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Disclaimer

Nombres y personajes de esta historia son propiedad de Stephanie Meyer (menos los que no salieron en la saga original). Lo único mio es la historia que va uniendo a tan maravillosos personajes.
Esto es un homenaje a una de mis sagas favoritas, sin fines de lucro, por mera distracción.

sábado, 21 de febrero de 2009

LA FERIA

–Abuelo, por favor… –Si mi abuelo me seguía mirando con cara de cachorrito a punto de ser sacrificado, me iba a poner a llorar como magdalena. –No es que me vaya al otro lado del mundo o que me mude a Mercurio, sólo voy a empezar una nueva aventura como toda mujer adulta.
–Nessie, es que no es fácil… Y eso de lo de ser mujer adulta, bueno… tú sabes mejor que yo –era la primera vez en la vida que el abuelo hacía una leve insinuación acerca de mi peculiar existencia. –No entiendo por qué te quieres ir de aquí y por qué tiene que ser precisamente hoy.
–Abuelo –Me abracé a él con ternura. –Sólo voy a estar a quince minutos de aquí. Esto es algo que he deseado por mucho tiempo y agradezco tu ofrecimiento de quedarme aquí, pero….
–Nessie…
–Pero… –no dejé que me interrumpiera, quería dejar las cosas en claro y no permitir que el abuelo terminara acorralándome y haciendo que mi “corazón de pollo” se rindiera ante sus chantajes sentimentales. –…mi casa está lista y esperándome. Sé que te encantaría que siguiera aquí un tiempo más, te lo agradezco, pero también sé que tú tienes tu propia vida y tu propia rutina. O, ¿acaso piensas que no estaba enterada de que antes de que yo viniera de visita, la mayor parte de tu tiempo te la pasabas en casa de Sue Clearwater?
–Hija, no me importaría cambiar mi rutina, podemos acoplarnos. Si quieres quedarte en Forks, estaría más tranquilo si vivieras conmigo. No me gusta nada que pretendas vivir sola y en pleno bosque.
Esbocé una sonrisa. El abuelo lo decía como si pensara mudarme a una zona incivilizada y remota; solté nuestro abrazo para darle un beso en la mejilla.
–Abuelo, siempre puedes venir a visitarme cuando quieras, sobre todo a la hora de la cena. Prometo que haré lo mismo.
–Nessie, ya subí la última de tus maletas –Dijo Jake desde la puerta principal de la casa.
El abuelo yo permanecimos tomados de la mano en el pequeño recibidor; Charlie le lanzó una mirada resignada a mi novio, como reconociendo que no había forma de que yo cambiara de opinión.
–Bueno, creo que ya es hora de irme. Los de la compañía de seguridad deben estar esperándome para explicarme como funciona la alarma.
–¿Alarma?
–Sí abuelo. Tanto papá como Jake –dije mientras lo señalaba con la cabeza –insistieron en ello, y como ya sé cómo se ponen de pesados si no les hago caso, preferí no discutir y darles gusto en eso.
–Me parece perfecto. Si estás tan decidida a vivir sola, por lo menos asegúrate de estar bien protegida en todo momento.
–Está bien, abuelo. –Dije mientras le daba otro abrazo de despedida –Bueno, ya nos vamos. Jacob tiene mucho trabajo y aprovechó su hora de comida para ayudarme a llevar mis cosas a la casa. Nos hemos tardado más de lo previsto y ya casi es hora de que vuelva al taller. –Miré el reloj que llevaba en mi muñeca izquierda; marcaba la una y 25 de la tarde.
–Acuérdate que ésta siempre será tu casa y que si no te sientes a gusto viviendo sola, puedes volver en el momento que quieras.
–Gracias, abuelo.
Charlie nos acompañó a mi novio y a mi hasta la acera, justo donde la camioneta de Jake estaba estacionada. En cuanto Jake puso en marca el vehículo, bajé el cristal de la ventana para sacar casi medio cuerpo por ella y gritarle a Charlie.
–¡Hasta luego! ¡Te amo, abuelo!
Casi podría apostar que mi abuelo, el siempre renuente a las manifestaciones públicas de afecto, estaba a nada de dejar correr un par de lágrimas.
–¡Yo también te amo! –Gritó con la voz cargada de emoción –Llámame en cuanto estés instalada.
–¡Te lo prometo!
–Nessie, cariño, será mejor que metas tu cuerpo al auto de nuevo y te sientes con el cinturón de seguridad puesto. Nos van a multar si nos ven así.
–No lo creo –dije con la voz algo quebrada, estaba a nada de ponerme a llorar –Acuérdate que el jefe de policía es mi abuelo, así que tenemos vara alta.
Jacob tenía la vista puesta en el camino, pero apartó su mano derecha del volante para tomar mi mano izquierda y llevarla a sus labios.
–¿Estás triste?
–Sí… –una lágrima se deslizó por mi mejilla –Sé que es algo tonto ponerme así por la mudanza, pero tal vez sea porque este “hasta luego” me recordó cuando tuve que despedirme del abuelo Charlie cuando la familia se mudó a New Hampshire.
–Recuerdo que te fuiste llorando no sé cuanto tiempo hasta que te quedaste profundamente dormida en mis brazos… Me babeaste mi camiseta favorita. –dijo con voz divertida.
–¡No es cierto!, yo no babeo cuando duermo…
–Siento desilusionarte, pero cuando duermes babeas y roncas como un San Bernardo.
–No seas mentiroso, Jacob Black –dije fingiendo indignación. Sabía que era un intento de él por distraerme de mi tristeza –Hasta dormida soy una dulce damita.
–¿Y cómo lo sabes? Estás dormida para saberlo.


El resto del trayecto a casa lo hicimos bromeando y hablando de tonterías. Al llegar, la compañía de seguridad me esperaba para enseñarme como funcionaba la alarma y cómo desactivarla cuando fuera necesario. Jake me ayudó a bajar mi equipaje y después, se quedó conmigo hasta que los de seguridad se fueron, pues quería estar completamente seguro de que la alarma funcionaba más que bien.
Se despidió de mi prometiendo volver al anochecer para cenar conmigo. Esa iba a ser mi primera cena en casa.
Pasé la mayor parte de la tarde terminando de darle un par de toques a la decoración, desempacando mi ropa y acomodándola en mi nuevo y amplio clóset. A pesar de que yo era la nueva y única habitante de la casa, aún pensaba en las habitaciones como “la habitación de los abuelos”, o “la recámara de la tía Alice y del tío Jasper”. Así que había terminado por seleccionar dos de las que alguna vez fueron las habitaciones de invitados, mandé quitar el muro que las separaba y conseguí una habitación por demás espaciosa. También procuré verificar que tanto el teléfono como la televisión satelital y la conexión de Internet funcionaran debidamente, porque sabía que no tardaría en recibir la visita de los chicos de La Push y del abuelo, y sería casi una tragedia nacional si no podían ver los partidos de futbol en la gran pantalla de alta definición que había instalado en la sala.
Cuando estaba en la cocina pensando qué hacer de cenar para esa noche, mi novio me mandó un mensaje a mi teléfono móvil.
Cambio de planes. Vamos a salir fuera. Paso por ti a las 6:30 pm
¿Qué se le habría ocurrido a Jacob?
Ponte algo práctico, cómodo y abrigador”.
Vaya, ¿a dónde pretendía llevarme vestida así? Tal vez había pensado en pasar la noche acampando, aunque la idea no me atraía mucho en sí, con tal de estar con él tanto tiempo no me importaría ir hasta la mismísima Tierra de Fuego para ello.
Dejé a un lado los sartenes que sostenía en cada mano y me dirigí a prisa a mi habitación para alistarme. Faltaba menos de una hora para que Jacob llegara y conociéndome, una hora no era suficiente para cambiarme, aún cuando mi look tuviera que ser “práctico, cómodo y abrigador”.
Exactamente a las 6:31 sonó el timbre de la casa. Me di un ultimo vistazo en el espejo antes de bajar a abrirle la puerta a mi novio.
–Más vale que Jake tome esto como práctico y cómodo –dije mientras bajaba las escaleras apresurada. Había optado por vestir un par de skinny jeans azul marino, unas botas de tacón plano color tabaco hasta la rodilla, un suéter de cuello alto color azul cielo y una chaqueta de cuero también color tabaco. Mi rizada melena la metí en control en una coleta porque ya no tuve tiempo de peinarme de otra manera.
Abrí la puerta y me encontré con mi muy guapo novio esperándome con una enorme sonrisa ¿sería posible que cada vez que lo viera, estuviese más bello? “Acuérdate de respirar y no ponerte a babear” dijo una vocecita en mi cabeza. Pero es que la forma en que se le adherían al cuerpo ese ajustado par de Jeans y la camiseta azul, debería de ser un delito para la salud.
–Estas guapísima –dijo mientras me abrazaba y me besaba ligeramente en los labios.
–Tú tampoco estás nada mal… –dije coqueta.
–Gracias –Jacob se separó de nuestro abrazo y me lanzó una larga mirada desde la punta del pie hasta la cabeza –Me alegra descubrir que no tienes fobia a toda aquella prenda que mida más de 25 centímetros de largo.
¿? –lo miré confundida.
–Es que llegué a pensar que le tenías manía a los pantalones… con eso de que nada más usas shorts o minifaldas muy pequeñas…
–Ja, ja, ja… –le dije con una mueca torcida –Que chistosito.
Jake rompió a reír a carcajadas mientras me abrazaba nuevamente. El lo encontraba divertido, pero a mi me chocaba que se metieran con mi guardarropa.
–No te enojes, es broma… anda, vámonos a divertirnos un rato.
–Está bien…
Agarré mi bolso, las llaves de la casa y salimos de ahí. Mientras caminábamos hasta donde estaba su camioneta, me fijé que sus jeans y los míos, así como su camiseta y mi suéter, eran de los mismos colores.
–Vaya, señor Black, ¿acaso usted también puede leer la mente? –mi voz sonó bastante divertida.
–¿Cómo? –pronunció confundido.
–¿Ya te diste cuenta que vamos vestidos igual? Parecemos gemelitos
–Aja, sobre todo por el color de piel y la estatura.
–¡Tonto! Ya sabes a lo que me refiero.
–Sí, ya sé… –dijo mientras me abría la puerta del vehículo y me ajustaba el cinturón de seguridad. –Tal vez nos leemos la mente el uno al otro. No cabe duda que somos almas gemelas. –Me dio un tierno beso antes de cerrar la puerta y rodear el vehículo para subirse por su lado y emprender la marcha.
No cabe duda que somos almas gemelas”, había dicho. ¿Sería eso cierto? No pude evitar que mi corazón empezara a latir desbocado. Esperaba que eso fuera cierto, que Jacob empezara a creerlo y a olvidarse de ese amor frustrado del pasado. No sabía quien era esa, y probablemente era muy irracional, pero no podía evitar odiarla por haber despreciado lo que yo anhelaba con todo mi ser: el amor verdadero y sincero de Jacob Black.


Al principio Jacob no me había dicho a dónde nos dirigíamos.
–Espera y verás. –fue lo que me contestó cuando se lo pregunté.
El trayecto no fue muy largo, apenas unos quince minutos. Mis ojos se abrieron como platos del entusiasmo cuando vi nuestro destino
–¡Es una feria!
–Sí, hoy es el primer día. Sé cuanto te encantan.
–¿Pero cómo es que no me enteré que iba a haber una?
–Nessie, has estado tan atareada esta semana que estoy tan seguro que hubo momentos en que no sabías ni qué año era.
–Ja, ja, ja, ¡tienes razón!... ¡Mira, hay rueda de la fortuna! –no esperé a que me abriera la puerta, pues era tato mi entusiasmo que me tuve que controlar para no salir corriendo hacia la feria y dejar a mi novio ahí en el estacionamiento.
Jacob sonrió al ver mi desbordado entusiasmo. Probablemente me estaba comportando como una niña, pero ¡qué más da! Tal vez tal alboroto por las ferias era producto del trauma infantil que venía arrastrando desde que mis padres me explicaron que no era posible que me llevaran a Disneyland. Cuando tenía lo que era el equivalente a ocho años humanos, le había suplicado a mis papás que me llevaran a conocer Disney, pero ellos de la forma más paciente y clara posible, me explicaron por qué no podíamos ir, ya que el sol era uno de los grandes enemigos para preservar nuestro secreto. Aunque traté de entenderlos, no pude evitar terminar haciendo un berrinche bastante desagradable. De consolación, Alice, Rosalie y Jake terminaron llevándome a una feria local en Hannover, New Hampshire.
Esa noche me divertí como hacía mucho tiempo que no lo hacía. Jacob y yo parecíamos un par de niños, riendo y subiéndonos a todo tipo de juegos mecánicos. Nunca pensé que mi pobre novio tuviera un estómago tan frágil, pues cuando nos bajamos de un juego llamado “Demon Twister”, su rostro tenía un matiz amarillo-verdoso algo preocupante.
Decidí darle una tregua de los juegos cargados de adrenalina, así que mejor me lo llevé a intentar con algo más tranquilo.
–¿Recuerdas aquella vez que ganaste para mi aquel oso gigantesco? –pronuncié agarrada a su brazo mientras miraba los premios que daban en aquel puesto.
–Cómo olvidarlo… Terminé con el brazo entumido por venir agarrando tu premio al toldo del auto. Y lo peor es que tuve que soportar las burlas de Emmett por lo poco que aguantaba… –Jacob pasó su brazo alrededor de mis hombros antes de proseguir –¿Qué? ¿Quieres ese oso? –dijo mientras señalaba con un gesto de la cabeza hacia un oso blanco de la estatura de Jake.
–No, el premio que quiero es ese –levanté mi mano para señalar hacia la figura de un lobo gris de peluche del tamaño de un chihuahueño.
–¿El lobo? Pero si está muy pequeño
–No importa, me fascinan los lobos, me enloquecen, ¿o es que no te has dado cuenta?
Él sonrió y le pagó al encargado del puesto para que lo dejara tirar y ganar mi premio. De verdad que era divertido verlo así, tan relajado y con una sonrisa en los labios; sentí que en ese momento éramos dos simples humanos disfrutando de una gran cita, y que aquello del semi-vampiro y del licántropo, era algo que estaba demasiado lejano.
El llanto de una niña pequeña que estaba a un lado, me llamó la atención. No debía tener más de siete años.
–¿Qué tienes, nena?
–Es que quiere aquel delfín azul, pero su padre no consiguió más que este llaverito como premio –La que supuse sería la madre de la niña, me contestó con una mueca, tal vez pensó que el llanto de la niña me había molestado.
–¿Quieres aquél delfín, preciosa?
La niña me miró a través de sus ojos llenos de lágrimas mientras asentía fuertemente con la cabeza.
–Jake, corazón…
–Dime… –pero realmente no estaba prestándome mucha atención. Estaba bastante entretenido atinándole a todo blanco que le pusieran enfrente.
–Esta es… ¿cómo te llamas?
–Melanie –dijo casi en un susurro la niña.
–Jacob, esta es Melanie y está triste porque quiere el delfín azul que está allá –el premio en cuestión era un delfín de peluche azul como de un metro de largo. Más de lo que medía la niña. –¿Crees que puedes hacer algo al respecto?
Jake nos miró rápidamente a las dos y con un giño de ojo, pronunció resuelto –Claro que sí, es pan comido.
Y sí, tal y como lo dijo, obtener el premio para Melanie fue demasiado sencillo. El rostro de la niña cuando le entregaron su delfín, no tuvo precio. Sentí que me derretí ante esa carita tan contenta y risueña; sus padres nos agradecieron el gesto y la familia se alejó con rumbo a otra de las atracciones.
Jake y yo, con mi lobito gris en mano, decidimos que ya habíamos tenido suficiente del tiro al blanco y también nos retiramos de ahí.
–Nunca pensé que te gustaran los niños pequeños. –dijo haciendo alusión a lo que acababa de pasar con Melanie.
–Yo tampoco… no sé, nunca tuve el deseo de tener hermanitos o de estar cerca de otros niños en mis años de infancia… Tal vez fue ver tan triste a la niña que me conmovió y por eso te pedí que ganaras el premio para ella.
–Más bien pienso que se te están empezando a despertar los instintos maternos.
–Tal vez… Aunque nunca antes había pensado en la maternidad y los hijos… Quien sabe, tal vez termine siendo un desastre como madre.
–Pues yo creo que vas a ser una madre estupenda. –Dijo mientras besándome en la punta de la nariz.
–¿De verdad?
Vaya que Jacob tenía fe en mí, porque a pesar de que yo misma reconocía que era algo disparatada, obstinada y voluntariosa, parecía que para él eso no era un problema, él me veía potencial como mamá. ¿Pero me vería él a mi como potencial para madre de sus hijos?
–Allá están Leah y Sam con los niños –dijo de pronto mi novio, y yo casi podía jurar que mi cara había puesto una mueca de desagrado al escuchar el nombre de la chica.
–Vaya, que chistoso, Leah se la pasa haciéndoles burlas a Quil y a ti por aquello de los “niñeros-esclavos” y ella si no está en el taller, está de niñera de los hijos de Sam. Qué cosas, ¿no?
–No esas tan dura –me sorprendió un poco la reprimenda oculta en su voz – Sólo que las cosas no son fáciles para Leah, y estar con esos niños es duro para ella.
–¿Por qué?
–Verás, hace mucho tiempo, Leah y Sam eran novios –me sorprendí, pues pensé que para Sam no había habido nadie más que la difunta Emily Young –y todos creímos que ellos se iban a casar, sólo que un día, Emily, que en paz descanse, visitó a Leah en la reserva –yo sabía que las dos jóvenes habían sido primas, aunque pertenecían a reservas diferentes y que hubo un tiempo en que habían sido bastante unidas, como hermanas –y nada más verla, Sam quedó imprimado en ella. Fue bastante doloroso y difícil para los tres, pues tanto Sam y Emily sufrían por el dolor que le habían causado a Leah pero no podían renunciar a estar juntos, pues eran almas gemelas. Leah, por su parte, trató de tomarlo con toda la fortaleza que poseía, pero terminó volviéndose en esa persona tan agria y resentida que es ahora. Una verdadera lástima, pues antes de todo esto, era una chica dulce, cariñosa y alegre, pero cuando murió su relación con Sam, también murió parte de su alma.
–En síntesis, se amargó.
–Sí, se podría decir así.
–¿Y por qué ayuda ahora a Sam? Si es tanta su amargura, lo lógico sería pensar que lo iba a dejar que se las arreglara como pudiera.
–Leah nunca habla de eso, pero tú sabes que entre los lobos de una manada hay una conexión mental muy fuerte. –asentí con la cabeza, para no interrumpir sus palabras –Así que a veces he podido escuchar algunos de sus pensamientos. Trato de evitarlo, por respeto a su intimidad, pero aún así… Leah nunca ha dejado de amar a Sam, a pesar de que lo ha intentado con ahinco.
–Entonces por amor a él, se encarga de sus hijos… –concluí.
–En parte. Verás, cuando Emily dio a luz a la niña, no murió al instante, sino unas horas después a causa de complicaciones. En el lecho de muerte, Emily le suplicó a Leah que cuidara de su familia, que protegiera a sus hijos y los educara como una madre, como la forma en que ella no iba a poder. También le pidió que no dejara a Sam, que no permitiera que se derrumbara, así que Leah está haciendo todo lo posible para cumplir con lo que le juró a Emily hacer.
–¿Entonces, Leah y Sam…?
–¿Qué si están juntos? Sí, pero no de la manera en que tú piensas. Tal vez algún día terminen haciéndolo, pero por el momento se limitan a ayudarse mutuamente: Leah puede tener los hijos que la vida le niega y Sam, bueno, tiene quien sea una figura maternal para Sam hijo y Mary, porque aunque lo trata, todavía no es capaz de asimilar del todo la ausencia de su mujer. Además Leah no quier terminar siendo el premio de consolación de nadie. O tiene el amor de Sam o prefiere mantener las distancias emocionales con él.
Hubo algo que me llamó la atención en las palabras de Jacob.
–¿Cómo está eso de “los hijos que la vida le niega”?
–Tal vez no debería contártelo, pero confío tanto en ti como para fiarte este secreto: Leah no puede tener hijos; eso también ha sido parte de que sea como es hoy en día.
Sentí tristeza por Leah y por primera vez, pude ver algo más que aquella insufrible cascarrabias. Leah era una mujer hermosísima, pero llena de tantas tragedias que habían terminado por agriar su carácter y eclipsar esa belleza. Tal vez nunca podría llevarme bien con ella del todo, pero por lo menos empezaba a entenderla. Aunque si algún día Leah llegaba a enterarse que sentía compasión por ella, lo más seguro es que tratara de arrancarme la cabeza.
–¿Quieres que vayamos a saludarlos? –dije sin pensar
–No… dejémoslos que disfruten tranquilos su paseo, sé bien que tú y ella se la pasan de pleito, así que mejor vamos a disfrutar un buen rato todos.
–Prometo ser buena con ella.
–¡No! Es más, prométeme que vas a seguir picándola, porque si de pronto cambias tu trato con ella, Leah va a saber que te conté la historia y créeme, lo último que quiero es tener a una mujer-lobo persiguiéndome para arrancarme la cabeza.
Imaginarme la escena me hizo reír.
–Te lo prometo, seguiré comportándome igual o peor con la señorita Clearwater. No quiero que me deje viuda antes de tiempo ja, ja, ja….
Jacob también rió y me abrazó, pero en el inter noté que me lanzó una rara mirada. ¿Se habría incomodado con lo del “dejarme viuda antes de tiempo”? No me atreví a preguntárselo, así que nada más me abracé fuertemente a él.
En ese instante, mi mirada se fijó en un punto como a 30 metros de distancia. Abrí los ojos sorprendida y noté como mi novio se ponía en tensión. Jacob se separó de mí, y empezó a voltear en todas direcciones, buscando aquello que lo había puesto en alerta.
Traté de desviar mi mirada, pero no fui lo demasiado rápida. Jacob lo había visto también, aunque creo que lo había detectado gracias a su aroma.
–¿¡Qué demonios hace aquí?!
–¡Espera! –lo detuve posando mi mano en su muñeca –No te va a dar problemas
–¿Qué quieres decir..?
–¡Jacob! –la voz de Sam interrumpió mi posible respuesta –Ahí está.
–¿Qué demonios pretende hacer esa sanguijuela? –murmuró enseguida Leah.
Fantástico, Sam y Leah también habían detectado la presencia de Awka y estaban más que dispuestos a ir por él.
–Calma, por favor… –les dije en un intento de aligerar la tensión. –Recuerden que no podemos dar un espectáculo en público. De eso dependen muchos secretos –Eso pareció distraerlos un momento. –Awka es pacífico, no quiere causar ningún daño.
–¿Awka? –Jacob pronunció sarcásticamente mientras tres pares de ojos oscuros me miraban fijamente –¿Cómo demonios sabes su nombre?
–Porqué me lo dijo él…
–¿Nessie? – Ese era el tono de voz que usaba cuando estaba a punto de perder la paciencia –¿Qué demonios quiere decir eso?
–Es que… o sea… –Oh, oh, estaba a punto de ganarme una buena bronca con Jake –Anoche no podía dormir y me fui a dar un paseíto por el bosque, ya sabes, una corridita para ver si me llegaba el sueño nuevamente, es que creo que por la excitación de la mudanza yo…
–Niña, deja de estar divagando y ve al grano, ¿cómo conoces a este… Akura, Agua o como se llame? –Leah cortó de tajo mi palabrería.
–Pues que me topé con Awka o él se topó conmigo, pero el caso es que hablé con él. Es hermano de Nahuel –por el gesto de los tres, supe que habían reconocido el nombre –Su hermano le contó acerca de nosotros y despertó su curiosidad, así que vino a conocernos.
Dirigí la mirada hacia donde estaba parado Awka… pero había desaparecido. Era como si los cuatro nos hubiéramos imaginado su presencia.
–Así que no está solo. Nahuel debe venir con él –Sam pronunció quedamente
–Sí, sí está solo. Me contó que Nahuel murió hace un par de años –pude adivinar que se estaban preguntando cómo era aquello posible, pues se suponía que éramos inmortales –Resulta que los de mi especie sí somos vulnerables al fuego y a heridas muy graves. –dije a modo de respuesta a la pregunta que no habían hecho en voz alta.
–No me lo creo. Hemos captado el efluvio de otros dos o tres vampiros y no creo que sea casualidad. Tu amiguito planea algo. –Leah estaba borrando la compasión que había sentido por ella minutos antes. Era imposible.
–No es mi amigo –aclaré el punto –Digamos que, sin ánimos de sonar petulante ni pagada de mi misma –Leah puso los ojos en blanco… se estaba buscando un buen puñetazo de mi parte –Awka siente una especie de admiración por mi existencia. Tiene cierta fascinación por la forma en que vivimos los Cullen.
–Resulta que ahora no solo tengo que aguantar las miradas insinuantes que te dirige Mike Newton –no me había dado cuenta que Mike andaba por ahí, pero Jacob señaló a su dirección, y Mike lo notó, porque volteó la cara hacia otro lado, como apenado de que nos hubiéramos dado cuenta de que me había estado observando –sino que ahora tengo que lidiar con un vampiro acosador con una fijación en ti.
Decidí que eso no se merecía ninguna respuesta, porque lo más seguro es que no pudiera controlar mi mordaz lengua y termináramos peleándonos delante de toda la gente. Resolví que por una vez, dejaría que la prudencia domara mi genio.
–Será mejor regresara casa –dije cansadamente –Creo que ya tuve suficiente de la feria por hoy. Además, ya no hay peligro para esta gente, Awka ya se fue, ya no percibo su aroma.
–Te llevo a casa de tu abuelo.
–No, me voy a mi casa.
–No pienso dejarte sola con esa cosa suelta
–¿Esa cosa? Esa cosa, como tú la llamas, es igual a mí.
Sam y Leah se despidieron rápidamente, pues no querían presenciar el pleito que estaba por venir.
–Nessie, sabes a qué me refiero…
–No, no lo sé… si crees que Awka es un monstruo despiadado, quiere decir que piensas lo mismo que yo. Y así, no sé por qué quieres estar conmigo entonces.
Y para darle fuerza a mis palabras, di la media vuelta en forma casi melodramática y empecé a caminar furiosa hacia la salida de la feria. La cita había terminado estrepitosamente.

5 comentarios:

  1. puuuf tenía muchisimas ganas de leer una entrada nueva, la de Awka me la había leido como 5 veces! jajaja está genial!
    byeee xx

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  2. jajaj muy divertido ya estaba desesperada por este capitulo... no me agrado mucho la idea de ke nessie se fueraa vivir sola pero esta bien y ya muero por ke jacob le cuente todo jaja
    sigue escribiendo

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  3. esta completamente estupendo ya estoy desiando leer lo que sige ere marabilloso

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  4. uffff... el cap esta weniiziimo...! muero x el sgTe...!

    zcribzz fantazticooo!

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