Esa noche, Stan y yo salimos de cacería acompañados de mis padres. Papá insistió en ir con nosotros, alegando que no quería forzar la de por sí tirante situación con los quileutes; lo último que quería era que si nos llegábamos a topar con Jacob y los demás, éstos pensaran que no estábamos cumpliendo a raja tabla con todas las cláusulas del tratado, incluyendo la que se aplicaba exclusivamente a Stan y a mí: no andar a nuestras anchar por los bosques de Forks.
Había sido una salida rápida, lo suficiente como para que la sed de los cuatro se aplacara. Claro, con el clima tan crudo, era complicado conseguir una buena pieza de caza.
Lo cierto es que al principio me había sentido un tanto fuera de lugar. Habían pasado más de cuatro años desde la última vez que había cazado (sin contar el incidente con Claire). Me había habituado a comprar la sangre que necesitaba en una carnicería del Meatpack District mientras viví en Nueva York, así que volver a la alimentación estilo Cullen había sido bastante torpe de mi parte al principio. Papá y Stan tuvieron que ayudarme al ver lo desastroso de mi “técnica”. Lo bueno que, al final, pude agarrar el ritmo; fue como andar en bicicleta, algo que nunca olvidas realmente.
Durante nuestra excursión de cacería, estuve dándole vueltas en la cabeza al cómo abordar a papá para que me contara lo que había hablado con Stan años atrás. No era un tema fácil de tocar, pues a parte de que deseaba tener esa conversación a solas con mi padre, sabía que no iba a ser nada fácil. Mi intuición me decía que esa charla había sido parte importante en la forma en como terminaron desarrollándose las cosas.
En un momento dado, la mirada de papá se encontró con la mía y leí en sus ojos un brillo significativo. Supuse que había leído en mi cabeza mis atribulados pensamientos. Movió la cabeza en un apenas perceptible asentimiento y no se puede decir que me sentí precisamente feliz porque hubiera aceptado, sino más bien nerviosa porque parecía que un viejo secreto sería resuelto.
Al regresar a casa, tuve que llegar directo a la ducha. Había terminado hecha un desastre, toda salpicada de sangre, como si fuera la asesina de una muy mala película de terror. Me bañé a toda prisa y me vestí en el doble de rápido, deseando abordar de una buena vez el tema que me tenía tan inquieta.
Pero parecía que el destino tenía sus propios designios, en los cuales jamás entraba en consideración mis deseos. Esa noche sucedieron dos cosas que postergaron la plática con mi padre.
Primero, mientras yo aún estaba en la ducha, Jacob se había aparecido nuevamente por la cabaña, esta vez sin ánimos de pelea, como después nos relataría papá. El encuentro no se había prolongado mucho, sólo lo suficiente para que Jake le comunicara a mi padre que había comprobado que lo que le había contado sobre la participación de Leah y Rachel en lo de la entrega de las fotos y datos a los de la revista era verdad, así como que había sido Rachel quien había denunciado anónimamente a la policía que yo estaba en Forks.
–El rostro de Jacob estaba desencajado tanto por la furia como por la decepción. –Había dicho mi padre mientras nos relataba lo sucedido en el breve encuentro con Jake –Nunca imaginó que su hermana o Leah pudieran llegar a hacer algo así…
–Me cuesta creer que las dos actuaran tan fácilmente a espaldas de los demás.
–Jacob me contó que ni siquiera Paul sabía lo que su mujer tramaba. Y sé que si Seth hubiera conocido las intenciones de su hermana y de su prima, hubiera hecho hasta lo imposible por detenerlas.
»Sondeé en su mente, vi sus ojos mientras me contaba todo y le creo. Jacob estuvo ajeno a todo plan contra Renesmee.
Opté por guardar silencio. Había conocido a Jacob muy bien durante mucho tiempo y por eso la imagen de él como un ser vengativo y rencoroso no me entraba para nada en la cabeza. Pero nuestros caminos se habían separado de una forma brusca hacía años. Había habido tanto dolor, tanto daño de por medio que, a decir verdad, no podía decir que él siguiera siendo el mismo. ¿O cómo esperar eso cuando yo misma había cambiado tanto que había llegado a un punto que no era capaz de reconocer mi propio reflejo en el espejo?
Papá nos contó además, que las cosas habían regresado por lo menos a un punto de no agresión. El resto de la manada seguía sin fiarse de nosotros, y preferían que nos largáramos cuanto antes de ahí, pero en vista de que tanto Leah como Charlie habían desaparecido misteriosamente el mismo día, y en la participación de ésta en el complot en mi contra, una vez más quileutes y vampiros íbamos a tener que trabajar unidos. Por lo pronto, la cláusula de “No agresión” seguía vigente y lo siguiente sería empezar a averiguar dónde estaban Leah y Charlie, si alguien (o algo) los tenía en su poder y por qué.
Yo tenía esa sensación extraña de que algo no andaba bien, pero no podía definir el qué o el por qué. Las palabras del mensaje de tío Emmett de que la desaparición del abuelo Charlie apestaba a lobo y Vulturi no dejaban de dar vuelta en mi cabeza. Di un largo suspiro mientras decidía dejar eso para el día siguiente, por lo pronto papá y yo teníamos una charla pendiente.
La visita de Jacob no fue lo único que evitó que papá y yo habláramos. Durante el transcurso de la noche, tía Alice tuvo una visión bastante aterradora: los tíos de Denali serían atacados.
–¡Maldita sea! ¿Es que no piensan dejarnos en paz? –masculló papá con furia. Por la forma en que fruncía el ceño, supuse que había “leído” en la mente de tía Alice la magnitud de sus visiones.
–Tenemos que ir en su ayuda. No podemos permitir que les suceda algo a Tanya y los demás… Son nuestra familia. –Había dicho apasionadamente mi madre.
–Tenemos que partir cuanto antes. Tenemos el tiempo justo para llegar y evitar que los Vulturis acaben con ellos –pronunció con un leve tartamudeo tía Alice. Me pregunté que tan horribles serían las imágenes de su cabeza que le habían hecho trastrabillar al hablar.
–Pues andando –agregué con urgencia. La perspectiva de perder a más miembros era insoportable. Aún escocía la muerte de tía Rose y tío Eleazar, y la desaparición del abuelo Charlie no estaba haciendo mucho por mi paz mental. Dejar que mis tíos de Denali sufrieran algún daño estaba fuera de todo lugar.
–Un momento señorita… –me paró en seco papá –Tú no vas a ningún lado.
–¡¿Queeé?! Pe-pe-pero papá…
–Ningún pero. Te vas a quedar fuera de esto, y nada de lo que me digas me hará cambiar de opinión –Agregó rápidamente, frustrando toda queja de mi parte. –No pienso permitir que te expongas de esta manera, poniéndote prácticamente al alcance de los Vulturis.
»Ellos vienen por ti, eres su objetivo principal, así que arrastrarte al campo de batalla sería un movimiento bastante estúpido de nuestra parte.
–Pero puedo ayudar…
–Renesmee, entiende, hemos pasado por mucho para mantenerte a salvo como para arriesgarnos a que en medio de la pelea, alguno de los italianos aproveche un descuido de nuestra parte y te haga daño o te secuestre.
»Y no lo tomes a mal, pero dudo que en estos momentos puedas ayudar en mucho. –Abrí los ojos como platos, mientras papá se iba como hilo de media con sus palabras –Aún no estás físicamente fuerte y tampoco creo que estés en forma como para enfrentar una pelea de la magnitud que se nos viene encima.
–Supongo que mamá no va tampoco, entonces.
–Ella va con nosotros. Necesitamos su don para inclinar la balanza a nuestro favor.
–Edward, –intervino mi madre –¿y quién se va a quedar con nuestra hija? No podemos dejarla sola.
–Tiene razón mamá, ¿qué tal que los lobos aprovechan su ausencia y vienen por mi? –ok, era un golpe bajo, pero tenía qué aferrarme a lo que fuera con al de que no me dejaran por fuera de la acción.
–Ellos no harán tal cosa. Jacob jamás lo permitiría cuando el tratado sigue vigente. Y por eso mismo, es más seguro que te quedes aquí, porque los Vulturis jamás se arriesgarían a internarse al territorio de los lobos sabiendo lo peligrosos que pueden llegar a ser como rivales en la lucha.
Papá hizo una pausa que se me antojó un tanto dramática. Los demás se habían puesto en acción, moviéndose de aquí para allá a toda velocidad, alistándose para salir rumbo a Denali. Me imaginé el interior de la cabeza de papá, trabajando con tal celeridad y precisión como la maquinaria de un reloj suizo.
–Stanislav… –pronunció al fin papá, mientras el susodicho se dirigía a la puerta. Stan se detuvo justo en el quicio, con gesto levemente sorprendido.
–¿Si?
–Tú también te quedas.
–Creo que puedo ser de más utilidad si los acompaño. Yo…
–Eres de más utilidad cuidando a Renesmee. Necesito que la protejas mientras estamos fuera. Además, ese fue el trato, ¿no?
Parpadeé perpleja. Eso sonaba como si la función de Stan fuera ser mi niñera-guarura permanente. ¿Y luego qué era eso del trato? ¿A qué trato se referían?
–Antes de que te imagines algo que no es, será mejor que te lo aclare –agregó papá rápidamente –Una de las condiciones que le puse a Stanislav para no echarlo de aquí es que se encargue de tu seguridad… Mal que bien, él hizo lo mismo mientras estuviste con los Vulturis y por lo menos ellos regresaste físicamente entera.
»Además, reconozco mis limitaciones, y una de ellas es no poder partirme en dos para cuidar tanto de tu madre como de ti. Las dos son el codiciado botín por el que nuestos “amigos” han luchado durante años.
Fruncí el ceño. Por lo visto, papá nunca dejaría de verme como una niña pequeña a la que había que cuidar entre algodones, pero decidí dejar pasar de largo cualquier comentario. El momento no estaba como para que yo protestara por la tendencia a la sobreprotección por parte de mis padres.
Y no podía negar que no dejaba de sorprenderme que, a pesar del recelo con el que aún lo veía, papá pusiera en manos de Stan mi seguridad. O era que papá estaba muy desesperado o simplemente había comprendido que Stanislav no era nuestro enemigo.
Noté que mamá miraba a mi padre de una forma bastante peculiar, y enseguida él agregó:
–Y tú también te quedas, Alice.
–¿Y yo por qué?
–Porque eres la única que pude predecir cualquier ataque de los Vulturis. Si ellos decidieran venir hacia acá, podrías verlo y poner a salvo a Renesmee…
–¿Nada más por eso? –preguntó irónica tía Alice.
–Y porque no soy tan tonto ni tan liberal como para dejar a mi hija y a su novio solos, lejos de toda civilización y en una cabaña que puede ser el marco perfecto para la seducción.
Sentí que me ponía roja desde la raíz del pelo hasta el dedo gordo del pie. Tío Jasper soltó una risita desde fuera de la casa mientras mamá reprendía a papá con un “¡Edward!”. No estuve segura si lo que me hizo sonrojar fue el comentario de Stan y yo solos, o que se refiriera a él como mi novio.
No hubo tiempo de replicar nada más, ya que todos se estaban poniendo en acción para partir en ayuda de los tíos de Denali. Todo fue tan rápido que para cuando me vine a dar cuenta, ya estaba afuera de la cabaña, escoltada por Stan y Tía Alice, mientras les decía “adiós” a mis padres y los demás.
Mientras agitaba la mano y observaba cómo iban alejándose las luces traseras del auto de tío Jasper a toda velocidad, en mi cabeza empecé a recitar las oraciones que el abuelo Carlisle me había enseñado de pequeña. Puse mi fe en que el cielo escucharía mis plegarías y protegería a mi familia; quería creer que podía hacerlo, aún cuando no estaba segura de que tuviera derecho a ello.
–No llores… todos van a regresar.
No me había percatado que un par de lágrimas cruzaban mi rostro. Me las limpié con el dorso de la mano, mientras con voz algo pastosa respondía a tía Alice.
–Lo has visto.
–No, pero me aferro a creer que podrán cambiar el curso del destino.
Las horas siguientes las pasé con el alma en vilo, rezando, implorando por el bienestar de toda mi familia. Era tal mi preocupación que no podía emitir ni una sola palabra, me dolía hasta respirar.
Stan se mantuvo a mi lado, aunque al mismo tiempo intentaba comunicarse con tío Emmett; era necesario que supiéramos exactamente lo que había querido decir en el críptico mensaje que había enviado. No podíamos darnos el lujo de malentender las cosas cuando la situación con los quileutes era tan tirante.
Mientras tanto, tía Alice estaba usando su don al máximo, tratando de ver cómo se desarrollarían los acontecimientos en Denali; y no sólo eso, también trataba de mirar en dirección de tío Emmett y de los Vulturis. No decía ni una palabra, pero su rostro era baste expresivo; su ceño se fruncía de tal manera que hacía que mis niveles de ansiedad alcanzaras nuevas cotas.
–¡Maldita sea! –pronunció al fin, mascullando las palabras como si fueran una palabrota.
–¿Qué pasa, tía?
–Emmett… otra vez tengo interferencia para verlo.
–¿Cómo que otra vez?
–A veces sucede… simplemente desaparece del radar.
Enarqué la ceja, un tanto confundida. Yo sabía que había dos formas para que alguien pudiera desaparecer del don de tía Alice, una era la muerte y la otra, que el destino de quien se estaba observando se entrelazara con el de uno de los quieutes. Entonces eso significaría que… ¿sería posible que tío Emmett se hubiera topado con Leah? Podía ser, pero tía Alice había dicho que otra vez había tenido interferencia para verlo. Eso significaba que no era la primera vez que le sucedía.
–¿Qué quieres decir con que “a veces sucede”? –me atreví a preguntar al fin.
–Que en el grupo de Emmett hay un cambia-formas –intervino Stan.
–¿Cambia-formas? ¿Un lobo como los quileutes?
–No, nada de lobos. Zeke es mucho más… especial. –Pronunció esbozando una sonrisa torcida.
Estoy segura que puse una mueca que reflejaba mi perplejidad. Incluso, me quedé boqui-abierta por unos segundos. ¿Cómo que ese cambia-formas en el grupo de tío Emmett era más especial? ¿Existirían otros allá afuera? O más bien, ¿qué otros monstruos rondarían ocultos del mundo humano?
Estuve a punto de hacer las preguntas en voz alta, pero el jadeo horrorizado de tía Alice truncó mis intenciones.
–¿Qué sucede?
–No… no, tengo que hablar con tu padre…. El teléfono, ¡rápido!
–Tía, ¿qué pasa?
Me ignoró mientras buscaba el móvil entre los cojines del sillón. Una vez que lo encontró, marcó las teclas del aparato a tal velocidad que ni siquiera podía ver los movimientos de los dedos.
–¿Edward? Sí… todo bien aquí, pero acabo de ver algo… Es Tanya. No va a lograrlo, uno de ellos logra acabar con ella.
Se me puso la piel de gallina al escuchar las palabras de mi tía. Tanya, una de las tías de Denali caía en la batalla. Involuntariamente vino a mi mente los recuerdos de cuando tío Eleazar había ido en mi rescate a Volterra y la forma tan cruel como habían acabado con él.
Mi tía colgó, asegurándole a mi padre que todo estaba bien en la cabaña, es más, que todo estaría bien con nosotros, pues no había “visto” que los Vulturis decidieran venir a atacarnos.
El silencio se instaló nuevamente, cargando el ambiente de tensión y desazón. El panorama no era nada alentador. Apreté los ojos, mientras elevaba una nueva plegaria al cielo, pidiendo que fuera posible cambiar el futuro que había visualizado tía Alice. Ésta, por su parte, empezó a moverse inquieta, de un lado a otro por la cabaña.
–¿A dónde vas? –preguntó Stan, al ver que tía Alice abría la puerta, con clara intención de salir.
–Necesito un respiro, un tiempo a solas… Me estoy volviendo loca con tantas visiones, tantos lugares que observar al mismo tiempo… Sólo… sólo quiero estar sola. No iré lejos…
No me sentí capaz de detenerla, se merecía el respiro que pedía. Nunca me había detenido realmente a pensar lo difícil que podía llegar a ser para mi tía poseer un don como el suyo, tener la capacidad de ver en el futuro y a pesar de ello, no tener la seguridad de poder evitar tragedias y desastres.
Me hice un ovillo en el sillón, mirando el exterior por la ventana, viendo la pequeña figura de tía Alice cargada de tensión, parada inmóvil como estatua. Me pregunté qué más rondaría por su cabeza, que más había que no nos dijo. Pero por una vez, me guardé mis preguntas para mí misma, temerosa de lo que pudiera descubrir.
En algún momento de la madrugada, había logrado quedarme dormida. Abrí los ojos, un tanto desorientada sin poderme acordar cómo había llegado a la cama. Al final, supuse que habría sido Stan o tía Alice quien me habría llevado a la habitación, pues lo último que recordaba era haber estado en la sala, en compañía de ellos a la espera de cualquier noticia.
Me lavé la cara con agua fría y me cepillé los dientes a toda velocidad. Aún no me acostumbraba a tener de nuevo una larga melena, incluso me costaba acostumbrarme a mi nuevo reflejo en el espejo. Me recogí el pelo en una coleta descuidada, mientras me vestía con un par de jeans y una sencilla blusa de algodón azul marino. No tenía ni tiempo ni ánimos como para reparar demasiado en mi aspecto, habiendo tantas cosas importantes de las cuales ocuparse; como en ese momento, que lo único que me importaba era reunirme con mi tía y con Stan para saber si había alguna novedad.
Los encontré en la sala. Ella con la mirada perdida en el espacio, como si estuviera nuevamente en trance; él, con móvil en el teléfono, hablando en checo a través de él.
–Potřebuju s tebou mluvit Emmett, je naléhavá. Kde je teď? ... Chápu, ale je důležité dostat se do kontaktu s ním…
Identifiqué el nombre de mi tío en medio de las frases. ¿Habría podido encontrarlo al fin?
Stan sintió mi presencia. Ladeó el rostro hacia mí, dirigiéndome apenas una leve sonrisa. Esperé con paciencia a que terminara la llamada antes de preguntarle qué había pasado durante mis horas de sueño.
–Budu-li zkontrolovat. Zatím.
–¿Y bien? –pregunté mientras él presionaba la tecla para finalizar la llamada.
–Nada. Emmett sigue fuera, es imposible ponerse en contacto con él.
–Demonios, parece que no tenemos la suerte de nuestro lado… Y, ¿ella?
–No sé –pronunció mientras encogía los hombros para enfatizar sus palabras –Tiene un rato así.
–Y podría estar más tiempo así, concentrada en ver lo que puede suceder si ustedes se callaran –pronunció con los labios apretados tía Alice, aflojando la postura mientras enfocaba su mirada en nosotros. –En fin las cosas no han cambiado mucho así que… supongo que puedo tomar un descanso. ¿Ya desayunaste, sobrina?
–¿Eh?
–Tu padre me dio órdenes expresas de que tengo que cerciorarme que te alimentas bien, y no únicamente con la dieta familiar.
Fruncí el ceño. Otra vez iban a empezar con la letanía de mi peso, de que si estaba pálida y debilucha. Suspiré, sin el menor deseo de comenzar con la discusión de siempre, así que me di media vuelta y me dirigí a hacerme algo de comer en la cocina. Me preparé una tasa de café y un sándwich; no tenía hambre, pero supuse que con ese desayuno tranquilizaría a mi tía.
Tía Alice frunció el ceño al ver lo que me había preparado, pero no dijo nada al respecto. Si por ella hubiera sido, me habría hecho comerme por lo menos media docena de huevos y una canasta completa de frutas.
–¿Ha pasado algo mientras estuve dormida? –pregunté antes de darle una mordida al emparedado.
–Nada, realmente. He estado tratando de ver y…. todo sigue igual.
–Entonces, ¿qué hacemos ahora?
–Esperar, es todo lo que nos queda por hacer.
–Nunca se me ha dado bien lo de esperar.
–Lo sé, pero no hay más.
–Me voy a subir por las paredes de la preocupación –dije, frustrada. Sentía que quedarme ahí, sin hacer nada, era una total pérdida de tiempo.
Más a fuerzas que con gusto, terminé mi improvisado desayuno. Me moví inquieta, de un lado a otro, demasiado ansiosa como para permanecer en un solo lado. Pensé leer un rato, pero recordé que el único libro a la mano era el que me había regalado tía Alice, y sinceramente, que abochornaba un poco que Stan me viera con él.
–¿Podrías dejar de tronarte los dedos, por favor? Me estas poniendo más nerviosa, Renesmee.
–¡Ups! Perdón, no me había dado cuenta…
–Sólo… sólo trata de estarte quiera un rato, ¿quieres? –pronunció con irritación. No recordaba alguna vez que la tía Alice se pusiera así de quisquillosa, y eso aumentó mi tensión; por lo general, ella se mostraba más apacible. Entendí que la magnitud de sus visiones eran mucho más serias de lo que me había imaginado.
–Renesmee, vamos fuera, ¿quieres?
–¿?
–Tu tía necesita un respiro y tú sacar la tensión. Así que, ¿por qué no vamos a entrenar un rato?
–Errr… sí, creo que es una buena idea… ¿Tía…?
–Sí, si vayan…
Stan me tomó de la mano y de un salto me puso de pié para encaminarnos al exterior. No puse resistencia ni protesté, porque la perspectiva de salir de la cabaña y poder respirar un poco de aire se me antojaba un buen remedio para la inquietud que sentía. Y agregándole una sesión de duro entrenamiento físico, bueno era como la guinda del pastel para combatir la ansiedad que sentía desde la partida de mis padres y los demás a Denali.
–Gracias. –Pronuncié al fin, cuando nos habíamos alejado apenas unos diez metros de la cabaña.
–Necesitabas salir de ahí. La ansiedad te está matando, y si mal lo recuerdo, cuando estás ansiosa, inmediatamente te pones pesada. –Dijo burlón.
–¡Claro que no!–A manera de respuesta, le di un puñetazo en el hombro. Sabía que la puya de Stan era una forma de hacer que por un momento me olvidara de mis problemas.
–¡Ouch! Pegas duro… –pronunció mientras se acariciaba con gesto exagerado ahí donde le había golpeado.
–Y lo que te espera…
–¿Ah, sí? En marcha, entonces… veamos qué tienes para mí, princesa. –Pronunció divertido, usando el adjetivo que solía decirme en Italia cuando quería hacerme enojar.
Y sin más, nos enzarzamos de lleno en el entrenamiento.
Patadas, puñetazos, saltos. La adrenalina del combate era por demás liberadora; la ansiedad, los nervios y la preocupación habían desaparecido de mi mente, y en esos momentos, en lo único que pensaba era en derribar a Stanislav. Era divertido tratar de derrotarlo y abollar un poco del excesivo ego que poseía. Siempre había sido así entre nosotros, esa camadería un tanto ruda. Y agradecía haberla recuperado, tener cerca a Stan en esos momentos era un gran alivio; si él no estuviera ahí, en esos momentos conmigo, bueno, no podía ni imaginarlo siquiera…. Stan había sido mi roca durante la parte más dura mientras estuve con los Vulturi, y nuevamente, lo volvía a ser en medio de la crisis familiar que atravesábamos.
En eso pensaba mientras lanzaba una patada al plexo solar de Stan, quien de pronto se había quedado muy quieto, por lo que mi golpe lo tomó desprevenido, haciendo que su perfecto trasero diera de pleno en el suelo.
–¡Ja! Te gané…
–Shhh… –pronunció, ignorando mi proclamación de victoria –Tenemos compañía.
–¿Qué…?
A toda velocidad, Stan se puso de pié y se colocó delante de mí, como si se tratara de una especie de escudo protector. Fue inevitable no ponerme nerviosa nuevamente.
–Es uno de ellos… –susurró mientras ladeaba el rostro hacia mí.
–¿De quién…?
–Lobos.
Nuevamente sentí una oleada de aprensión. Jacob había ido la noche anterior a hablar con mi padre, así que dudaba que hubiera regresado nuevamente… a menos que hubiera un buen motivo para ello.
Aunque también existía la posibilidad que fuera cualquiera de los otros chicos.
–¿Qué quieres? –gritó con autoridad Stanislav. Yo no veía a nadie, pero supuse que nuestro visitante estaría no muy lejos de nosotros.
Esperamos lo que me pareció una eternidad. Escuché a mi espalda cómo se abría la puerta de la cabaña. Tía Alice también había salido; si había un quileute cerca, entonces sus visiones se habían visto truncadas.
Había un camino, o mejor dicho, apenas una brecha entre los árboles cubiertos de nieve, por la cual apareció una figura apenas cubierta por un par de desgastados vaqueros y una camiseta de algodón gris que había visto sus mejores días tiempo atrás.
Me costó un poco reconocerlo, pues nuestros últimos encuentros habían sido él en forma de lobo y yo detrás de papá o de Stan (como en esos momentos), en un intento de ellos de protegerme de cualquier posible agresión.
–Seth… –pronuncié casi en un susurró, un tanto sorprendida por su presencia.
Tiempo atrás, había sido un gran amigo de toda mi familia, incluyéndome yo misma. Durante el tiempo que había vivido en La Push, había sido el único a parte de Jake, en el que había podido apoyarme cuando los demás recelaban mi presencia.
Pero habían pasado muchos años y muchas cosas desde entonces. No podía estar segura de cómo estaban las cosas entre nosotros, si aún me veía como una vieja amiga o si su percepción de mí había cambiado por completo, si él también me odiaba como el resto de su pueblo.
–Hola... Yo… yo… –Seth se rascó la cabeza, en un gesto un tanto nervioso. No sabía a qué había ido, pero cualquier que fuera el motivo, era bastante incómodo para él.
–Hola, Seth –respondí con el que esperé que fuera un tono calmado. Con paso lento, caminé hacia él, abandonando la protección que me proporcionaba el firme cuerpo de Stanislav ante cualquier posible ataque. –Yo… me alegra verte, aunque sinceramente no esperaba que vinieras por aquí.
–Lo sé, es sólo que… bueno, quería hablar con ustedes. Con todos. –Pronunció, deslizando la mirada hacia tía Alice, que en menos de un suspiro se encontraba a mi lado.
–Hola, Seth… Creo que no va a ser posible. El resto ha salido… mmm tenían que resolver algunos asuntos. –mi tía fue cuidadosa de no dejar entrever que la ausencia podía ser prolongada. Aunque estimábamos a Seth, no podíamos evitar tomar precauciones sobre lo que decíamos; después de todo, él era un quileute y tenía un líder al qué obedecer.
–No vienes sólo. –pronunció Stan a su vez, con hosquedad.
–No, no vengo sólo… Alguien me acompaña.
–¿Viene alguno de los otros chicos contigo?
–Es un humano –respondió Stan por él.
–Emma. Ella me ha pedido venir conmigo.
Me sorprendí. ¿Por qué querría Emma acompañarle? Dudaba que ella supiera la verdad sobre mi familia y sobre mí, y aunque así fuera, no tenía sentido su presencia. ¿Se sentiría amenazada por mi regreso? Bueno, hasta donde yo tenía entendido, ella era ahora la pareja de Jacob, y yo había desaparecido demasiado tiempo atrás como para que se sintiera amenazada por mí.
–¿Por qué?
–Porque quiere hablar contigo, Renesmee.
Fruncí el ceño, confundida.
–¿Tú y… Emma quieren hablar con nosotros? –preguntó tía Alice, con un tono de voz que no dejaba lugar a dudas que le parecía bastante extraña la situación.
–No, no… yo quiero hablar con todos ustedes. Emma únicamente quiere hablar con Nessie.
–No se si sea una buena idea...
–Por favor, escúchenme. He venido para pedirles una disculpa por lo sucedido ayer… Siempre los he considerado mis amigos, y estos últimos días han sido una locura, lanzándonos acusaciones de un lado a otro, sospechando de todo.
–Es difícil creerlo cuando ayer parecías bastante dispuesto a atacarnos.
–Lo siento, Alice, de verdad. Y creéme, jamás hubiera podido hacer nada contra ustedes. Si vine, fue para tratar de mediar las cosas entre los demás y ustedes.
»No olvido los años de amistad entre nosotros y es muy duro todo esto. Odio estar en medio de mis hermanos y de mis amigos, pero, entiéndanme por favor. Los quileutes son mi pueblo, mi familia, simplemente no puedo darles la espalda.
–Lo entendemos, pero tampoco puedes esperar que nos quedemos con los brazos cruzados mientras es evidente que buena parte de la manada se muere por hincarnos el diente. No puedes creer que Edward y Bella se van a quedar sin hacer nada mientras tratan de hacerle daño a su hija.
–Yo jamás le haría daño a Nessie… jamás te lo haría, de verdad.
–¿Y a mi abuelo? ¿A él sí le harían daño? –dije sin pensarlo. En cuanto terminé de pronunciarlas, me arrepentí de haber dicho esas palabras.
–Te refieres a Charlie, ¿verdad? –dijo en tono triste, como si le hubiera lastimado con lo que había dicho –Claro que jamás le haríamos daño a Charlie. Sabes que siempre le hemos estimado, no sólo por ser un gran amigo del pueblo. He llegado a estimarlo muchísimo por la relación que tiene con mi madre. Ella está destrozada por su desaparición.
–Y por la de Leah, también, ¿no?
–Sí. No saber nada de ellos está volviéndola loca de dolor.
–Pero ella se ha llevado a mi abuelo. Sabrá Dios por qué decidió tomarlo como rehén de su venganza…
–Nessie, por favor, es de mi hermana de quién estamos hablando. Tal vez no sea la mujer más fácil de entender, pero ella ha sufrido mucho. Y aún así, se que ella jamás le haría daño a Charlie a propósito.
»Quien se ha llevado a tu abuelo, también ha hecho lo mismo con mi hermana. Ella lo estaba cuidando esa noche, ¿lo recuerdas?
No respondí. No podía dejar de ser escéptica en cuanto a la participación de Leah en la misteriosa desaparición de mi abuelo. Ok, no era bueno lanzar acusaciones sin tener las pruebas necesarias para ello, pero no podía impedirlo… Sabía el gran rencor que la loba había ido acumulando en contra de mi familia y de mí, así que de alguna forma era natural que mis sospechas dieran con ella.
–En fin… lo último que quiero es venir a pelear con ustedes. Simplemente quiero que sepan que no tengo nada contra ustedes, es más, creo que vamos a tener que luchar nuevamente codo a codo si queremos recuperar a Charlie y a mi hermana. Aún los considero mis amigos y haré todo lo que esté de mi parte para mediar la situación con el resto de la manada.
–Gracias, Seth –respondió tía Alice –Sé que no es fácil para ti, no lo es ni siquiera para nosotros… Encontraremos la forma de solucionar las cosas; no nos gusta estar enfrentados con ustedes, menos cuando hemos pasado por tantas cosas juntos.
–¿Cuándo regresan los demás? De verdad, quiero hablar con todos ustedes y dejarles en claro mi posición. Jamás haré nada que pueda perjudicarles.
–Más tarde –tía Alice seguía respondiendo con cautela sobre el regreso de mi familia. –Les diré que quieres hablar con ellos. Prometo llamarte en cuanto sea posible.
–Gracias… bueno, supongo que será mejor regresar a casa.
–¿Y Emma? –dije de pronto, recordando que la doctora le había acompañado, aunque no estaba ahí presente. –Dijiste que quería hablar conmigo.
–Oh, sí… lo había olvidado por un momento. ¿Y bien? ¿Quieres hacerlo?
–Yo…
–No te sientas presionada. Si no quieres, no hay problema
–Bueno, supongo que no ha sido fácil para ella venir hasta acá, así que… ¿Dónde está ella?
–Me está esperando, no lejos de aquí.
–Vamos pues.
–Espera –pronunció Stan, tomándome por le antebrazo –¿Crees que sea una buena idea?
–Stan… Seth a dicho que no piensa hacernos daño
Stan no respondió, pero no necesitó hacerlo. Con un simple vistazo a sus ojos, supe que él no estaba seguro de las buenas intenciones de Seth. Claro, él no conocía al quileute como yo, era natural su recelo.
–Todo va a estar bien, te lo prometo… Regresaré pronto.
Posé mi mano en su hombro para darle un suave apretón, antes de reanudar mi marcha. Le lancé una rápida mirada a tía Alice, quien me miraba con el rostro serio. Tampoco creía que fuera una buena idea, pero no intentó detenerme.
Avancé al lado de Seth, sumidos en silencio, cada uno con su propio pensamiento. Nos habíamos alejado unos metros de la cabaña, cuando al fin Seth fue el primero en hablar.
–¿No sigue, verdad? –no necesité que me dijera su nombre, rápidamente comprendí a quién se refería –Supongo que es difícil para un vampiro fiarse de las buenas intenciones de un lobo.
–Lo siento… Stan a veces es un poco sobre-protector. Además, él no te conoce como tan bien como tía Alice y como yo; se toma muy a pecho su papel de mi guardián.
–No pasa nada… Supongo que cuando se quiere tanto a alguien, es imposible no tratar de protegerle todo el tiempo y de todo aquello que pueda hacerle daño, por más pequeño que sea.
–Tú no eres pequeño, precisamente. Y tampoco quieres hacerme daño
–Gracias por creerme… Y bueno, ¿finjo que no me he dado cuenta de que tu novio nos sigue o…?
–Stan no es mi novio… –atajé de inmediato, mientras Seth me dedicaba una mirada un tanto incrédula.
Era extraño que aquellos que me rodeaban empezaran a etiquetar a Stan como mi “novio” cuando no era así. Sinceramente, ponerle un nombre a nuestra relación era complicado. Sabía que yo le importaba, que se interesaba en mí, incluso, era muy consciente que Stanislav me deseaba. No iba a hacerme la tonta, fingir que no lo sabía… pero, eso no significaba que sintiera algo más profundo por mí. Nunca me había dicho que me quisiera, mucho menos que me amara. Es más, cuando yo me había atrevido a reconocer que lo amaba, él simplemente minimizó mis sentimientos y se fue. Dejándome con el corazón roto y un vacío que nunca pude llenar, a pesar de mis desesperados intentos por lograrlo.
Caminamos un poco más en silencio hasta detenernos justo donde Emma nos esperaba.
Me sorprendió un poco ver lo poco que había cambiado con los años, es más, me dio cierta envidia observar cómo la belleza serena de Emma seguía intacta, intensificada por una mirada profunda, llena de madurez. Llevaba el cabello negro sujeto en una trenza, vestida con una gruesa chamarra negra con capucha, un par de sencillos jeans grises y unas botas para la nieve. Tenía las manos metidas en los bolsillos de las chamarras, supuse que para calentarlas un poco, resguardándolas del aire frío.
Dudé un momento en acercarme, pero al final decidí terminar con eso. Ya había llegado hasta ahí como para echarme para atrás en el último momento; asimismo, imaginé que tampoco había sido fácil para Emma tomar la decisión de ir a verme,
“Así que, al mal paso darle prisa”, pensé mientras reducía la distancia que había entre la doctora y yo.
–Renesmee…
–Emma…
–Supongo que querrán que las deje a solas.
–Por favor, primo… No tardaré mucho, lo prometo, sólo dame unos minutos, ¿quieres?
–Está bien… estaré por… por allá. –dijo haciendo un ligero movimiento de cabeza hacia su derecha.
Esperamos lo suficiente a que Seth se alejara, aunque yo sabía que mi viejo amigo tenía un oído tan fino que bien podría escucharnos a metros y metros de distancia. Y luego estaba Stan, que estaba escondido en alguna de las copas de los árboles, sin perderme de vista de un segundo.
Me sentí un poco culpable con Emma, pues ella había querido intimidad en nuestro encuentro, pero no podía advertirle que no iba a ser posible, no cuando había un vampiro y un cambia-formas tan cerca. Claro, no podía decirle eso, pues aunque ella sabía lo que había sido Sam en vida, dudaba que estuviera al tanto que Seth también fuera capaz de transformarse en lobo.
–Seth dijo que querías hablar conmigo.
–Así es.
–Y es sobre…
–¿Has vuelto por Jacob?
–Vaya, qué directa.
–Lo siento, pero no tiene sentido andarnos con rodeos.
–Eso veo.
–¿Y bien? ¿Has regresado para recuperar tu lugar en su vida?
–¿Y si así fuera, qué? No sé que tendría que ver eso contigo.
Decidí fingir que desconocía la relación de Emma con Jacob. Quería ver qué cartas estaba dispuesta a jugar la mujer.
A decir verdad, me sorprendía un poco que ella me hubiera abordado de forma tan directa; no encajaba con la Emma del pasado. Años atrás, se había hecho a un lado sin dar pelea ni armar alboroto cuando regresé y me instalé al lado de Jacob. En ese entonces, yo sabía que Emma y Jake habían empezado a acercarse, así que egoístamente me reaparecí con el firme propósito de recuperar aquello que era mío, sin importarme en lo más mínimo si era lo mejor o no para Jacob.
–Tal vez no tenga nada que ver conmigo… tal vez no soy nadie para preguntarte esto.
–¿Y por qué lo haces?
–Porque Jacob me importa, me importa muchísimo y no quiero verlo sufrir una vez más por ti.
–¿Te importa o… más bien lo amas?
–Eso no es relevante… mis sentimientos están al margen de todo esto.
–No lo creo. Si decidiste meter tu cuchara en esto, es porque esperas obtener algo a cambio.
–Lo único que quiero es que Jacob sea feliz, que no salga lastimado nuevamente por ti.
–Yo jamás le haría daño a Jake.
–Tal vez no a propósito pero… La última vez que estuviste aquí, él salió muy mal parado. Que lo dejaras estuvo a punto de matarlo… Fue… fue una época demasiado triste, demasiado dura para él. No quiero que tenga que volver a pasar por algo así una vez más. Por eso te pregunto, ¿has vuelto por él? ¿Has decidido regresar para siempre a su lado?
–Yo no…no lo creo. –Respondí después de un breve silencio.
–¿No estás segura?
Me sentí incómoda sabiendo que Stanislav me escuchaba y podía malinterpretar mis problemas, acarreándome un nuevo problema justo cuando habíamos hecho las paces.
–Emma, si lo que quieres saber es si una vez más pienso interponerme entre tú y Jacob, puedes estar tranquila. Sé que le hice mucho daño, sé que lo lastimé de todas las maneras posibles, así que pensar en una nueva relación con Jacob sería algo bastante egoísta de mi parte y bastante estúpido por parte de él.
»Sé que arruiné cualquier oportunidad que tuviera de ser feliz al lado de Jacob y lo asumo con todas sus consecuencias. No pretendo volver a meterme entre ustedes, tal y como lo hice años atrás.
–¿De qué hablas? Nosotros n-n-no…
–Sé que hace más de cuatro años, mientras ayudabas a Jacob a recuperarse de las heridas de aquel accidente, tú y él se acercaron demasiado, estaba surgiendo algo especial entre ustedes dos.
»Y fue precisamente por eso que regresé. Porque había considerado a Jacob algo mío durante muchos años; era demasiado egoísta y mimada como para permitir que él fuera feliz con alguien que no fuera yo. Vine dispuesta a acabar con cualquier cosa que hubiera entre ustedes, a destruirte si fuera necesario.
–Yo nunca fui, ni seré rival para ti. –Pronunció mientras me miraba sorprendida.
–No te menosprecies Emma, eres una mujer muy hermosa, una mujer inteligente y madura.
–Eso no significa que Jacob pueda llegar a mirarme del modo en que te miraba a ti.
–Eso no lo sé… pero lo que sí sé es que hay cosas que sí le puedes dar que yo no.
–¿Como qué?
–Paz, felicidad… y un hijo.
–Jacob no es tan vil como para despreciarte por lo que sucedió… Tú eres la mujer a la que ama, más allá de si puedes tener hijos o no.
–Dudo que Jacob me amé… no creo que pueda después de tanto daño. Dudo que quede algo de ese amor por mí, cuando yo misma me desprecio por lo que le hice.
Nos quedamos calladas, sin saber qué decir. La conversación era incómoda, pero supuse que era algo que Emma necesitaba y que yo le debía.
–¿Me culpas por no haber podido salvar a tu bebé? –Me preguntó al fin, y pude ver en su mirada cierta tristeza.
–No. Sé que no tuviste nada que ver en eso… hiciste lo que pudiste, dadas las circunstancias. Créeme, en todo caso, la culpa de la muerte de… de Isaiah, es mía. Sé que eres una buena persona, que eres una doctora con un alto sentido de la ética; cualquier sentimiento que pudieras tener contra mí, lo dejaste de lado aquella noche para salvar mi vida y tratar de salvar la de mi hijo.
Lo cierto es que durante los primeros días, sí había creído que Emma había dejado que Isaiah muriera y que yo no pudiera volver a embarazarme. Había tenido la idea de que ella me odiaba tanto pro haberle arrebatado a Jacob, que se había vengado de mí. Así que, aprovechando una de las veces que había ido a revisarme, que usé mi don para accesar a los recuerdos de esa noche. Descubrí la culpabilidad que sentía por no haber podido salvar a mi bebé, por no haber podido hacer más de lo humanamente posible para que Isaiah viviera. Le dolía ver a Jacob destrozado e incluso, sentía pena por mí, por haber perdido a mi hijo y que las posibilidades de tener otro se vieran reducidas cero.
–¿Puedo darte un consejo? –continué. Emma enarcó la mirada, sorprendida, limitándose a asentir con la cabeza –No vuelvas a hacerte a un lado sin dar la batalla. No dejes a Jacob sin pelear por él.
–No puedo obligarlo a permanecer a mi lado... Todos queremos ser elegidos, ¿sabes? Todos queremos que aquellos que amamos nos elijan libremente, sin presiones, sin actos de lástima de por medio. Y eso es lo que quiero para mí, porque me merezco que me amen por decisión propia, no que se conformen con quererme a su lado por un sentido del deber o por soledad.
–Pero a veces tienes que pelear por ello… Te voy a ser sincera, hace años, cuando te diste por vencida tan fácilmente, te odié por eso, por hacerte a un lado sin más.
–Lo hice porque sabía lo que Jacob sentía por ti. Sí, tomé la salida más cobarde, hacerme a un lado con facilidad, pero no quería sufrir más de lo que ya estaba padeciendo al verlos juntos, sabiendo que su corazón siempre ha sido tuyo.
–Debiste pelear, nunca debiste dejar que él se quedara conmigo… Nos hubiéramos ahorrado tanto dolor.
–Pero entonces como ahora, él te amaba demasiado como para ver a nadie más. Era inevitable que él no corriera a tu lado.
–Imagino que si has venido a hablar conmigo, es porque esta vez sí piensas dar batalla.
–No… hoy como entonces, sigo pensando lo mismo. Si Jacob quiere estar conmigo, que sea por decisión propia, no porque crea que me debe algo.
–Pero ustedes son pareja…
–No, no lo somos.
–Eso tenía entendido.
–He roto con él.
–¿Por qué?
–Hace un par de noches, me contó que habías regresado. Que se había topado contigo en la casa del jefe Swan.
“La misma noche que regresé a Forks”, pensé.
–No profundizó en detalles… simplemente me dijo que habías vuelto. –Continuó Emma –Y vi en sus ojos un brillo que no había visto en mucho tiempo, desde antes que tú desaparecieras. Ahí supe que no podía continuar con lo nuestro, no cuando él tenía cosas pendientes contigo. Su historia estaba truncada, había demasiados círculos abiertos como para dejarlos pasar por alto.
»Por eso decidí terminar con él, darle el tiempo necesario para que mirara en su interior y descubriera lo que sentía por ti. Porque yo no lo quiero a medias, Renesmee. Si Jacob ha de estar a mi lado, lo quiero completo, lo quiero todo mío.
»Y eso me lleva al por qué me atreví a pedirle a Seth que me trajera a verte. Él no quería, pero terminó cediendo a mis ruegos. Tenía que verte, tenía que hablar contigo para asegurarme que si habías regresado por Jacob, esta vez no le partirías el corazón. No pretendo apelar a tus sentimientos para que te hagas a un lado y me dejes el campo abierto. No, no. Lo único que me importa es que él sea feliz.
–Ya te he dicho que no pienso atravesarme en el camino de Jacob otra vez.
–¿Realmente estás segura de eso? Porque decidas lo que decidas, tienes que estar segura de qué es lo que quieres.
»Si decides que deseas recuperar tu lugar en su vida, en su corazón, está bien. Pero hazlo feliz, por favor. Jacob ha sufrido demasiado, merece tener su final feliz.
»O, por el contrario, te das cuenta que él no es lo que quieres entonces… entonces libéralo, permítele se feliz. Rompe esa cadena de destructiva dependencia y déjalo encontrar su felicidad.
–¿Contigo?
–Conmigo o con quien sea… No me importa, mientras él sea feliz de verdad.
Me quedé sin palabras. Emma Young me estaba dando cátedra de cómo amar desinteresadamente. Y no perdía el porte, ni el aire sereno mientras hablaba.
–Supongo que será mejor que me vaya. Seth me está esperando y falta poco para que empiece mi turno en el hospital. Por favor, piensa en lo que te he dicho y no tomes ninguna decisión apresurada. Lo último que necesitan tú y Jacob es más dolor en sus vidas.
Con una ligera sonrisa, Emma dio media vuelta y echó a andar, llamando con voz fuerte y clara a Seth.
Yo me quedé clavada observándole alejarse de ahí, repasando en mi mente nuestra conversación.
Sentí envidia.
Envidié la forma de amar tan desinteresada de Emma, sin dobleces ni motivos ocultos. Cualquier otra mujer jugaría todas sus cartas, incluso con trampas para retener a un hombre. Pero ese no era el caso de la más pequeña de las hermanas Young.
Y también envidié a Jacob, por tener a su lado alguien que pudiera amarlo de esa manera. Era raro encontrar esa clase de amor, era algo que les sucedía a muy pocas personas a lo largo de su vida.
Miré hacia arriba, descubriendo a Stan parado en la rama de un árbol, justo a varios metros de mi cabeza. Lancé un suspiro. Sí, sentía envidia de ello, porque no estaba segura si yo pudiera amar y recibir esa misma clase de amor. Es más, no sabía si habría alguien que pudiera llegar a amarme cuando mi alma estaba tan fragmentada.