome con mi propia mente!
Decidí regresar a casa y dormir hasta que Jacob fuera por mí al día siguiente. Definitivamente era lo mejor.
Había dado apenas la media vuelta para emprender la marca de regreso, cuando sopló una suave brisa, agitando ligeramente las hojas de los árboles. Y eso bastó, para que esa brisa arrastrara junto con el aroma de los bosques, el aroma de un intruso que no era ni ser humano ni animal.
Volví a ponerme alerta y por fin, entre los árboles vi una silueta moviéndose con tal velocidad que a la vista del ojo humano hubiera sido imperceptible.
Y de pronto, gracia a la potente luz que expedía la luna, me di cuenta que estaba justo en el claro donde años antes estuvimos a punto de entrar en guerra con los Vulturi. El recuerdo hizo que mis instintos predadores volvieran a mí, y sin más, me lancé a la persecución entre los árboles.
Algo me decía que esa sombra representaba peligro, y tal vez alguien más sensato lo hubiera rehuido alejándose en dirección opuesta, pero yo no era muy sensata y miedosa. Para mi buena o mala fortuna, tenía un padre y tres tíos a los que les había aprendido a encarar el miedo y el peligro con una risa burlona.
Me fui adentrando más y más en las oscuras entrañas del bosque, persiguiendo al intruso a toda velocidad. Me di con un par de ramas en el rostro, tendría suerte si no amanecía con un par de rasguños en el rostro y a ver como los justificaba ante los demás. Pero aún así no perdía de vista a mi presa. “¡Diablos” murmuré tanto porque parecía que no podría darle alcance, tanto porque me había tropezado con una enorme raíz y estuve a punto de perder el equilibrio.
¿Pero es que piensa llegar hasta Canadá?” gruñí, definitivamente la frontera del país era mi límite. Si iba más allá, renunciaría a seguirle. Por más que esa sombra me diera mala espina, prefería dejarlo así. Tal vez solo era algún “hermano vampiro” asustado… aunque las palabras “vampiro” y “asustado” jamás las había visto unidas en la misma oración.
Llegué hasta lo que parecía el cruce de senderos y ya no vi nada. Traté de enfocar mejor mi vista en la oscuridad de los árboles. Nada. ¿A dónde había ido? De pronto, empecé escuchar el siseo del aire a causa de algo que se movía a una impresionante velocidad. El siseo me rodeó, si volteaba a la izquierda, lo escuchaba a mi derecha y viceversa. Tan rápido, que no alcanzaba a fijar la vista al lugar de donde provenía el sonido.
Tal vez sería buena idea que regresaras a casa” me dije. Así que con sigilo, empecé a dar pasos hacia atrás, mientras paseaba la mirada buscando ubicar el peligro. Había querido ser la gata tras el ratón, pero sin saber cómo, los papeles se estaban invirtiendo.
Di un par de pasos más hacia atrás, di la media vuelta y empecé a correr como si mi vida dependiera de ello. Tal vez sí… tal vez mi imprudencia y ser tan voluntariosa por fin me estuviera pasando la factura poniéndome en peligro de manera tan estúpida.
Corrí con toda la fuerza que poseía, no escuchaba más que un siseo constante, pero sabía que aquello que empecé a perseguir, ahora me perseguía a mí. Y sentí pánico, porque nunca me había enfrentado a un vampiro sediento. Había convivido con los Cullen, con los tíos del clan Denali y los pocos con los que había convivido, aquellos que no seguían nuestra dieta “vegetariana”, eran amigos que jamás se les habría ocurrido atacarme.
Yo era en parte vampiro, pero también era humana, también tenía un corazón que bombeaba un dulce torrente sanguíneo por mis venas. Y si mi acechador estaba ansioso de sangre, tal vez ni repararía en aquello que me distinguía de los simples mortales.
Tal vez tendría una buena oportunidad si lograba llegar al claro. Ahí, con la luz de la luna, podría ver a lo que me enfrentaba… Tal vez podría detenerlo y demostrarle que también era en parte monstruo como él. Tal vez… tal vez tendría una forma de salir en el lío que me metí por imprudente. O tal por fin tendría la oportunidad de poner en práctica las lecciones de defensa que me habían dado Emmett y Jasper a escondidas de mamá.
Por primera vez en mi vida, sentí que las rodillas empezaban a flaquearme. No, no era buen momento en que mi lado humano me dejara abajo. Tenía que seguir corriendo, tenía que ponerme a salvo. Traté de esquivarlo a través de los árboles, irme moviendo en zigzag, aunque esto representara un doble esfuerzo.
¡El claro!” estuve a punto de gritar de la emoción. Estaba a unos cuantos metros de mí, sentí que estaba a punto de lazar un par de lágrimas de la emoción o que bien me podría poner a hacer el baile que hacían los futbolistas cuando anotaban un touch-down.
Concentré mis esfuerzos en mantener el ritmo de mi carrera. No había dado ni un par de pasos en el claro, cuando sentí que algo se abalanzaba contra mi a mi espalda.
–¡Aaaaaaahhhhhhhhh! –Grité con todo el aire que tenían mis pulmones mientras caía estrepitosamente en pasto. Como pude, me puse de espaldas sobre el suelo y le lancé un buen puñetazo a mi agresor. Tenía los ojos entrecerrados por el miedo y por el sofoco de la caída, así que no vi la dirección de mi golpe y mucho menos lo que golpeé.
El aullido de un ¿lobo? siguió inmediatamente después de que conecté mi puño contra algo peludo y acolchado. Y seguido del aullido, el crujir de algo parecido a un hueso romperse. Me sentí libre de aquello que estuvo a punto de aprisionarme
¿Lobo? ¿Peludo? ¿Aullido? Esas tres palabras se conjugaron rápidamente en mi mente, abrí los ojos al fin. Y a enfocar mi vista en el suelo, casi podría jurar que mis ojos se salieron de sus órbitas.
En el suelo, sobre un montón de hojas casi secas, yacía un muy desnudo Jacob Black retorciéndose de dolor.
Definitivamente, las cosas no se podían poner peor.

4 comentarios:

  1. simplemente buenisimo,,,

    me encanto,, jiji

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  2. me super encanto, sabes que por un momento pense que kien perseguia a renesme era edaward o bella, o otro vampiro jamas me hubiera imagina a jacob pero fue muy emocionante!!!!
    de de verdad ... jjaja no es por apurarte pero ya kiero el 11 !!!

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  3. me muero de la impaciencia...!

    sta interesantizimo..!

    x)

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  4. muy bueno jaja nose que diria yo si alguien me huviera golpeado asi

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