Disclaimer

Nombres y personajes de esta historia son propiedad de Stephanie Meyer (menos los que no salieron en la saga original). Lo único mio es la historia que va uniendo a tan maravillosos personajes.
Esto es un homenaje a una de mis sagas favoritas, sin fines de lucro, por mera distracción.
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miércoles, 7 de abril de 2010

ALIADOS FORZOSOS


–¡Emmett!

En la voz de mi padre noté claramente la alegría al ver al hermano largamente ausente. Con total prontitud, papá y Stan se acercaron para saludar a mi tío, quien estaba parado a un lado de la caza, con las manos metidas en los bolsillos delanteros del pantalón. Vestía de forma sencilla, con un par de desgastados vaqueros y una camiseta gris que ya había visto mejores días.

Observé como papá y el tío se saludaban con un abrazo, palmeándose la espalda en el proceso; Stan lo saludó con una especie de choque de puños y un “¿qué hay?”.

Yo, por mi parte, me quedé como atónita, sin estar completamente segura si la visión de tío Emmett no sería una jugarreta de mi mente. Mientras papá y Stan se habían acercado a él, yo apenas si me atrevía a dar un par de pasos tímidos. Tenía muchas ganas de abrazarlo, de decirle cuánto le había extrañado pero… pero sentía mucha vergüenza, no me creía capaz de sostenerle la mirada.

Recordaba perfectamente el dolor y la amargura en los que se había sumido tras la muerte de tía Rose. Emmett parecía haberse olvidado de lo que era sonreír, de lo que era estar rodeado de aquellos que le amaban. En ese entonces, sentía una inmensa vergüenza tanto que evitaba en la medida posible dirigirle la palabra o mirarle siquiera. Nunca me lo dijo, pero cada vez que nuestras miradas se cruzaban, podía leer en sus ojos que me culpaba por la muerte de mi tía.

Así que, ahí estaba yo, parada como una niña a la espera de una buena reprimenda por una atroz travesura. Las palmas de las manos me sudaban, abochornada; quise que la tierra me tragara, que tío Emmett no se diera cuenta de mi presencia. A pesar de lo mucho que deseaba ir a su lado, me daba más miedo enfrentarme a su rencor; no sabía si podría soportar ver el odio, la acusación muda en su mirada.

–¿No piensas saludarme, Nessie? –pronunció mi tío, con una sonrisa ladeada.

Creí por un segundo que había escuchado mal, así que me limité a dirigirle una perpleja mirada, parpadeando más de lo costumbre a causa de la sorpresa. Papá me hizo un suave gesto con la cabeza para que me acercara, pero aún así, me quedé como congelada, sin que mis piernas me obedecieran y empezaran a moverse para aproximarme hasta donde los tres hombres, o mejor dicho, donde los tres vampiros me esperaban.

Al final y con cierta timidez, me atreví a avanzar, esforzándome en que mi rostro no delatara el temor que sentía. No era como que creyera que mi tío me iba a arrancar la cabeza o que fuera a gritarme por haber provocado la muerte de tía Rose, sólo que… era como que no me sentía capaz de sostenerle la mirada sin ponerme roja de la vergüenza

Me pareció que había pasado una eternidad cuando al fin llegué hasta ellos. Traté de componer una suave sonrisa, más no estuve segura si lo había conseguido o si al final había salido en una mueca forzada.

–H..ola –pronuncié con voz carrasposa, delatando por completo mi nerviosismo. Me aclaré la garganta mientras clavaba la mirada en piso, incapaz de mirar a tío Emmett; no estaba en mí, no podía hacerlo. La vergüenza era demasiado grande.

Para mi sorpresa, de pronto me vi envuelta en el helado, pero al mismo tiempo, sofocante abrazo de mi tío.

–Hola, pequeña…

Al principio, no pude evitar tensarme en sus brazos, pero después me relajé y correspondí con el mismo fervor a su gesto. Bueno, tal vez ayudó darme cuenta que mi tío no iba a apretujarme hasta quebrarme todos y cada uno de los huesos de mi esqueleto.

Poco a poco, empezó a soltar nuestro abrazo. Por fin me atreví a mirarle a la cara y sonreírle con cierta timidez. Si bien, no detecté ni una pizca de odio o rencor hacia mí, lo que sí pude distinguir fue que algo había cambiado en mi tío; y no me refería a sus ojos, que eran de un turbio color café-naranja, bastante parecidos a los de Stan (y de inmediato comprendí lo que eso significaba)

No es tampoco que hubiera envejecido con los años, pues era algo imposible. Era difícil de explicarlo, pero, no sé… era como si hubiera dejado la inmadurez que le había caracterizado muy atrás; había un halo de seriedad que lo envolvía, junto con determinación y hasta algo de agresividad.

–¿Cuándo llegaste? –preguntó papá con una franca sonrisa, sacándome por un momento de mis cavilaciones.

–Hace un rato.

–¿Ya viste a los demás?

–Sí, ya… Jasper dijo que estaban fuera, así que decidí esperarlos aquí.

–Me sorprende verte aquí, Emmett –pronunció Stan, mientras me rodeaba con su brazo por la cintura, aprovechando que yo todavía estaba bastante distraída como para rechazar su contacto. –Hablé con Andy y Meg, me dijon que no podían localizarte, que estabas en una especie de misión junto a Neema y Zeke

¿Andy? ¿Meg?”, pregunté en silencio. ¿Y esos quiénes eran? O también podía ser “esas”… ¿De dónde les conocía? ¿Qué tenían que ver con Stan como para llamarles con tanta familiaridad? Sacudí la cabeza, no era momento para que los celos se hicieran presentes, aunque me costaba un montón no ponerme frenética al pensar en Stan con otra u otras... Sentí que Stan me miraba de reojo, y alcancé a ver un atisbo de sonrisa de satisfacción; el lazo entre nosotros seguía firme, aún cuando habían pasado varios días desde nuestro intercambio.

–Sí… algo así. –respondió el tío con un largo suspiro. –Será mejor que entremos, tenemos mucho de qué hablar, y es necesario que estén todos presentes.

–¿Tan malo es? –preguntó papá. Algo me decía que papá no había resistido la tentación de explorar por la mente de tío Emmett. El rápido cruce de nuestras miradas, me lo confirmó, aclarándome de paso que no sólo monitoreaba a mi tío, sino también a Stan y a mí.

Fruncí el ceño mientras pronuncié en mi cabeza, “No me gusta que estés en mi mente. Prometiste no hacerlo, pero no puedes evitarlo, ¿no?”.

Papá me miró con una sonrisa torcida que interpreté a la perfección: No podía evitarlo, no cuando no estaba seguro de cómo iba a reaccionar yo con lo que había averiguado sobre lo sucedido con Stan y él años atrás.

Suspiré. Había cosas que no podían cambiar, y una de ellas era que papá no intentara entrometerse en la vida de los demás, sobre todo cuando pensaba que lo hacía para proteger aquellos que amaba.


–¡Silencio! –Pronunció el abuelo Carlisle cuando por enésima vez intentó aplacar el murmullo de voces que inundaban la casi desamueblada casona. El abuelo era la figura de autoridad por excelencia, pero en esos momentos, parecía haber perdido el toque, ya que todos hablábamos al mismo tiempo, sofocando al recién llegado con tantas preguntas a la vez.

–¡Silencio! –volvió a repetir, con el mismo infructuoso resultado. Y sin más, lanzó un largo y fuerte silbido que hizo que todos nos calláramos en el acto. Mi abuelo era un perfecto caballero, que se conducía con unos modales y un estilo impecables, así que el silbido nos tomó por sorpresa, pues era algo poco propio de él. Incluso, en otro momento, me hubiera causado bastante gracia. –Bien, gracias por su atención… –pronunció el abuelo con cierta ironía –Dejemos que Emmett se explique con calma, sino no vamos a entender nada de lo que está pasando, ¿les parece?

Asentimos mientras nos fuimos acomodando en la habitación. Apenas si la habíamos dejado limpia, lo suficiente para que el clan Cullen y los de Denali pudieran estar ahí; por consideración a mí, habían conseguido un sillón de una plaza, en color verde musgo, el cual había visto sus mejores días tiempo atrás. No había habido tempo o ganas de decorar la casa y regresarle el esplendor de antaño, simplemente necesitábamos un lugar grande para que la mayoría de la familia se refugiara.

Me dejé caer en el sillón, mientras Stan se sentaba en el descansabrazos izquierdo, apoyando su mano sobre mi hombro; papá emitió una especie de gruñido por lo bajo, pero se quedó donde estaba, a unos dos metros de distancia y con mamá entrelazando la mano con la suya. Me pregunté qué sería lo que papá estaría leyendo en la cabeza de Stan, y sin poder evitarlo, le dirigí una rápida mirada. Stanislav sonreía con cierta satisfacción, como si supiera lo que papá estaba haciendo y se alegrara de hacerlo repelar.

Suspiré, mientras reclinaba la cabeza sobre el duro cuerpo de Stan. Yo también podía jugar ese juego; total, aunque intentaba que no me molestara, lo cierto es que estaba cansada de descubrir cómo una vez más la intervención de papá había cambiado el rumbo de mi vida.

–Supongo que se preguntarán por el motivo que me ha traído hasta aquí –comenzó con gravedad tío Emmett, recordándome que había cosas mucho más importantes en esos momentos que dar rienda suelta a mi vena rebelde contra las maquinaciones de papá –He venido con malas noticias, me temo…

–¿Qué noticias? –preguntó la abuela Esme, quien se mantenía al lado de tío Emmett, mirándolo como si no pudiera creer que estuviera ahí después de tanto tiempo. Era el regreso del hijo pródigo y al ver la mirada de mi abuela, pude entender cuánto le había dolido su ausencia.

Emmett nos dirigió una larga mirada, como si estuviera debatiéndose entre soltar así nada más las palabras o buscar la manera más suave de hacerlo. Miré a mi padre, que tenía el ceño fruncido, evidenciando su rabia.

–Los Vulturi tienen a Charlie, y Leah les ha ayudado en eso. –soltó sin más.

Sentí que la sangre se me iba hasta los tobillos y tuve que hacer un esfuerzo más allá de lo humano para evitar a toda costa desmayarme.

–¿¡Queeeeé?! –chilló mamá, dejando ver la incredulidad y el horror que le producía la noticia.

–¿Cómo lo sabes?

–¿Estás seguro?

–¡No puedo creerlo!

Otra vez empezamos a hablar al mismo tiempo, intentando que tío Emmett se explicara a profundidad. Me aterrorizaba imaginarme a mi pobre abuelo Charlie a merced de los Vulturi.

Mamá estaba lívida y por un momento me pregunté si a un vampiro le podía dar algo parecido a una apoplejía. De haber sido humana, la noticia del paradero del abuelo le habría provocado un infarto.

–Ok, ok… silencio y me explico. –pronunció mi tío, agitando las manos como para calmar la conmoción de la habitación.

Imaginé que el hecho de que de pronto nos quedáramos callados y que yo no empezara a exigir casi con histeria la historia completa de cómo había acabado mi abuelo en manos de los Vulturi, se debía a que tío Jasper estaba usando su don en esos instantes.

–No sé qué tanto saben de lo que he estado haciendo en estos últimos años…

–Según lo que Stan ha contado, te has dedicado a causarles problemas a los Vulturi y patearles el trasero unas cuantas veces –pronuncié con satisfacción.

–Nessie…

–Perdón, abuela.

–Continúa por favor, Emmett –pronunció mamá, un tanto molesta con la interrupción. –¿Cómo sabes que mi padre está en poder de ellos?

–Hace unos días, mis contactos me dijeron que había mucho movimiento en Volterra, que nuestro “viejo amigo” Aro estaba tramando algo…

»Neema, Zeke y yo decidimos acercarnos allá para averiguar qué era lo que estaba sucediendo. Nos acercamos tanto como pudimos, pues los desgraciados tienen muy bien vigilada la ciudad. Casi por accidente, la vi… Me llevé una buena sorpresa.

–¿A quién viste?

–A la loba… Leah Clearwater.

–¿Estás seguro? ¿Qué haría esa mujer en Europa…?

–Claro que estoy seguro. El aroma es inconfundible. –pronunció casi con asco. –No esperaba encontrarla allá y mi instinto me dijo que la presencia de ella en Volterra no era una casualidad.

»Hemos estado vigilando los movimientos de los Vulturi durante mucho tiempo, y sabíamos que durante las noches, cuatro de ellos se dedican a vigilar las murallas de la ciudad. Aprovechamos un momento de descuido de uno de ellos y le secuestramos.

»Le sacamos bastante información. Nos contó cómo había sido que Afton y Athenedora habían ido tras mi sobrina, y cómo es que la loba les había ayudado para entregarles a Charlie cuando Renesmee se les escapó. Leah está a su lado porque sabe que su presencia bloquea el don de Alice.

–Por eso no he podido localizarlo –pronunció casi con un susurro tía Alice. –Al estar ella de por medio, bloquea por completo la imagen de él…

–¿Está vivo? –preguntó mi madre, con un ligero temblor en la voz.

–Sí… o al menos eso fue lo que dijo el Vulturi que atrapamos. Aro lo quiere usar como medio de negociación. Las quiere a ti y a Nessie a cambio de tu padre.

–¡Debe estar completamente loco si cree que voy a dejar que mi mujer y mi hija caigan en sus manos!

–No creo que esté loco… simplemente conoce bien qué botones apretar para lograr lo que se le venga en gana.

–¡Es una locura! –gimió mi madre, llevándose las manos a la cabeza en gesto de desesperación –¿Por qué Leah haría algo así? No lo entiendo…

–Porque nos odia tanto que no le importa llegar hasta las últimas consecuencias con tal de hacernos pagar. –pronuncié con cierta tristeza, entendiendo que de alguna forma la desaparición de mi abuelo era culpa mía.

–No es tu culpa –agregó papá.

Esbocé una sonrisa triste, comprendiendo que mi padre había leído mis pensamientos.

–¿De qué hablas? –intervino Tanya.

–De que Leah nos detesta a mi madre y a mí… cree que si mamá nunca hubiera venido a Forks, si nunca hubiera conocido a mi padre y a Jake entonces no habría tenido qué terminar convertida en lobo, que jamás habría perdido el amor de Sam.

»Y el rencor que me guarda a mi es por nacer, por ser el objeto de la impronta de Jacob y unir las vidas de la manada con la de nosotros. Pero sobre todo, por lo sucedido en la batalla contra los Vulturis. Me culpa de la muerte de Sam, de Embry y de Colin.

–¡Eso es una estupidez! Leah debe estar completamente loca para creer eso, para querer pagar con la vida de mi padre lo que no fue más que una horrible tragedia.

–Probablemente esté loca, pero también es muy vengativa… –dije con pesar, sintiéndome de pronto derrotada.

Los demás siguieron discutiendo quién sabe qué cosas, yo me desconecté por completo, sumida en los más aterradores pensamientos. Porque conociendo al sádico de Aro, no creía que tuviera a mi abuelo en calidad de huésped de honor. Me horrorizaba de pensar siquiera a todas las atrocidades a las que podrían estarle sometiendo… Y no sólo estaba Aro, sino que Jane, la enana malévola.

¿Estaría el abuelo aún con vida? Tal vez, si es que Aro quería negociar con nosotros, era lógico que lo dejara vivir mientras le fuera de utilidad. Entonces, ¿por qué no se habían puesto en contacto con nosotros? ¿Por qué no nos habían dejado saber que el abuelo está con ellos?

–Aro quiere cercarlos, dejarlos indefensos antes de negociar la libertad de Charlie –pronunció mi tío, contestando a las preguntas que no había hecho en voz alta –Por eso ha ido tras de todos nuestros amigos.

»El Vulturi nos dijo que tenían a Charlie y fue entonces que te envié el mensaje, Stan. Tenía que alertarlos, prevenirlos para que no confiaran del todo en los lobos. También nos dijo que pensaban atacar al clan de Siobah y a los rumanos, a cada uno de aquellos que habían ido ayudando a los Cullen a lo largo de los años.

»En cuanto Zeke se encargó del Vulturi, salimos disparados para alertar a los clanes…

–¿Están ellos bien? –preguntó tío Garrett

–Sí. El maldito Vulturi se confundió o, no sé si a pesar de los métodos de Zeke, todavía se dio el lujo de mentirnos el muy desgraciado. En realidad, los clanes por los que iban eran por los de Zafrina y el de ustedes, en Denali. Ahora es que lo sé… –pronunció con lamentación tío Emmett, como si de haberlo sabido antes, hubiera hecho todo lo posible para detener la matanza de nuestros amigos. –Aro quiere que estemos sin aliados, reducidos al mínimo. Quiere dejarnos al borde de la desesperación, al punto de que ya no nos queden más fuerzas para luchar y entregarnos fácilmente a sus designios.

–Si cree que podrá con nosotros, está completamente equivocado… –pronunció Kate con rabia –Las muertes de nuestra hermana y las de nuestras amigas del Amazonas no quedarán sin castigo. Ha estado buscando la guerra desde hace tiempo, así que guerra le daremos.

–¿Y qué proponen? –pronuncié –¿Qué vayamos a Volterra y les demos su merecido?

–No es tan fácil. –agregó papá –Apenas somos diez contra, ¿cuántos de la guardia? ¿Veinte?

–Treinta y seis –corrigió Emmett –o mejor dicho, eran treinta y seis. Ahora son 35 vampiros, contando a Aro y a Marco. Más la loba, claro está.

–Y nosotros diez, pero contando a tío Emmett y a mi, seríamos doce –pronuncié, decidida dejar en claro que con pensaba permitir que me hicieran a un lado.

–Eso está por verse

–No pienso quedarme al margen de nada, papá. ¿O crees que tanto entrenamiento es sólo porque quiero mantener el tipo? Estuviste de acuerdo en que tenía qué estar en forma para enfrentar a los Vulturi.

–Eso era antes de que la única opción fuera ir en esta casi misión suicida al cuartel general de nuestros enemigos.

–Si queremos hacerle frente, tenemos qué luchar todos –agregó Stan –No podemos ahorrarnos nada.

–Nos estamos adelantando –dijo tío Jasper –No podemos tomar a la ligera una decisión así…

–¡Pero es mi padre, Jasper! No les estoy pidiendo que se lancen de cabeza a lo que yo sé que es una misión kamikaze, pero tampoco puedo quedarme resignada a que Charlie quede a merced de Aro. Tengan por seguro que haré lo que sea necesario para sacar a mi padre de ahí.

–No estoy diciendo que no vamos a hacer nada, solo…

–Shhh… –interrumpió mi padre, crispando de tensión su cuerpo. Mis sentidos se pusieron alertas, preguntándome qué nueva catástrofe se nos vendría encima. Era claro que papá había detectado algo, o mejor dicho a alguien.

–¿Qué sucede? –inquirió la abuela Esme, aferrándose a tío Esme por el antebrazo con fuerza.

–Tenemos visitas.

–¿Y ahora qué? –dije con voz ahogada, un tanto hastiada de la mala racha que parecía no tener fin.

–Son los lobos… Jacob y Seth para ser precisos…

»Ellos quieren hablar con nosotros… “No queremos pelear… tenemos noticias de Leah”… Ellos lo saben.

El rosto de mi padre reflejaba sorpresa. ¿Cómo era posible que los quileutes supieran de Leah? ¿Sería posible que lo supieran desde un principio…? Sacudí la cabeza con incredulidad. Me resistía a creer que Jake y los demás hubieran podido permitir que le hicieran daño a Charlie y no hicieran nada para impedirlo.

Sin mediar palabra, mi padre se enfiló a toda prisa hacia la puerta, claramente dispuesto a encontrarse con Jacob y Seth. Tras papá, uno a uno de los miembros de la familia fueron saliendo al encuentro.

No supe si fue porque estaba demasiado atontada por tantas cosas que estaban sucediendo, o por que simplemente ya no podía más. El caso es que me quedé parada en medio de la habitación, frotándome las sienes con ambas manos; el dolor de cabeza se iba convirtiendo en migraña. Tenía unas inmensas ganas de llorar, deseé cerrar los ojos y que la pesadilla terminara, que me cayera un rayo y me fulminara si con eso se solucionaban las cosas.

Estaba harta, harta de tanta congoja, de tanta confusión, de tanto miedo… Harta de saber que de alguna forma y otra, yo terminaba desgraciándole la existencia a todo aquél que tenía la mala fortuna de cruzarse en mi camino.


Me abrí paso entre los duros cuerpos, casi a codazos. Al final terminé uniéndome al resto en el encuentro con los lobos. Era preferible saber lo que se nos venía de una buena vez y por todas; quería escuchar por mí misma lo que los quileutes tuvieran qué decirnos.

Papá, el abuelo y tío Emmett encabezaban el grupo, con los demás agolpados atrás de ellos. Me detuve justo detrás de mi padre, entre Stan y tío Garrett. Me sorprendí al ver que Jake y Seth se habían presentado solos y en su forma humana. Me pregunté si el resto estarían escondidos entre los árboles del bosque a la espera de alguna señal para iniciar el ataque.

Me estremecí al pensar en esa posibilidad, pues eso significaría tener que pelear dos guerras casi al mismo tiempo, y la verdad, dudaba que pudiéramos salir bien parados de ello.

–Leah se ha comunicado con mi madre… le dijo que… que jamás había querido hacerle daño a Charlie, que las cosas se habían salido de control y que lo sentía.

–¡¿Qué es eso de que no había querido hacerle daño a mi padre?! –casi por instinto, papá se volvió para agarrar a mamá por el brazo, como en un intento de evitar que se lanzara sobre Seth. –¿Qué es lo que tu hermana ha hecho con Charlie?

–Bella, lo siento… de verdad que sí. No sé que es lo que Leah ha hecho, pero te juro que nosotros no tuvimos nada qué ver en eso.

»Yo… de verdad que me avergüenzo de las acciones de mi hermana.

Seth se mostraba realmente afligido, avergonzado por las acciones de Leah. Tal vez pecara de ingenua, pero le creí. Conocía lo suficiente a Seth Clearwater como para saber que no estaba fingiendo, que cualquier cosa que hubiera hecho Leah, él estaba al margen de todo ello.

–Disculpa si no me lo creo –murmuró un tanto sarcástica tía Kate.

–Sea lo que sea que Leah haya hecho, sus acciones no tienen nada qué ver con nosotros. –Agregó Jake con autoridad –Ella actuó por cuenta propia.

–Por eso hemos venido, porque queremos aclarar las cosas con ustedes…

–Seth, esto está más claro que el agua. Leah se llevó a Charlie y lo entregó a los Vulturi.

–¡¿Qué?!

Las voces de Seth y Jake se oyeron al unísono, dejando en claro la sorpresa que les había producido las palabras de tío Emmett. Me tuve que poner de puntitas para ver mejor la expresión de sus rostros.

–Leah no tiene nada qué ver con esos monstruos. –escupió Seth, como si lo que había escuchado fuera la peor ofensa que podía hacérsele a su familia. –Eso es imposible… estás mintiendo.

–Me gustaría que fuera así, y de verdad que siento mucho que tu hermana sea una traidora –ahora fue Jacob quien tuvo que sujetar a Seth mientras le lanzaba un “quieto”, quien empezó a temblar visiblemente. Me pregunté cuánto aguantaría antes de que entrara en fase y si podría lastimar a Jacob al estar tan cerca de él. –Pero atrapé a un miembro de la guardia que confesó todo… Leah está en estos momentos en Volterra, ayudando a Aro a mantener cautivo al padre de Bella.

»¡Leah nos ha vendido, ha traicionado el pacto que había entre nosotros!

Con auténtico terror, vi como Jacob lanzaba hacia atrás a Seth, justo a tiempo para alejarlo mientras se transformaba en la enorme bestia de siempre. Los Cullen se pusieron todos en plan de ataque, mientras yo me quedaba petrificada viendo la escena; sin poderlo evitar, recordé la noche en que Quil, transformado en lobo, me había atacado. El pánico se apoderó de mí, provocándome violentas sacudidas, temiendo lo peor. No sabía si el resto de la manada estaba escondida, o si nada más eran ellos dos, pero eso no quería decir que no pudieran con nosotros.

Creo que fui la única que no tomó una posición de ataque, no estoy segura porque de lo único que podía ser consiente era de una especie de zumbido en mis oídos y de que los dientes me castañeaban casi al compás con el que el resto de mi cuerpo temblaba.

–Seth, ¡atrás!

–¡Quietos todos!

–¡Tranquilícense!

Papá, el abuelo y Jacob intentaban apaciguar las aguas, evitar un enfrentamiento en ambos bandos.

Jacob volvió el rostro hacia Seth.

Kíka –pronunció en su lengua y con ligero movimiento de cabeza, le indicó sus órdenes al otro.

El lobo salió disparado hacia el bosque, perdiéndose a toda velocidad por él.

–Será mejor que todos nos tranquilicemos si queremos aclarar las cosas –dijo el abuelo con decisión.

Aunque aparentemente el peligro había pasado, aún así no podía dejar de temblar.

–Supongo que será mejor que entres a la casa para que podamos seguir hablando, Jake.

–Disculpa si declino la oferta, pero sería bastante estúpido de mi parte entrar solo a la casa de once vampiros, sobre todo cuando mi refuerzo ha tenido que irse para calmar los ánimos.

Eso quería decir que no había más de la manda; si fuera una mentira, papá ya lo hubiera desmentido.

Y también significaba que Jacob no confiaba en nosotros. Estupendo.

–Emmett, ¿sería mucho pedir que me explicaras exactamente lo que sabes sobre Leah? –inquirió Jacob, cruzándose de brazos –Tus palabras implican serias acusaciones, que como comprenderás, no podemos pasarlas por alto ni tomárnoslas a la ligera.

Tío Emmett le repitió palabra a palabra lo que nos había contado a nosotros, sin titubear ni un solo momento, aún cuando Jacob fruncía el ceño con evidente disgusto ante lo que escuchaba.

Se produjo un silencio. Jacob seguía cruzado de brazos, primero con la mirada un tanto perdida, como intentando procesar todo lo que el tío le había contado. Después, con cierta lentitud, estudió los rostros de todos nosotros, o bueno, de casi todos nosotros, como si con ello pudiera ver lo que estábamos pensando sobre la situación. Dije “casi todos” porque lo que fue a mí, prácticamente me ignoró con su mirada.

–¿Estás completamente seguro de lo que cuentas? –pronunció al fin, concentrándose nuevamente en el rostro de Emmett.

–Lo estoy. Sé lo que vi, sé lo que ha pasado. No tendría caso venir y mentirles.

–¿Y bien? ¿Qué han decidido?

–Aún estamos decidiendo… o en eso estábamos cuando detecté que Seth y tú se estaban acercando –agregó papá.

–Supongo que quedarse cruzados de brazos no es una alternativa que estén tomando en cuenta.

–Supones bien…

–¿Y qué se proponen? ¿Llamar a la caballería e ir tras los Vulturi?

Otro silencio.

–¿Qué pasa?

–Que no hay “caballería” a la qué llamar –pronunció tío Jasper

Jacob entornó la mirada, indicando que necesitaba una explicación más larga.

–Los Vulturi atacaron nuestro clan –intervino Kate –Carmen murió y… también fueron tras el clan del Amazonas. Las aniquilaron a todas.

–Oh… –susurró sorprendido Jake –¿Y los demás? Recuerdo que hace años cuando los Vulturi vinieron por primera vez, había varios clanes de su lado.

–Cierto, pero creo que no podremos contar esta vez con su ayuda.

–¿Por qué? –esa misma pregunta me hice a mi misma, ¿por qué?

–Porque, además de haber perdido a nuestras amigas de Sudamérica, hay otros que no están dispuestos a seguirse jugando el cuello por nosotros –contestó Jasper –No se los había querido decir, pero cuando fui a buscar a Peter y Charlotte sobre los ataques de los Vulturi, me dejaron bastante claro que aunque agradecían mis advertencias, ya no podrían seguir ayudándonos.

»No están dispuestos a pasarse una eternidad huyendo y escondiéndose de Aro.

–Y Amun y Kebi están aliado con Aro –agregó Emmett –El egipcio está cabreadísimo con los Cullen por la muerte de Tia y Benjamin.

–¿Y Siobah? –preguntó mamá.

–Podemos contar con su grupo –indicó mi abuelo –Aunque no sé si irse a meter a la boca de lobo… perdón –pronunció a modo de disculpa a Jacob por la elección de palabras –Como decía, no puedo asegurar que el clan quiera unirse a nosotros para tomar por asalto del castillo de los Vulturi.

Bueno, al parecer no necesitábamos discutirlo mucho. Era casi un hecho lo que íbamos a hacer: ir directamente a Volterra y patearles el trasero tan duro como fuera posible.

–¿Y qué pasará con Leah? –pronunció Jake.

Un nuevo e incómodo silencio se instaló entre nosotros. ¿Qué podíamos responderle? ¿Qué no íbamos a hacerle nada? Ok, tal vez lo intentáramos, pero conociendo el genio de la loba, dudaba mucho que no nos atacara, que no nos diera motivos para defendernos de ella.

–Sí, ¿qué pasa con mi hermana?

Giré el rostro hacia mi izquierda, justo de donde provenía la voz de Seth. Al parecer, había logrado controlarse y volver a su forma humana, sólo que tan desnudo como el día que había nacido.

No pude evitar echarle una mirada apreciativa al fibroso cuerpo de mi viejo amigo. Pero el gusto me duró apenas un segundo, pues una mano me tapó la visibilidad. No necesité ni preguntar a quién pertenecía aquella manaza.

–¿Podrías taparte, Seth? Hay damas presentes –le amonestó mi padre

–Disculpa, pero saber qué piensan hacer con mi hermana va más allá de evitarles un sonrojo por mi desnudez.

–Seth, hay una manta en la camioneta…

Supuse que la camioneta de la que hablaban era la de Jacob; así es como habían llegado ello hasta nosotros.

No sé muy bien qué pasó después, puesto que Stan seguía tapándome la vista, como si su mano hubiera sido soldada sobre mi piel. Pasó lo que me pareció una eternidad antes de que Stanislav me permitiera volver a ver lo sucedía a mi alrededor. Me parecía que se estaba portando un tanto infantil, digo ¡como si no hubiera visto antes a un hombre desnudo! Pero no pensaba ponerme a discutir con él por una tontería y mucho menos delante de mi familia o de Jacob.

Seth estaba delante de nosotros, pero ahora cubierto de la cintura hacia abajo por una vieja manta a cuadros azul marino y kaki, descalzo y con un rostro que dejaba entrever el arcoíris de sentimientos que estaba experimentando: ansiedad, miedo, ira, incredulidad.

Bienvenido al club”, pensé, “así es como me siento desde hace muuucho tiempo”.

–Entonces, ¿qué va a pasar con mi hermana una vez que la tengan en sus manos? ¿Van a matarla?

Otro silencio.

–Edward, eres mi amigo… lo hemos sido durante muchos años, así que te lo pregunto nuevamente, ¿qué van a ser con Leah?

–Seth… Lo siento, yo…

–¿Qué sientes? ¿Matarla? ¿Destruir a la poca familia que me queda? Porque salvo mi madre, Leah es mi único pariente en este mundo.

–¿Quieres que mostremos clemencia con ella cuando es obvio que ella no la tuvo con Charlie? –espetó tío Jasper –Tu hermana no tuvo ningún reparo en entregarlo a Aro.

–Eso no lo sabes… no sabes si la obligaron o si se la llevaron cuando únicamente iban tras Charlie.

–Siento decírtelo Seth, pero ella les ha prestado ayuda voluntariamente. –intervino Emmett –La vi caminando a plena luz del día en Volterra, sola y sin el menor interés de escapar. Y de muy buena fuente sé que si ella sigue ahí es por gusto, para evitar que el don de Alice pueda localizar a Charlie.

–No pueden simplemente decirme que piensan matar a mi hermana y esperar que no diga nada…

Nadie dijo nada. Nadie se atrevía siquiera a lanzar un breve suspiro. Me quedé viendo fijamente a Seth, cuyo rostro estaba completamente desencajado; incluso el color había abandonado su moreno rostro.

–Seth… –mamá fue quien habló. Incluso se soltó de la mano de mi padre y avanzó con pasos calmados hasta quedar frente aquél.

–Bella…

Pero mamá no se detuvo, simplemente con un suave movimiento de la mano bastó para indicarle a papá que esperara, que sabía lo que estaba haciendo.

–Seth –repitió mi madre –eres nuestro amigo, lo has sido por mucho tiempo. Sé la relación que hay entre Sue y mi padre pero…

–Pero eso no es suficiente para no matar a mi hermana –terminó el con coraje.

–No, pero… pero te doy mi palabra que respetaremos su vida. –Escuché un jadeo, sin estar segura si había sido emitido por mí o por todos los que me rodeaban. –No lo hago por ella porque fue una monstruosidad lo que hizo, lo hago por ti y porque sé que mi padre jamás me perdonaría si tomara venganza aún en su nombre.

–Tal vez tú no le hagas daño pero, ¿y ellos? –pronunció al tiempo que nos señalaba con un ademán de cabeza.

–Si Bella así lo quiere, respetaremos la vida de tu hermana –aseguró mi abuelo.

Ok, no había nada más qué agregar, aunque Leah decidiera arrancarnos la cabeza, aunque hubiera ayudado en el secuestro de mi abuelo, aún así respetaríamos su vida. Mamá lo quería así, y el abuelo Carlisle lo había decretado; él era el jefe del clan, sus órdenes se acataban a rajatabla.

–Así que irán a Volterra por Charlie.

Mamá asintió.

–Bien, yo voy con ustedes…

–¡Seth!

–No, Jake, no. Voy a ir con ellos, porque aunque Leah ya no sea parte de la manada, ella sigue siendo mi hermana. Tengo que ir por ella... tengo que… tengo que cuidar de ella y…

Parecía que Seth estaba haciendo un gran esfuerzo por no llorar, pues su voz sonaba quebrada. Era como si necesitara acompañarnos no solo para cuidar de Leah, sino comprobar por sí mismo que ella era culpable de aquello de lo que se le acusaba.

–Seth, no podemos permitir que vayas con nosotros –agregó papá –Es muy peligroso.

–¡Al diablo con eso! Es mi hermana, y sea lo que sea que haya hecho, debo remediarlo, debo protegerla.

–Los Vulturi nos rebasan al doble en número, es prácticamente una misión suicida, no puedo permitir que…

–No te estoy pidiendo tu permiso, Edward. –Seth fue tajante, mirando a mi padre con decisión. Se podría decir que Seth siempre había sido un tipo bastante tranquilo, sensato, ecuánime, aunque a la hora de luchar se caracterizaba por ser un gran guerrero. Era la primera vez que le veía así, como si estuviera dispuesto a agarrarse a puñetazos con cualquiera que intentara oponerse a sus planes. –Además, me necesitan, reconócelo. Si están en inferioridad numérica, necesitan todo el maldito apoyo que puedan conseguir.

Cierto. Y la verdad es que si pudiéramos contar con la manada al pleno sería de gran ayuda… pero era imposible. El ir y tratar de matar a la versión vampírica de la mafia italiana en su propio terreno no estaba en los planes de los quileutes, de eso estaba segura.

–Es cierto –agregó Jacob –Edward no puede prohibirte que quieras ir a Italia a arreglar los desastres de Leah. Pero yo sí.

–¡Jake, viejo…!

–Como el jefe de tu manada, puedo hacerlo. Puedo ordenarte que te quedes aquí y te olvides de ir a cazar chupasangres europeos. –Le lanzó una mirada poco disimulada a Stan, quien respondió con un así inaudible zkurvený pes; gracias al libro que me había regalado tía Alice días atrás, entendí el significado de las palabras y no pude evitar lanzar un bufido de enfado. ¿Ni siquiera en un momento como ese podían dejar de lado su mutua animadversión?

–Sí, es cierto. Puedes prohibirme, impedirme que vaya por Leah… pero jamás te lo perdonaría. Es mi hermana y si tú estuvieras en mi lugar, harías lo mismo.

–Es verdad. Y por eso, yo iré contigo. –No estuve segura de haber escuchado bien, pero la resolución que leí en el moreno rostro de Jacob no dejaba lugar a dudas. Había pronunciado las palabras sin titubeo, sin una pizca de aprensión. –Leah ya no es parte de la manada, pero sigue siendo una quileute, sique siendo una más del pueblo que Ephraim Black juró proteger.

»Nos necesitan para recuperar a Charlie, para hacerle frente a los italianos. Y nosotros los necesitamos a ustedes para recuperar a nuestra hermana.

Tal vez fuera incomprensible que trataran de salvar a Leah, aún cuando había participado en el secuestro de mi abuelo, rompiendo el pacto de paz que había entre quileutes y vampiros. Pero a pesar del poco tiempo que viví en la reserva, había aprendido lo importante que era para ellos cuidar y proteger a su gente; conociéndolos, irían por Leah, intentarían por todos los medios salvarle el peludo pellejo. Y después, cuando comprobaran si efectivamente la loba era culpable de los crímenes que se le imputaban, entonces ellos se encargarían de que recibiera el justo castigo por sus faltas.

–Tienen razón –atajó tío Emmett, adelantándose a cualquier cosa que pudiera decir alguno de la familia, en especial mi padre –Los necesitamos. Aunque se trate de… ellos. –Tío Emmett dejaba en claro que la traición de Leah había hecho que los quileutes en general descendieran varios puestos en su lista de “personas y criaturas mitológicas favoritas”.

–¿Algún problema con eso, Emmett? –desafió Jake –Porque si a esas vamos, tus ojos son de un color que hace que el tratado quede roto en este instante.

»¿Lo recuerdas, no? El tratado se rompe cuando uno de ustedes muerde a un humano. Y ese peculiar tono café-rojizo te delata…

–Bueno, supongo que el hecho de que uno de ustedes se haya aliado con nuestros enemigos y haya metido a un inocente en este lío es más que suficiente para que el color de mis ojos pueda ser ignorado en esta ocasión.

Otro tenso silencio que podía ser cortado con un cuchillo. Me pregunté si seríamos capaces de terminar ese encuentro sin llegar mínimo a los golpes con nuestras visitas.

En esos momentos, la melodía de un teléfono móvil se escuchó.

–Sí… sí, papá. Lo sé… Esto… Será mejor que hablemos cuando llegue a casa. Sí, en un rato más… Ok. Bye.

Jacob volvió a guardar el teléfono en el bolsillo trasero de sus desgastados jeans.

–Creo que será mejor que sigamos esta conversación después –intervino el abuelo con voz calmada –Nosotros necesitamos organizarnos con todo esto. Supongo que tú debes de hablar con el resto de los chicos y con tu padre –Jake asintió con suavidad –Además, Seth necesita algo de ropa antes de que le de una buena pulmonía.

–Supongo que tienes razón, como siempre… –accedió Jacob. Intenté detectar alguna nota de sarcasmo en su voz, pero no. Al parecer, a pesar de cualquier rencilla que había entre nosotros, seguía respetando a mi abuelo vampiro. –Si les parece bien, vendré… –Seth tosió un tanto forzado –vendremos después de media noche.

Se me antojó una hora un tanto extraña para reunirnos.

–Es Nochebuena y mis sobrinos, Sam Jr y Mary esperan que esté con ellos esta noche.

Vaya, había olvidado por completo el día que era. Bueno, de todas formas, había pasado mucho tiempo desde la última vez que había celebrado las Navidades. De haber seguido en Nueva York, lo más seguro es que esa noche me hubiera tomado un par de pastillas contra el insomnio con un vaso de vino tinto y me hubiera limitado a entregarme a los brazos de la inconsciencia por el resto de la noche y del día siguiente.

–Muy bien, entonces nos veremos en un par de horas.

Jacob y Seth asintieron y empezaron a retroceder rumbo a donde me imaginé abrían dejado la camioneta estacionada. Parecía que no se atrevían a darnos del todo la espalda, y mientras tanto, mi familia se quedaban como estatuas observándoles; era fácil adivinar que ellos tampoco se atrevían a regresar al interior de la casa hasta que no se fueran nuestros visitantes. No querían encontrarse recibiendo una mordida de lobo a traición.

Suspiré, un tanto triste, un tanto cansada.

Debí de haberme portado muy mal ese año, porque Santa se estaba luciendo con mis “regalos”: involucrada en la misteriosa muerte del hijo de un político, buscada por la policía en calidad de fugitiva, acechada por un montón de vampiros vengativos… Sin contar lo mal que iban las cosas entre los quileutes y nosotros, o la desastrosa vida amorosa que tenía.

Me estremecí, consiente de que no sólo iban a seguir pasando cosas malas, sino que ahora lo que se nos venía por delante rayaba en lo letal. Y no había nada qué hacer para evitarlo, esta vez era el todo o el nada.

Sí, no había mucho por hacer, salvo esperar que si la vida no había sido benévola conmigo, por lo menos el final no fuera tan amargo.

domingo, 21 de febrero de 2010

MIEDO


Conté mentalmente hasta veinte antes de pegar el grito.

–¡Ya puedes bajar de ahí, Stanislav!

En un parpadeó, estaba delante de mí, primero en cuclillas para después erguirse en toda su perfecta gloria.

–¿Te divertiste jugando a Tarzán? –continúe, sonriendo con sarcástica burla.

–¿Cómo?

–Digo, quiero pensar que de pronto te dio un irrefrenable deseo de ponerte a brincar entre los árboles como Tarzán, y no que en realidad te pusiste a espiar mi conversación con Emma.

–No te estaba espiando, sólo te estaba cuidando. Tu padre dejó órdenes precisas de que no te quitara el ojo de encima.

–Pero apuesto que eso no implicaba que te husmearas en lo que Emma y yo hablamos.

–Tal vez no, pero es mi deber cuidarte, y a como están las cosas con los lobos, lo siento, yo no me fío de ninguno de ellos. Por muy amigos que los puedas llegar a considerar, no me imagino dejándote sola y a merced de una raza tan voluble.

–Emma no es un lobo y es totalmente inofensiva.

–No me lo creo… aún las aguas mansas se pueden volver turbias cuando menos te lo esperas.

Guardé silencio por un momento, sin saber qué decir. Por más que intentaba, no podía imaginarme a Emma convertida en una fiera; al contrario, siempre me había parecido tan pacífica como un cachorrito recién nacido.

–Supongo que escuchaste todo… –dije al fin.

Stan asintió a modo de respuesta, ahorrándose las palabras.

Empecé a andar de regreso a la cabaña, sin mirar atrás para asegurarme que Stan me seguía; no era necesario hacerlo, estaba segura que era cosa de nada que me diera alcance y acoplara sus pasos a los míos.

–Y supongo que tendrás tu propia opinión sobre lo que escuchaste –continúe al fin.

–No.

–¿De verdad?

–¿Por qué te extraña? Lo que hayas hablado con esa mujer no tiene nada que ver conmigo.

Otro silencio.

Nos acercábamos a la cabaña, y a decir verdad, se me antojaba poco regresar a ella. Era volver a sumirme en la agonía de la espera de noticias de lo que sucedía en Denali, o con el tío Emmett o con lo que decidieran los Vulturis. Estaba harta del ambiente de ansiedad reinante en la cabaña. Necesitaba un respiro antes de regresar y pasarme las horas contemplando en silencio a tía Alice en espera de lo que sus visiones pudieran rebelarnos.

–¿Me acompañas a dar un paseo por ahí? –pronunció Stan, moviendo ligeramente la cabeza para instarme a acompañarlo.

Pasamos de largo la cabaña; tía Alice ya no estaba afuera, supuse que habría regresado al interior. Me sentí mal por ella, prácticamente obligada a no dejar de vigilar lo que sucedía a kilómetros de distancia. Sólo le quedaba observar, sin poder hacer nada más para ayudar a los otros.

–¿Vamos a seguir con lo del entrenamiento? –pregunté, recordando lo que habíamos dejado a medias antes de la visita de Seth y Emma.

–Si quieres… aunque si no te importa, me gustaría dar una caminata primero. Necesito estirar un poco las piernas.

Lo miré de reojo, suponiendo que eso de que necesitaba estirar las piernas era alguna especie de broma. Pero el rosto de Stan se mantuvo sereno, sin un atisbo de sonrisa siquiera.

Anduvimos buen rato en silencio, rodeados únicamente por los sonidos propios del bosque. No intenté buscar conversación, segura de que había algo que Stan quería decir, y más segura estaba que tenía relación con lo que había conversado con Emma.

Esperé paciente a que él fuera el primer en pronunciar palabra; gracias al lazo que compartíamos a raíz del intercambio de sangre, sabía que algo lo turbaba, había algo que le estaba provocando cierta ansiedad. Me pregunté qué sería, pero decidí no presionarle, si había algo que Stan tuviera qué decirme, me lo diría sin chistar.

Prácticamente habíamos llegado a la orilla del río cuando por fin rompió el silencio entre nosotros.

–¿Es verdad lo que le dijiste a Emma? ¿Es cierto que no vas a pelear por recuperar al tal Black?

Stan… –la voz me salió con un dejo de cansancio, poniendo los ojos en blanco, mostrando así que realmente no estaba segura de querer tener ese tipo de conversación con él.

–¿Qué sientes por él? –insistió –¿Qué quieres de el?

Aunque su voz era calmada y su rostro no perdía ni un ápice de serenidad, en sus ojos café-rojizos detecté un brillo de urgencia e inquietud. Stan ansiaba escuchar la respuesta, pero al mismo tiempo, era como si temiera lo que pudiera oír de mí.

–Pensé que habías dicho que lo que había hablado con Emma no tenía qué ver contigo.

Esta vez, Stan no pudo disimular la nota atormentada de su mirada. Sentí que el corazón se me encogía. Aunque trataba de no demostrarlo, le dolía que tratara de evadir una respuesta directa a sus preguntas. Pero yo tenía miedo del derrotero al que nos podía llevar esa conversación. Era una grandísima cobarde.

–¿Podrías contestar a mis preguntas? Por favor…

–Está bien –pronuncié dando un largo suspiro que demostraba mi derrota. Había sido la forma en que había pronunciado el “por favor” que había terminado con mi resistencia. Stan rara vez pedía las cosas, era más fácil que tomara lo que quisiera avasallando a quien se le pusiera por delante. Pero en esos momentos, con la mirada un tanto atormentada, con la voz derrotada, simplemente acabó con mi renuencia. –No, no pienso ni pretendo hacer nada para regresar con Jacob.

–¿De verdad?

–Sí. Escuchaste cuando se lo dije a Emma… no sé por qué lo preguntas.

–Tengo que estar seguro de que lo dices sinceramente. Necesito saber qué es verdad, que Jacob Black ha quedado atrás, que ya no hay lugar para él en tu vida.

–¿Por qué? –Lo increpé, molesta. No creía que hablar de Jacob con Stan fuera correcto. Mi historia con Jake era algo que nos incumbía únicamente a él y a mí. Si nunca había querido tocar el tema de Stanislav con Jacob, ¿por qué debería de hablar con Stan de lo que viví o lo que sentí al lado de Jake?

–Porque necesito comprender el significado de la forma en que lo ves cada vez que estás junto a él.

–¡Yo no veo a Jacob de ninguna forma en particular!

–Miéntete si quieres, pero así es.

–¡Claro que no! Lo único en lo que pienso cuando lo veo es en todo lo que lo lastimé, en todo el daño que le he hecho… Tal vez lo que crees ver no es más que el remordimiento de no haber podido ser la mujer que se merecía y…y … ¡Arrgh! No, lo siento, no quiero hablar de esto, no puedo hablar de Jacob contigo… No tiene sentido, así que no entiendo por qué quieres escarbar en esa parte de mi pasado.

Nos miramos fijamente, con la respiración irregular. Yo empezaba a sentirme alterada, ansiosa y con una especie de miedo corriendo por mis venas; de esa clase de miedo nacido de la anticipación, de la espera a algo decisivo que puede cambiar el curso del destino. Y sabía muy bien que esos sentimientos no eran míos únicamente, eran de Stan también; gracias a nuestro lazo, podía saber lo que estaba experimentando en esos momentos.

Stan tomó mi rostro entre sus manos, obligándome a mirarlo a la cara.

–¿Quieres saber por qué? Es porque… porque te amo. Y me duele vete junto a él, me vuelve loco pensar que aún puedas amarlo; es como si me arrancaran la piel sólo imaginarlo.

Me estremecí. Era la primera vez que escuchaba a Stan decírmelo.

Stanislav me miraba con desesperación, como si fuera un prisionero a punto de alcanzar la libertad después de un largo martirio.

Di un paso hacia atrás, trastabillando en el intento de poner distancia entre nosotros.

–No… no es verdad. –pronuncié con voz ahogada

¿? –Stan me miraba confundido, sin entender mi reacción.

Empecé a sentirme frenética, asustada y con ganas de salir corriendo lo más lejos de ahí.

–Tú no me quieres… no es cierto.

–Claro que sí, sino ¿por qué crees que regresé? ¿Por qué crees que me quedé, aún cuando me duele profundamente verte al lado de Jacob? Sólo por ti, sólo tú eres quien me retiene aquí.

– No puedes amarme… –repetí con voz débil –Por favor, no lo digas… no lo repitas. No me amas. No puede ser…

–¿Por qué? ¿Dejaste de amarme?

–Tú me rompiste el corazón… cuando yo te dije lo que sentía por ti, tú simplemente te fuiste. Me dejaste ahí…

me dejaste con el corazón roto, igual que el alma”, terminé la frase en mi cabeza

–Me fui porque tenía que ser así, yo no era bueno para ti en ese entonces… Además, si yo no me iba, tú me ibas a dejar primero. Cuando regresaste, lo supe. Supe que habías elegido quedarte con él.

Tenía razón, había elegido a Jacob, había elegido la vida que estaba perfectamente planificada desde un principio para mí. Había elegido hacer lo correcto, hacer lo que todos esperaban que hiciera.

–Con una sola palabra tuya, me hubiera ido contigo. Con la más mínima señal de tu parte yo me hubiera quedado a tu lado. Hubiera mandado al diablo todo por estar contigo… Pero simplemente, decidiste que no, que mi amor no era más que una mentira, que no era suficiente y… te fuiste.

–Me fui para que siguieras con tu vida, quedarte a mi lado era imposible. ¿Qué podía darte yo entonces? Tenía que regresar con mi hija, se lo debía. No quería arrastrarte a vivir a mi lado, cuidando de Annie durante los años más duros de su enfermedad; no podías regresar a Europa, con los Vulturi preparando la revancha. ¿Cómo condenarte a vivir escondiéndote de ellos, alejarte de tu familia, además de cargarte con el stress emocional que implica cuidar de un paciente con Alzheimer?

»Era demasiado para ti, una niña que apenas empezaba a vivir, que apenas empezaba a entender lo que era la vida…

–Otra vez con el asunto de la edad… ¿Por eso le hiciste caso a papá?

–Lo dices como si yo fuera tan dócil como para dejarme mangonear tan fácilmente –esbozó una sonrisa un tanto burlona, como si la idea le pareciera sarcásticamente divertida–Tu padre y yo llegamos a un punto común: no era bueno que estuviera a tu lado.

Cerré los ojos mientras flexionaba los brazos por lo alto, enterrando los dedos en mi cabello.

No sabía qué hacer con eso y menos en esos momentos. No sólo era la angustia por la espera de noticias de lo que sucedía en Denali y la desaparición del abuelo, ni el montón de cosas que habían ido sucediendo en los últimos días. Tenía miedo, miedo de lo que pudiera pasar, miedo de lanzarme de lleno y volver a sufrir, miedo de hacerle daño porque yo no era buena.

–Entonces….

–Entonces… ¿qué? –dije, abriendo los ojos con lentitud, tratando que los engarrotados músculos de mi cuerpo se relajaran aunque fuera por un momento. Luchaba por no dejar que las lágrimas salieran, pero podía sentir el picor que provocaban en mis ojos por el esfuerzo de detenerlas. –¿Qué quieres que te diga? No puedes venir y decirme que me amas cuando han pasado tantas cosas… no es tan sencillo.

– Haz dejado de amarme entonces…

–¡No he dicho eso! –la voz salió más chillona de lo que esperé –Es sólo que… ¡diablos! Me arrojas esto cuando estoy parada no sé donde, cuando hay tantas cosas con las que tengo que lidiar y… no puedes esperar a que simplemente corra a tus brazos y sea así tan sencillo…

»Ha pasado tiempo, ha pasado tanto que… ya no soy la misma persona que conociste en Italia. He cambiado… y… y…

Tenía que decirlo. Tenía que ser honesta con él. Había tomado la decisión de retomar las riendas de mi vida, dejas atrás las mentiras y las verdades a medias.

Stan guardó silencio, paciente, esperando que tomara aire y que recompusiera mis ideas. Yo misma era consciente de que no estaba de lo más brillante, tropezándome con mis propias palabras.

–Tengo miedo. Tanto que estoy petrificada –dije al fin, después de una breve pausa.

–¿De mi? –lo dijo como si la idea lo lastimara, haciendo que el corazón se me encogiera. Me miraba atormentado, dolido, pareciéndome desvalido. Hubiera querido abrazarlo, consolarlo, borrar la tristeza de sus ojos.

–De mí, de ti… de todo.

»Tengo miedo de volverte abrir el corazón y sufrir, tengo miedo de acercarme demasiado a ti y arruinarte la vida, causarte daño, porque para eso parece que tengo talento innato.

–Eso no es cierto. Tú nunca podrías hacerme daño. Serías incapaz de ello.

–¿No? Eso díselo a los quileutes, ellos son testigos de los destrozos que dejo a mi paso –pronuncié con una triste sonrisa forzada –No soy buena, lo he ido comprobando de la forma más dura....

»Preguntaste que qué podrías darme entonces, y yo te hago la misma pregunta, ¿qué podría darte yo ahora, cuando mi alma está tan fragmentada que no estoy segura de poder recoger todos los pedazos de ella? Estoy rota por dentro y dudo que alguna vez pueda sanar, que pueda acercarme a alguien sin miedo a no ser bueno para él. Tengo miedo de ser feliz porque sé que si lo logro, entonces la vida me cobrará todas y cada una de las facturas. Todo terminará por explotarme en la cara y… simplemente ya no puedo más. Ya no puedo soportar más dolor en mi vida.

»Debí hacerte caso cuando nos conocimos. Eras todo un mujeriego, alguien que no quería compromisos, que me pidió que no me enamorara de él ni tratara de salvarlo si no quería llevarme una decepción por no lograrlo, quien me dijo una y otra vez que era mejor alejarnos… Y del que me enamoré como una estúpida sin remedio.

Enterré el rostro entre mis manos, llorando desconsoladamente. Era difícil ponerle voz a mis más profundos miedos, a mi dolor. La declaración de amor de Stan tenía tintes agridulces. Deseaba con todo mi ser abrirme a ella, pero el miedo era más fuerte… no podía dar ese paso, era un acto de fe y esa se me había terminado hacía mucho tiempo. .

–Renesmee… –con suavidad, puso sus manos sobre mis brazos, obligándome a descubrir mi rostro. No tenía fuerzas para resistirme, así que lo dejé hacer.

Me rodeó con sus firmes brazos, apoyando mi cabeza en su macizo pecho. Con suavidad, deslizó de arriba a bajo una de sus manos por mi espalda, reconfortándome. De una forma un tanto ilógica, sentí el dulce calor que desprendía su frío cuerpo, haciéndome sentir de regreso a un lugar que había añorado durante mucho tiempo.

–¿Quieres que me vaya? –preguntó quedamente.

–No –contesté sin titubeos, encogiéndome interiormente al imaginarme esa posibilidad. No podía irse, no podía dejarme. Lo necesitaba.

–No me daré por vencido –dijo mientras besaba mi frente. –Voy a luchar por ti, por nosotros… Volverás a tener fe, te demostraré que mereces ser feliz y que yo puedo darte esa felicidad.

»Voy a probarte que mi amor por ti es sincero, que te amo… que siempre lo he hecho, aunque nunca lo hubiera expresado con palabras. Miloval jsem vás od začátku a budu tě milovat navždy

Levanté la mirada. No había entendido el significado de las últimas palabras de Stan, pero las había dicho de tal manera que me habían estremecido hasta la médula. Como a cámara lenta, posó su mano bajo mi mentón y elevando mi rostro hacia él. Su rostro acercándose al mío, su frío aliento chocando contra mis labios. Sentí que el aliento me fallaba al ver cómo él inclinaba la cabeza al igual que una especie de cosquilleo en el cuerpo y el latido irrefrenable de mi corazón. Cerré los ojos, deleitándome con esa cálida sensación, como el abrazo del sol en una tarde de verano.

Y seguía atónita cuando Stan, de hecho, me besó. Él me hizo abrir los labios con los suyos y tomó mi boca con una seguridad aplastante y salvaje que me dejó helada, inmovilizando todos los átomos de mi cuerpo con magnífica eficacia. Me abracé a él, estrechándome contra él y manteniéndome firme, con los pies vagamente sobre la tierra, inconsciente de mi propia existencia.

Una ola de calor invadió mi cuerpo hambriento, hinchando mi pecho, enervando mis sentidos y enviando una corriente de sangre cosquilleante por todo mi ser. Mientras la lengua de Stan recorría cada recoveco de mi boca buscando los puntos más sensibles, una cruda excitación de alta intensidad comenzó a recorrerme, convenciéndome de que estaba a punto de incendiarme.

Lentamente, fuimos separando nuestros labios, pero sin romper el círculo protector del abrazo. Me acurruqué más contra él, negándome a alejarme del refugio que significaba para mi atribulada mente. De repente, una ráfaga de recuerdos aparecieron en mi cabeza, proyectándose como una película; recuerdos de nuestro tiempo en Italia. Eran tanto suyos como los que yo había guardado en el rincón más profundo de mi cerebro. Supuse que estaba tan vulnerable emocionalmente que mi don se había echado a andar y por primera vez no me importó.

Probablemente tenía una vena masoquista, pues me negaba a romper el contacto y por ende, suspender la “transferencia” de recuerdos de la mente de Stan a la mía. Pero simplemente no podía. Eran recuerdos de una época donde fui feliz, sin tantas ataduras, sin tantas cadenas ni remordimientos. Simplemente era una mujer al lado del hombre que había amado más que a su propia existencia. Era la felicidad que se me había negado, a la que probablemente jamás volvería a tener derecho.

Suspiré melancólica. Si tan sólo el tiempo se hubiera podido detener en ese momento, si esa pequeña burbuja de felicidad jamás se hubiera roto. Si hubiera… pero el “hubiera” no existe, sólo quedaba ceñirse a la realidad y espera que el futuro no fuera tan sombrío como el pasado.


El resto del día, pasé en una especie de letargo melancólico. Después de nuestra plática, apenas si habíamos cruzado palabras Stan y yo. Era como si entendiera que necesitaba tiempo para asimilar todo lo que habíamos hablado.

De una forma un tanto infantil, la única forma que se me ocurrió de estar a solas, de escapar de la incisiva mirada de tía Alice y de la tentación de dejarme llevar por el deseo que provocaba en mí Stanislav, terminé encerrándome en la habitación.

Traté por todos los medios poner la mente en blanco, fracasando estrepitosamente. A mi mente venía lo que había hablado con Emma, la confesión de Stan sobre sus sentimientos por mí, los recuerdos de mi vida con Jacob. Cualquier decisión que tomara, afectaba irremediablemente a los tres.

“… El amor siempre estará presente en tu vida, pero habrá demasiadas lágrimas de por medio; dos hombres jugarán un papel importante, tu destino está enlazado al de ellos de forma irremediable.

»Mientras estés con uno, el otro seguirá presente en tu vida, no podrás separarte de él. Son tres destinos que se vienen unidos desde vidas pasadas, son tu karma, un círculo que no tiene fin…

Recordé a la gitana que había leído mi futuro en la plaza de Volterra, la noche de mi primera y única cita con Stanislav. Había dicho que nuestros destinos estaban enlazados, un círculo sin fin… Pero debía tenerlo, debía de haber una forma en que detuviera el dolor.

–Si dejara de existir, sólo así se detendría… –Murmuré casi inconscientemente.

Me estremecí. No sé de donde había salido, pero sacudí la cabeza intentando despejar ese pensamiento casi suicida. Lamenté no tener a la mano ni una cajetilla de cigarrillos o una pastilla de Alprazolam.

Me hice un ovillo, abrazando fuertemente la almohada para calmar los temblores de mi cuerpo, la desazón de mi interior. De alguna manera, terminé por quedarme dormida, cansada física y mentalmente, tanto que mi cuerpo había cedido al sueño profundo.

Sólo que el descanso no duró; el grito de tía Alice me despertó como si me hubieran tirado un baldazo de agua fría en la cara.

Me desperté desorientada, con el corazón latiéndome como poseído a causa del susto. Me levanté a prisa, sin importarme que mi pelo estuviera todo revuelto o que estuviera descalza, protegiéndome los pies del frío piso únicamente con un par de calcetines rosados.

–¿Qué sucede? –dije casi agitada, no tanto por la carrera, sino que en el corto trayecto de la habitación a la sala se me ocurrieron varias posibilidades. Una era que los Vulturi nos hubieran atacado por sorpresa, la otra que al fin hubiéramos tenido noticias de Denali.

Stanislav ya se encontraba ahí, abrazando el crispado cuerpo de tía Alice. Por un momento sentí el aguijón de los celos, recordando mis iniciales sospechas de que entre Stan y mi tía había algo más que una simple amistad. Me reñí mentalmente, no era momento para eso.

–¿Qué sucede? –repetí nuevamente –¿Tía? ¿Stan? –los miré alternativamente, esperando que cualquiera de los dos me diera una respuesta.

–Lo vi… en Denali…

El corazón me palpitó más a prisa al comprenderlo. Si no me daba un infarto sería todo un milagro. Sentí como la sangre empezaba a abandonarme, dándome con toda seguridad una palidez casi sepulcral.

¿Quién habría sido? ¿Alguno de mis abuelos? ¿Tío Jasper? No quería ni pensar que pudiera ser mamá o papá. No lo resistiría. No, era algo que definitivamente no podía soportar…

–Carmen… la tomaron por sorpresa y… ella no fue la misma desde la muerte de Eleazar. Se limitaba a existir, era como si con la muerte de su pareja, hubiera muerto ella también.

»No estaba preparada para luchar, no podía enfrentar un ataque así… fue muy fácil para los Vulturi terminar con Carmen.

–¿Y los demás?

–Siguen peleando… Son cinco italianos, pero son muy fuertes. Están dando la pelea…

Tía Alice se soltó de los brazos de Stan, dejándose caer sin gracia sobre el sillón. Volvió a cerrar los ojos, supuse que para regresar sus visiones al campo de batalla. Me senté a un lado de ella, con el corazón en la boca, expectante a cualquier cambio de su semblante.

–Oh…

–¿Qué sucede?

–Kate…

–¿Tía Kate también…?

–No, sólo está herida. Garrett la ha ayudado a tiempo… –abrió sus ojos, como buscando un respiro de lo que su don le mostraba. –Dios mío, vienen dispuestos a todo para acabar con nosotros.

Esa noche fue una muy larga, esperando a que tía Alice anunciara el fin del combate y el resultado del mismo. Estaba desesperada por saber si mi familia estaba bien, si los miembros de la guardia Vulturi habían sido derrotados. Decidí guardarme mi angustia y mis preguntas, no deseaba presionar a mi tía; su don era agotador y agregarle encima mi inquietud no servía para nada.

Cerca del anochecer, supimos al fin que todo había terminado. Habían acabado con tres de los Vulturi, mientras los otros dos habían corrido como ratas al ver la batalla perdida. Tía Kate estaba herida, pero se recuperaría. Mientras que tía Carmen… Era duro perder un miembro más de la familia.

Me sentía triste, pero al mismo tiempo, mi vena egoísta se alegraba de que no hubieran sido mis padres o alguno de los Cullen los caídos en batalla. Sabía que estaba mal sentirme así pero… Lo lamentaba, de verdad que sí, pero era un alivio saber que los Cullen no habían perdido un miembro más a causa de los Vulturi.

Papá llamó por teléfono, para darnos la triste noticia que ya sabíamos. Prometió que regresarían de inmediato; supuse que llegarían durante las primeras horas de la mañana siguiente. Sentí alivio, pronto volvería mi familia, listos para hacerle frente a cualquier cosa nos deparara el futuro.

Pero sobre todo, pronto podría aclarar con papá de una buena vez y por todas el misterio que era para mí aquella conversación que años atrás había sostenido con Stanislav. Estaba dispuesta a llegar al fondo del asunto y descubrir qué tanto había afectado el curso de mi propia historia.

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