Disclaimer

Nombres y personajes de esta historia son propiedad de Stephanie Meyer (menos los que no salieron en la saga original). Lo único mio es la historia que va uniendo a tan maravillosos personajes.
Esto es un homenaje a una de mis sagas favoritas, sin fines de lucro, por mera distracción.
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domingo, 16 de enero de 2022

Espacio

Espacio

–¡Demonios! –murmuré por tercera vez en los últimos 15 minutos, sintiéndome una completa idiota por haber decidido salir en el día más frío y nevado que pudiera recordar en mi vida. La calefacción de mi SUV no parecía dar abasto, pero tampoco podía abusar de ella; era muy consciente de los efectos que podía tener su uso incorrecto y prolongado en la salud.  Tal vez debería haberme quedado en casa, en cama bajo 3 mantas, mi viejo pijama y el par de calcetines más gruesos que pudiera poseer. Pero claro, era un lujo al que tenía que renunciar por proteger mi paz mental y mi corazón…

Instintivamente, posé por un momento mi mano izquierda sobre mi abdomen, recordando por qué había emprendido el viaje hacia Seattle. Apenas era una pequeña protuberancia, casi imperceptible para cualquiera de mis conocidos, pero mi cuerpo ya estaba empezando a sentir los cambios. Y a antes de que la gente en la reserva se diera cuenta, quería estar lo más lejos posible.

¿Estaba actuando como una cobarde egoísta? ¡Claro! ¿Me arrepentiría de irme así? Muy probablemente, pero mi instinto de conservación me hacían correr lo más aprisa posible, correr hasta que los pulmones me ardieran por el esfuerzo.

Era 3 de Enero y había prometido dar una respuesta a la oferta de trabajo más tardar el 8. Había dejado a los niños en casa de Paul y Rachel, prometiendo volver por ellos una vez instalada y antes de que el reiniciaran el colegio. Sinceramente, todavía no estaba segura de aceptar el trabajo, mientras mi cabeza me decía que era la mejor oportunidad que tendría profesionalmente  para alejarme de… de él, mi corazón me decía que estaba tomando una decisión equivocada.

Odiaba dejar a mis chicos, y detestaba aún más dejar a la tía Sue en un momento tan difícil para ella. Apenas un par de días atrás, la madrugada del día primero de Enero, para ser más exactas, un destrozado Seth había tenido que darle la noticia a su madre de la muerte de Leah. No conocía bien las circunstancias, pero era claro que el viaje que habían hecho intempestivamente Seth y Jake en búsqueda de mi prima no había llegado a un buen fin. Y si las circunstancias eran manejadas con tanto recelo y secretismo, eso significaba que el “secreto” que rondaba a los Quileutes y del que definitivamente me negaba a reconocer, estaba involucrado.

Y dado que los hombres se habían ido con la familia Cullen, entonces…

Sacudí la cabeza, no era necesario hondar en ello. Cada pensamiento que se iba por esos derroteros, significaban un golpe a mi corazón. Y ya estaba cansada de ser el saco de boxeo emocional que había sido las últimas semanas.

Decidida a concentrarme en la carretera, sintonicé una estación cualquiera en el radio, intentando rellenar el silencio del auto, porque el silencio me llevaba a pensar en una sola cosa, o mejor dicho, en una sola persona. Suspiré profundamente al escuchar las notas de una vieja canción country, y me limité a tararear la triste letra cantada por Martina McBride.

Lamenté no poder tomar café, pero mi embarazo me impedía hacerlo. Renunciar a mi dosis diaria de 4 tazas de cafeína no había sido fácil, pero tenía que concentrarme en mi bebé, que a estas alturas todavía era del tamaño de un frijol, “mi pequeño frijolito”, pensé mientras esbozaba una ligera sonrisa. No era sencillo manejar tantos sentimientos, el torbellino emocional en el que me sentía sumergida gracias a mi relación con Jake, o mejor dicho, mi ex relación con él. Pero jamás renegaría de mi pequeñín, era un regalo inesperado, pero una bendición al fin.

Nunca me había detenido a pensar si deseaba o no ser madre. No era algo que estaba en mi radar, ya que desde que tenía memoria, el sueño de mi vida era ser médico y ayudar a mi gente, y luego, cuando terminé siendo la madre adoptiva de los hijos de mi hermana y de Sam, mis sobrinos y yo formamos una familia, la que nunca pensé en tener y no sabía que necesitaba.

Y luego, Jake se unió a nuestra tropa… Jake,  con sus castaños ojos tristes y su corazón roto llegó, convirtiéndose en la pieza que faltaba.

Lo amaba… no, lo amo. Lo amo tanto que duele, que siento que no puedo respirar de la intensidad. Y pensé que él también empezaba a hacerlo, que al fin empezaban a cerrarse sus heridas emocionales y se quedaría con nosotros para siempre.

Pero ella, Renesmee, había regresado a Forks, y con ella había traído el pasado, la historia inconclusa entre ellos. Yo había sido testigo en primera fila, de la intensa y tumultuosa relación que tuvieron; Jacob jamás había brillado como lo había hecho cuando estaba junto a ella; nunca había reído o amado de la misma manera. Había una luz en su mirada tan hermosa, tan brillante… y cuando ella se fue, todo eso desapareció. Fue como ver la muerte de la estrella más fulgurante del cielo: violenta, rápida y al final, solo dejó un enorme hueco que había absorbido cualquier esbozo de felicidad del cuerpo de Jake.

Y aunque he amado a Jake desde tengo memoria, jamás me alegré de que sus sueños de formar una familia con Renesmee se desvanecieran. Porque su dolor es el mío, y si él no podía amarme de la misma manera, yo sería feliz sabiendo que lo es con alguien más. 

Pero a pesar de mi amor por él, tampoco soy un felpudo. Lo amo, pero también me amo y me respeto a mí misma. Por eso me hice a un lado y lo dejé ir, sin hablarle de mi embarazo. Tenía que darle la libertad y conociéndolo, si sabía de mi hijo, jamás me dejaría, se quedaría por un sentido del deber, y era algo que no pensaba permitir. Debía aclarar las cosas con ella. Tal vez tendrían el cierre que necesitaban y podrían seguir adelante con sus vidas, o tal vez…

O tal vez ya regresó con ella”, una vocecita retumbó en mi cabeza.

Era consciente que había una posibilidad de que ellos regresaran, que ella se diera cuenta que él era su destino, su final feliz. Tal vez ella se había dado cuenta del error que había cometido al dejarlo de la manera en que lo hizo; tal vez terminó pidiendo perdón por los pecados cometidos… o simplemente se arrojó en sus brazos diciéndole cuánto lo había extrañado y eso habría bastado.

Y mientras mis pensamientos me torturaban con esas ideas, en la radio empezó la vieja canción de Randy Travis, “I told you so”…

–¿De verdad? –Pregunté a nadie en voz alta, con una triste sonrisa burlona mientras mis estúpidos ojos empezaban a soltar estúpidas lágrimas gracias a mis estúpidas y alocadas hormonas.

Para mí muy mala suerte, mi llanto ocasionó que la máscara de pestañas se convirtiera en un desastre, chorreando no solo por mi piel, sino también dentro de mi ojo izquierdo, provocando un ardor incómodo.

Sí, lo que me faltaba. Quedar medio ciega mientras conducía en la congelada carretera.  Mientras mi ojo izquierdo parpadeaba como luz intermitente, intenté alcanzar la caja de pañuelos desechables que estaban debajo del tablero del auto, aunque para eso, tenía qué soltar una mano del volante.

Mientras agarraba el volante con la mano izquierda, con la derecha intentaba estirarme lo más que me dejaba el cinturón de seguridad, intentando alcanzar la caja de pañuelos.  Después de unos cuantos intentos, lo logré. No sé por qué, pero me pareció una pequeña victoria haberlo hecho, tanto que me hizo sonreír mientras halaba el pedazo de papel, lista para limpiar el desastre que había hecho con mi llanto.

Pero la sonrisa me duró lo que un suspiro, porque aunque habían sido apenas unos segundos, esa pequeña distracción bastó para que perdiera de vista la carretera y no fuera capaz de maniobrar a tiempo: de la nada, había aparecido un enorme venado, cruzando ferozmente la carretera.

Mi instinto me hizo dar un tirón al volante, esperando esquivar al animal, pero no solo no logré evitar el choque, si no que de pronto el mundo pareció dar vueltas como un tiovivo sin control.

El miedo atenazó mi corazón, aferrada a volante del auto, en un desesperado intento de detener la descontrolada trayectoria.

Por favor, por favor”, repetí como un mantra, sin saber si lo decía en voz alta o en mi mente. Por favor, que auto se detuviera; por favor, que mi “frijolito” resistiera; por favor que… Jake volviera.

Un chirrido, un fuerte golpe y luego la nada.

 

 

 

 

 

 

Un ruido en el fondo me sacó de mis sueños.

Aunque no podía llamarse sueño si no habían imágenes que recordar al abrir los ojos, ¿verdad? Sólo había sido oscuridad,  y al abrir los ojos, la luz artificial que daba de lleno en mi rostro me provocó el más horrible dolor de cabeza que jamás había sentido en mi vida.

Volví a cerrarlos, intentando que así se detuviera la dolorosa punzada que me martirizaba en la sien izquierda.

–¿Ya despertaste, linda? –una suave y gentil voz me preguntó, haciendo que frunciera el ceño con fuerza. Aún esa suavidad empeoraba el dolor.  -¿Cómo te sientes?

–Me duele… cabeza –no pude reconocer mi propia voz. Sonaba más ronca de lo normal; supuse que por eso me había dolido la garganta al pronunciar esas tres palabras.

–Le avisaré a doctor que has despertado y luego te pondremos algo para el dolor.

“¿Doctor? “

Levanté la mano derecha hacia mi frente, sin estar segura qué estaba pasando. ¿Por qué había mencionado a un doctor? ¿Qué demonios había pasado? ¿Dónde estaba?

–No, cariño, vas a lastimarte si levantas el brazo así –volvió a pronunciar la suave voz. Con esfuerzo, logré abrir los ojos y descubrí que la dueña de esa voz era una mujer de piel de ébano y sonrisa amable, vestida con el característico uniforme de enfermera. Con cuidado, volvió a posar mi mano sobre el colchón de la cama de hospital en la que estaba tendida, mientras le daba un rápido vistazo a la intravenosa que me conectaba a una bolsa de suero.  –Trata de no moverte, por favor. Ya regreso con el médico.

Cerré los ojos, y no supe si fue un minuto o un mes lo que tardó en regresar la enfermera con el doctor. No entendía porque estaba en el hospital.

Recordaba ir en la carretera, escuchando viejas canciones country. Recordaba también que hacía mucho frío y que la carretera estaba prácticamente congelada, y que trataba de ir con cuidado para no tener un accidente…

Accidente.

Se me cortó la respiración al recordar el accidente. El venado, el auto descontrolado… mi frijolito.

Instintivamente y con terror, puse mi mano izquierda sobre mi abdomen, mientras mi mente hacía un rápido chequeo de mi cuerpo. Yo era médico, así que si hubiera algo mal con el pequeño, lo sabría, ¿verdad?

No pude evitar sentir que el corazón se me aceleraba por el miedo a que algo le hubiera pasado a mi bebé por culpa de mi imprudencia. Mi instinto profesional me hizo mirar hacia el oxímetro que tenía en el dedo índice de la mano izquierda, comprobando que mi frecuencia cardiaca estaba en 65 latidos por minuto, todo normal ahí.

Descartada una arritmia cardiaca, pero sin abandonar mi gesto protector en el abdomen, paseé la mirada en la pequeña habitación del hospital. ¿Dónde estaría? Las instalaciones no me parecían conocidas, y la anodina blanca habitación, no indicaba de qué hospital se trababa. Inclusive busqué en la bata hospitalaria que usaba algún logo o bordado que me indicara donde rayos había terminado después de mi accidente. 

Justo mi mente se centraba en eso cuando la puerta de la habitación se abría. Levanté la mirada, esperando encontrar a un colega, pero en su lugar, ocupando cada centímetro de la habitación con su imponente presencia, ahí estaba Jacob Black. Y por la manera en que apretaba su quijada y el entrecejo, era evidente que estaba cabreadísimo.

Oh. Por. Dios.

 

 

 

Al final, ya muy entrada la noche, me dejaron salir del hospital Claro, me habían tenido que hacer un montón de exámenes para comprobar que estaba bien, o mejor dicho, que frijolito y yo estábamos bien. A pesar de lo aparatoso del golpe, había salido con el labio roto, un moretón a modo de banda de concurso de belleza (cortesía del cinturón de seguridad) y un chipote a mitad de la frente.

Habíamos tenido mucha suerte, dijo el médico que me había tratado.  Así que no necesité pasar la noche en el hospital. Dada mi condición, solo pudieron darme tylenol para el dolor de cabeza; cualquier otra molestia, tendría que ser una chica grande y aguantarlo.

Un muy serio Jacob había escuchado todo en silencio, como una estatua. El único movimiento que se permitía era el constante apretón de quijada, haciéndome consiente que su enojo iba creciendo más y más.

Un enfermero me llevó en una silla de ruedas hasta la salida del hospital; Jake se adelantó para acercar su camioneta hasta la entrada, y antes de que pudiera ponerme en pie y subir al asiento del copiloto, Jake bajó, me tomó en brazos y me depositó con silenciosa calma sobre el asiento de piel antes de salir del estacionamiento del  nosocomio.

El ambiente tenso volvía sofocante el interior del vehículo. Sabía que Jake estaba molesto, y lo entendía. Se había tenido que enterar por otros de mi embarazo, cuando debería haber sido yo quien se lo dijera.

Era como si pudiéramos cortar con un cuchillo el silencio instalado entre nosotros. Respiré profundamente, llenando de aire mis pulmones hasta el punto de arder. Tenía que amarrarme lo calzones de niña grande y afrontar el error que había cometido. No era el momento de ser una cobarde.

–Jake, yo…

–No. –el seco  y determinado tono de su voz me paralizó por un momento. Decir que estaba enojado era quedarse corta. Era evidente que estaba bullendo por dentro.

–Pero…

–He dicho que no – Temblé ante sus secas palabras. No había necesitado gritar para dejar en claro que no quería hablar en ese momento.

Tragué saliva y guardé silencio, dispuesta a darle espacio y tiempo para calmarse y poder hablar como personas civilizadas y maduras. Aunque más que una actitud madura de mi parte, era más bien que él me estaba aplicando la ley de hielo.

Así que me limité a girar mi rostro hacia la ventana, pretendiendo observar las tranquilas calles de Port Angeles. Al final resultó que, mientras estaba inconsciente después del accidente, me habían trasladado en una ambulancia hasta esa ciudad.

No estábamos lejos de Forks, así que supuse que tendría que aguantar una hora más de silencio antes de llegar a casa y poner las cartas sobre la mesa. Pero sorpresivamente, Jake dio un par de giros entre las calles de la ciudad, alejándose del habitual camino hacia nuestra pequeña ciudad.

Paramos en un hotel; para mi asombro, en lugar de dirigirse al lobby para reservar una habitación, Jake pasó de largo hasta el extremo más alejado del edificio en forma de herradura. Supuse que había aprovechado para reservar la habitación y conseguirme algo de ropa, mientras me hacían los estudios en el hospital.

–No te muevas –me ordenó como el mejor general de guerra. Algo me decía que sería prudente guardar silencio hasta que estuviéramos a solas. No es que temiera de Jake, pero supuse que nuestra conversación no era la adecuada de llevar a cabo en un lugar tan público, aun cuando no había nadie a nuestro alrededor.

Con destreza, me ayudó a salir de la camioneta, y llevándome al estilo nupcial, me cargó hasta dejarme suavemente sobre el colchón de la única cama que había en la habitación. No sé por qué, pero darme cuenta que era una cama de tamaño matrimonial hizo que mis mejillas se encendieran.

Esperé a escuchar el clic de la cerradura al cerrar la puerta, antes de decir algo, cualquier cosa que acabara la tensión entre nosotros.

–Creo que…

–¡¿En qué demonios estabas pensando, mujer?!

Hablamos al mismo tiempo, yo bajito, él con la explosión de un volcán. No recordaba haberlo visto alguna vez tan enojado.

–¿¡Por qué sales y te arriesgas estando las carreteras congeladas?!  ¡Te he tenido siempre como una de las personas más sensatas en este mundo, pero vas y te comportas como una temeraria!

»¿Por qué te arriesgas así? ¿Tan enojada estás conmigo que pretendes castigarme así, volviéndome loco de preocupación?

Era consiente que había tomado una decisión bastante tonta al intentar llegar a Seattle estando las nevadas al orden de día. Pero escucharlo de la furiosa voz de Jake me hacía sentir no solo una tonta, sino muy culpable de arriesgar mi vida y la de mi bebé. Un nudo en la garganta empezó a formarse, mientras las traidoras lágrimas anegaban mis ojos sin control

Intenté decir “lo siento”, pero mi garganta se negaba a emitir sonido alguno. En su lugar, empecé a llorar desconsoladamente. Sin pensarlo, me llevé las manos al rostro, intentando ocultar mi llanto.

No supe cómo, pero en un segundo había estado sentada sobre el colchón de la cama y al siguiente, estaba sentada en el regazo de Jake, mientras sus brazos me rodeaban en un fuerte abrazo.  Me acurruqué en su pecho, y lloré no sé por cuanto tiempo, sacando todo el estrés y el miedo que había sentido no solo por el accidente, sino desde el día que supe que los Cullen habían regresado a Forks.

Poco a poco, mi llanto fue remitiendo, quedando apenas una pequeña estela de cortos suspiros, cargados de sentimientos.

–No llores, por favor. –La voz de Jake ya no estaba cargada de enojo, ahora era un destello de preocupación lo que las envolvía –No me gusta verte llorar.

–Entonces no me grites –era consiente que sonaba como una niña en berrinche, pero supuse que las hormonas de embarazada hacían que mis emociones estuvieran descontroladas. Después de todo, la que tuvo el accidente, fui yo, la que se estresó preocupada por frijolito, había sido yo.

–Lo siento, yo… –Jake resopló exasperado, como si estuviera tratando de acomodar sus ideas. Con suavidad, posó una mano bajo mi mentón, obligándome a mirarlo a la cara y fijar mi atención en él.  –No debí gritar, pero no tienes idea de lo muerto de miedo que estaba por ti.

–¿Cómo supiste dónde estaba? ¿Cómo llegaste aquí?

–Seth y yo volvimos de Suiza muy temprano en la mañana; Jasper Cullen nos consiguió un vuelo privado hasta Seattle y otro de ahí hasta Forks.

»Íbamos llegando a la reserva cuando Paul nos informó que había escuchado por la radio que había un accidente en la carretera, unos kilómetros más delante de Port Angels. Habían mencionado las placas del vehículo involucrado, y luego, habían subido unas fotos en un grupo de WhatsApp en el que está metido. Así fue como supimos que te había pasado. Todos estaban muy preocupados, y yo estaba a punto de volverme loco pensando que te podría haber perdido.

Me acurruqué más entre los brazos de Jake, estremeciéndome al recordar el accidente. Realmente me había salvado por los pelos de quedar gravemente herida.

–¿Quieres decirme qué paso? –Jake pronunció con un tono tan suave, maravillándome de la capacidad de control que tenía, ya que apenas unos instantes antes, me había gritado.

–Yo… –suspiré haciendo una breve pausa, intentando que mi voz saliera lo más firme posible –Iba conduciendo, y de pronto algo se me metió al ojo, y me empezó a arder horrible y… no sé… creo que en lo que trataba de limpiarlo, perdí de vista la carretera y salió este enorme venado y yo….  –hice una breve pausa, tragando grueso, nerviosa –Supongo que tendré que dar gracias al cielo que salí con apenas unos raspones

–Si, gracias a Dios, solo fue lo material… tu SUV quedó prácticamente inservible. –Jacob me abrazó con más fuerza. Me apoyé contra su pecho y al escuchar el latido de su corazón, el mío se fue tranquilizando en su alocada carrera. –Todos estábamos muy asustados, muy preocupados por ti… no podía pensar que te hubiera pasado algo, no después de lo de Leah.

–¡Dios! Tía Sue ya tiene suficiente con lo de Leah, y yo preocupándola de esta manera… lo siento tanto.

Cerré los ojos, todavía con mi rostro sobre el pecho de Jake, intentando apagar el ruido en mi cabeza. Habían pasado tantas cosas en casa, y lo último que necesitaba era contribuir al dolor de mi familia. Era difícil no sentirme culpable y egoísta.

–Sabes que tenemos qué hablar, ¿verdad? –La voz de Jacob rompió el momento de silencio, haciendo que el ritmo de mi corazón volviera a acelerar. Nunca me había considerado una cobarde, pero no podía negar que en esos momentos estaba nerviosa. Había llegado el momento de poner las cartas sobre la mesa.

Retirando algunos mechones rebeldes de mi cabello que habían caído sobre mi rostro, me enderecé hasta conseguir una posición erguida. Hice el amago de levantarme del regazo de Jake, en un desesperado intento de poner distancia entre nosotros, pero él fue más rápido y me apretó aún más si era posible, con sus brazos pareciendo una prisión de acero alrededor de mi cintura.

–¿Por qué no me lo dijiste?

“¡Wow!”, pensé, eso era ir directo al grano. Jake era directo y odiaba andar con rodeos, decía que no tenía caso andar por las ramas, era preferible atacar de lleno los asuntos a tratar, y al parecer, esto no iba a ser una excepción.

–Ya lo sabías cuando terminaste conmigo. –No era una pregunta. Supuse que me conocía lo suficiente para llegar a esa conclusión.

Inhalé profundamente, tanto que sentí el ardor en mis pulmones al llenarse de aire. Tenía pecados que confesar, esa era la verdad.

–Sí, lo confirmé un par de días antes. –Jake frunció el ceño, interrogante, pero no me interrumpió. Me estaba dando la oportunidad de que me explicara, quería escuchar el por qué le había ocultado mi embarazo. –Había tenido una leve sospecha cuando mi periodo se atrasó más de una semana, por lo general soy muy exacta con esas fechas.  Además, había empezado a sentir más sensibles mis senos y había empezado a tener nauseas nada más ver u oler el atún.

»Me hice tres pruebas caseras y luego lo confirmé en el laboratorio de la clínica de Forks. Cuando leí en el papel la palabra “Positivo” me quedé congelada, incrédula… no sabía cómo reaccionar.

–Pero aun no entiendo por qué no me lo dijiste.

–Pensaba hacerlo… cuando se asentaron mis pensamientos, estaba feliz y creí que también lo estarías… un hijo de los dos, algo que no habíamos planeado, ni siquiera hablado de ello, pero supuse que…  quise darte la noticia de una manera especial, solo que…

–¿Solo qué…?

–Solo que ella volvió. –No me sentía capaz de pronunciar su nombre en voz alta, era el eterno fantasma que había estado entre nosotros desde el primer día –Había pensado prepararte tu cena favorita… –mi voz tembló, estaba haciendo un esfuerzo titánico no llorar, pero me dolía recordar los días después de confirmar mi embarazo. ­–Estaba hablando con tu hermana para pedirle que cuidara a los niños esa noche, cuando entró Paul y nos contó que los Cullen habían regresado, incluida ella.

»No te voy a mentir, al escuchar que ella había regresado, fue como si me arrancaran el corazón. Era el fin.

Jacob hizo el ademán de interrumpirme, pero no se lo iba a permitir, no cuando al fin se había abierto la compuerta de mis sentimientos. Ya había callado por tanto tiempo, y por mí bien y por el de mi bebé, era preferible dejar de una vez las cosas en claras, aunque doliera. Porque, hasta el momento, no había dicho que hubiera regresado para quedarse, ¿verdad? Tal vez estuviera siendo considerado porque había descubierto que estaba embarazada, tal vez había arreglado las cosas con ella y regresaría a su lado una vez pasado el funeral de Leah.

–No te lo dije porque no quería presionarte, no quería que creyeras que tenías un estúpido deber hacia mí. El gran amor de tu vida había vuelto, y había mucha historia entre ustedes, historia que no había tenido un cierre. 

»Siempre fui consciente de lo que ella significa para ti; no soy tonta, sé que desde que se fue, tu corazón quedó incompleto. Yo fui el premio de consolación, la eterna amiga en la que te apoyaste en tus días más negros.

–¿Pensabas decírmelo? –el tono de voz de Jake volvía a ser duro, cerrado. Supuse que estaba molesto, pero ¡al diablo! La verdad no peca, solo incomoda.

–Si, eventualmente… 

–¿Eventualmente? ¿Qué demonios significa eso?

–Que… que en algún momento te lo diría.

–¿Y eso sería…?

Cuando el corazón dejara de sangrar y pudiera volver a respirar sin dolor por tí”, terminé en mi cabeza.

–Pero ya lo sabes –dije, eludiendo la pregunta directa. Volví a hacer un amago para levantarme, necesitando más que nunca de poner distancia física entre los dos. Su contacto quemaba, dolía sabiendo que probablemente él jamás habría sido para mí.

Pero una vez más, el brazo de Jake volvió a impedir que me quitara de encima de él.

–Así que, decidiste que lo mejor era terminar conmigo y hacerte cargo tú sola de nuestro hijo, dejarme fuera de sus vidas.

Así como lo decía, sonaba algo mezquino… bueno, más bien bastante mezquino de mi parte.

–No es así, yo solo quería darte espacio para que arreglaras tus cosas sin sentir que tenías que estar por obligación conmigo.

»Y sigo pensando lo mismo; no tienes ninguna obligación hacia mí. Si quieres ser parte de la vida de frijolito, no te lo voy a impedir. Podemos tener una cordial relación co- parental y lo haremos funcionar aun cuando ella y tú vivan lejos de Forks, porque…

Mi voz calló, porque Jacob me besó.

Y lo hizo como nunca lo había hecho, con una pasión furiosa, con su lengua conquistando cada rincón de mi boca, arrasando cualquier pensamiento o barrera que pudiera interponerse. Nos habíamos besado un montón de veces a lo largo de nuestra relación, pero este beso era especial, diferente a todos los demás, lleno de pasión, destinado a destruir cada una de mis defensas hacia él.

Mis labios ardían ahí donde habían terminado cortados después de mi accidente, pero no me importaba, porque el beso de Jake parecía haber adormecido mi mente, dejando que mis sentimientos y mis instintos tomaran posesión de mí. Podría jurar que había probado el sabor metálico de la sangre brotando de mi herida, pero ni eso logró pararnos. Jake me rodeaba y acariciaba mis costillas con su mano derecha, mientras que enterraba la otra mano entre mi cabello. Mis brazos se aferraron a su cuello posesivamente, reclamándolo.

Rompimos el beso hasta que nuestros pulmones exigieron oxígeno, recordándonos que teníamos que respirar. Mi pecho subía y bajaba descontrolado, y realmente no sabía si era por la falta de aire o por la excitación del momento.

Bajé la mirada un segundo, y ahí fui consciente de que estaba solamente en el bralette negro que Jake me había comprado junto con el resto de la ropa con la que había salido del hospital; en algún momento, tan inmersa como había estado por su beso, él había aprovechado para desabrochar y quitar mi blusa.

Por instinto, traté de cubrir mis pechos con las manos, pero Jake lo impidió, atrapando mis muñecas con una de sus manos.

–¿Por qué…? No debiste besarme

–¿Por qué no? Eso es lo que cualquier hombre hace con la mujer que ama cuando regresa a casa.

con la mujer que ama…” Abrí los ojos, sorprendida, sin despegar mi mirada de su rostro.  ¿Había escuchado bien?

–Te amo y no pienso irme a ninguna parte. Eres mi hogar, y no concibo mi vida sin ti.

Mi cabeza negaba desenfrenadamente, no queriendo hacerse falsas ilusiones.

–No puede ser… ¿y ella? ¿Qué? ¿Cómo? Ya te dije que no quiero…

–Emma, eres tú, solo tú. –Jake me miraba con intensidad, pero con también con un brillo de ternura y de algo que bien podía ser amor, pero mis miedos se negaban a reconocer como tal –No voy a mentirte, ver a Renesmee después de tanto tiempo y de la forma en que se fue, removieron muchas cosas en mí –escuchar su nombre salir de sus labios me provocó un estremecimiento involuntario –Pero pude cerrar esa historia, por fin pude dejar atrás el dolor y todos esos feos sentimientos que venía arrastrando.

»Pero sobre todo, reconocí que soy un tonto por no decirte que te amo.  Tuve que irme hasta el otro lado del Atlántico, rodeado de enemigos, para darme cuenta que era un idiota por permitir que te alejaras de mí.

–Pero ella es tu impronta –pronuncié con debilidad.

–La impronta dice que serás lo que la otra persona necesite. Y hoy somos un par de extraños que están tranquilos sabiendo que el otro encontró su verdadera felicidad.

Con cuidado, Jake nos puso de pie, uno frente al otro.

No recordaba la última vez que había visto una sonrisa similar en su rostro, tan brillante y llena de amor. Y al parecer era por mí.

Atrapó mi rostro entre sus manos, y vi la adoración que sentía por mi reflejada en su mirada llena de promesas para el futuro.

–Emma Marie Young, te amo hoy, mañana y siempre. Y prometo que jamás volverás a dudar de mi amor por ti, Te amo y quiero que seas mi esposa, mi amor y mi compañera. ¿Quieres casarte conmigo?

Empecé a llorar descontroladamente, asintiendo.

–Te amo y sí, quiero pasar el resto de mi vida contigo, con nuestra familia.

Jake me tomó entre sus brazos, abrazándome con fuerza, dando vueltas por la habitación, mientras me decía: –¿Puedes volver a decirlo?

–¿Qué?

–La parte donde me dices que me amas

–Te amo –pronuncié feliz, con la sonrisa más amplia que mis heridos labios me permitieron.

–¿Para siempre?

–Para siempre, Jacob Black

 

 

 

Muchas horas después, saciados entre las sábanas, con mi espalda apoyada en su pecho mientras me abrazaba y una de sus manos se posaba posesivamente sobre mi vientre, ambos empezamos a hacer planes sobre el futuro. Algo que jamás me había atrevido a soñar siquiera.

–¿por qué frijolito? –preguntó de pronto, divertido, mientras trazaba círculos imaginarios con sus dedos sobre mi vientre.

–En la última revisión que tuve con la ginecóloga, me dijo que era del tamaño de un frijol y a partir de ahí, le he estado llamando “frijolito”.

–No creo que frijol sea el apodo adecuado para nuestro cachorro.

No pude evitar poner los ojos en blanco mientras decía: –Te recuerdo que no necesito ni quiero saber el secreto de la tribu. –Aunque ambos sabíamos qué eso era algo tarde. Lo había descubierto gracias a Sam. –Así que prométeme no decirme jamás.

–Lo haré, si tú me prometes otra cosa a cambio.

–Lo que quieras.

–Jamás me vuelvas a alejar, no quiero nunca espacio entre nosotros.

–Dicen que a veces es necesario

–Conmigo no, no lo quiero

–¿Por qué? –pregunté, más por curiosidad que nada.

–Porque en el espacio solo hay oscuridad.  Y tú eres la luz de mi vida. 

domingo, 14 de febrero de 2010

EMMA


Esa noche, Stan y yo salimos de cacería acompañados de mis padres. Papá insistió en ir con nosotros, alegando que no quería forzar la de por sí tirante situación con los quileutes; lo último que quería era que si nos llegábamos a topar con Jacob y los demás, éstos pensaran que no estábamos cumpliendo a raja tabla con todas las cláusulas del tratado, incluyendo la que se aplicaba exclusivamente a Stan y a mí: no andar a nuestras anchar por los bosques de Forks.

Había sido una salida rápida, lo suficiente como para que la sed de los cuatro se aplacara. Claro, con el clima tan crudo, era complicado conseguir una buena pieza de caza.

Lo cierto es que al principio me había sentido un tanto fuera de lugar. Habían pasado más de cuatro años desde la última vez que había cazado (sin contar el incidente con Claire). Me había habituado a comprar la sangre que necesitaba en una carnicería del Meatpack District mientras viví en Nueva York, así que volver a la alimentación estilo Cullen había sido bastante torpe de mi parte al principio. Papá y Stan tuvieron que ayudarme al ver lo desastroso de mi “técnica”. Lo bueno que, al final, pude agarrar el ritmo; fue como andar en bicicleta, algo que nunca olvidas realmente.

Durante nuestra excursión de cacería, estuve dándole vueltas en la cabeza al cómo abordar a papá para que me contara lo que había hablado con Stan años atrás. No era un tema fácil de tocar, pues a parte de que deseaba tener esa conversación a solas con mi padre, sabía que no iba a ser nada fácil. Mi intuición me decía que esa charla había sido parte importante en la forma en como terminaron desarrollándose las cosas.

En un momento dado, la mirada de papá se encontró con la mía y leí en sus ojos un brillo significativo. Supuse que había leído en mi cabeza mis atribulados pensamientos. Movió la cabeza en un apenas perceptible asentimiento y no se puede decir que me sentí precisamente feliz porque hubiera aceptado, sino más bien nerviosa porque parecía que un viejo secreto sería resuelto.

Al regresar a casa, tuve que llegar directo a la ducha. Había terminado hecha un desastre, toda salpicada de sangre, como si fuera la asesina de una muy mala película de terror. Me bañé a toda prisa y me vestí en el doble de rápido, deseando abordar de una buena vez el tema que me tenía tan inquieta.

Pero parecía que el destino tenía sus propios designios, en los cuales jamás entraba en consideración mis deseos. Esa noche sucedieron dos cosas que postergaron la plática con mi padre.

Primero, mientras yo aún estaba en la ducha, Jacob se había aparecido nuevamente por la cabaña, esta vez sin ánimos de pelea, como después nos relataría papá. El encuentro no se había prolongado mucho, sólo lo suficiente para que Jake le comunicara a mi padre que había comprobado que lo que le había contado sobre la participación de Leah y Rachel en lo de la entrega de las fotos y datos a los de la revista era verdad, así como que había sido Rachel quien había denunciado anónimamente a la policía que yo estaba en Forks.

–El rostro de Jacob estaba desencajado tanto por la furia como por la decepción. –Había dicho mi padre mientras nos relataba lo sucedido en el breve encuentro con Jake –Nunca imaginó que su hermana o Leah pudieran llegar a hacer algo así…

–Me cuesta creer que las dos actuaran tan fácilmente a espaldas de los demás.

–Jacob me contó que ni siquiera Paul sabía lo que su mujer tramaba. Y sé que si Seth hubiera conocido las intenciones de su hermana y de su prima, hubiera hecho hasta lo imposible por detenerlas.

»Sondeé en su mente, vi sus ojos mientras me contaba todo y le creo. Jacob estuvo ajeno a todo plan contra Renesmee.

Opté por guardar silencio. Había conocido a Jacob muy bien durante mucho tiempo y por eso la imagen de él como un ser vengativo y rencoroso no me entraba para nada en la cabeza. Pero nuestros caminos se habían separado de una forma brusca hacía años. Había habido tanto dolor, tanto daño de por medio que, a decir verdad, no podía decir que él siguiera siendo el mismo. ¿O cómo esperar eso cuando yo misma había cambiado tanto que había llegado a un punto que no era capaz de reconocer mi propio reflejo en el espejo?

Papá nos contó además, que las cosas habían regresado por lo menos a un punto de no agresión. El resto de la manada seguía sin fiarse de nosotros, y preferían que nos largáramos cuanto antes de ahí, pero en vista de que tanto Leah como Charlie habían desaparecido misteriosamente el mismo día, y en la participación de ésta en el complot en mi contra, una vez más quileutes y vampiros íbamos a tener que trabajar unidos. Por lo pronto, la cláusula de “No agresión” seguía vigente y lo siguiente sería empezar a averiguar dónde estaban Leah y Charlie, si alguien (o algo) los tenía en su poder y por qué.

Yo tenía esa sensación extraña de que algo no andaba bien, pero no podía definir el qué o el por qué. Las palabras del mensaje de tío Emmett de que la desaparición del abuelo Charlie apestaba a lobo y Vulturi no dejaban de dar vuelta en mi cabeza. Di un largo suspiro mientras decidía dejar eso para el día siguiente, por lo pronto papá y yo teníamos una charla pendiente.


La visita de Jacob no fue lo único que evitó que papá y yo habláramos. Durante el transcurso de la noche, tía Alice tuvo una visión bastante aterradora: los tíos de Denali serían atacados.

–¡Maldita sea! ¿Es que no piensan dejarnos en paz? –masculló papá con furia. Por la forma en que fruncía el ceño, supuse que había “leído” en la mente de tía Alice la magnitud de sus visiones.

–Tenemos que ir en su ayuda. No podemos permitir que les suceda algo a Tanya y los demás… Son nuestra familia. –Había dicho apasionadamente mi madre.

–Tenemos que partir cuanto antes. Tenemos el tiempo justo para llegar y evitar que los Vulturis acaben con ellos –pronunció con un leve tartamudeo tía Alice. Me pregunté que tan horribles serían las imágenes de su cabeza que le habían hecho trastrabillar al hablar.

–Pues andando –agregué con urgencia. La perspectiva de perder a más miembros era insoportable. Aún escocía la muerte de tía Rose y tío Eleazar, y la desaparición del abuelo Charlie no estaba haciendo mucho por mi paz mental. Dejar que mis tíos de Denali sufrieran algún daño estaba fuera de todo lugar.

–Un momento señorita… –me paró en seco papá –Tú no vas a ningún lado.

–¡¿Queeé?! Pe-pe-pero papá…

–Ningún pero. Te vas a quedar fuera de esto, y nada de lo que me digas me hará cambiar de opinión –Agregó rápidamente, frustrando toda queja de mi parte. –No pienso permitir que te expongas de esta manera, poniéndote prácticamente al alcance de los Vulturis.

»Ellos vienen por ti, eres su objetivo principal, así que arrastrarte al campo de batalla sería un movimiento bastante estúpido de nuestra parte.

–Pero puedo ayudar…

–Renesmee, entiende, hemos pasado por mucho para mantenerte a salvo como para arriesgarnos a que en medio de la pelea, alguno de los italianos aproveche un descuido de nuestra parte y te haga daño o te secuestre.

»Y no lo tomes a mal, pero dudo que en estos momentos puedas ayudar en mucho. –Abrí los ojos como platos, mientras papá se iba como hilo de media con sus palabras –Aún no estás físicamente fuerte y tampoco creo que estés en forma como para enfrentar una pelea de la magnitud que se nos viene encima.

–Supongo que mamá no va tampoco, entonces.

–Ella va con nosotros. Necesitamos su don para inclinar la balanza a nuestro favor.

–Edward, –intervino mi madre –¿y quién se va a quedar con nuestra hija? No podemos dejarla sola.

–Tiene razón mamá, ¿qué tal que los lobos aprovechan su ausencia y vienen por mi? –ok, era un golpe bajo, pero tenía qué aferrarme a lo que fuera con al de que no me dejaran por fuera de la acción.

–Ellos no harán tal cosa. Jacob jamás lo permitiría cuando el tratado sigue vigente. Y por eso mismo, es más seguro que te quedes aquí, porque los Vulturis jamás se arriesgarían a internarse al territorio de los lobos sabiendo lo peligrosos que pueden llegar a ser como rivales en la lucha.

Papá hizo una pausa que se me antojó un tanto dramática. Los demás se habían puesto en acción, moviéndose de aquí para allá a toda velocidad, alistándose para salir rumbo a Denali. Me imaginé el interior de la cabeza de papá, trabajando con tal celeridad y precisión como la maquinaria de un reloj suizo.

–Stanislav… –pronunció al fin papá, mientras el susodicho se dirigía a la puerta. Stan se detuvo justo en el quicio, con gesto levemente sorprendido.

–¿Si?

–Tú también te quedas.

–Creo que puedo ser de más utilidad si los acompaño. Yo…

–Eres de más utilidad cuidando a Renesmee. Necesito que la protejas mientras estamos fuera. Además, ese fue el trato, ¿no?

Parpadeé perpleja. Eso sonaba como si la función de Stan fuera ser mi niñera-guarura permanente. ¿Y luego qué era eso del trato? ¿A qué trato se referían?

–Antes de que te imagines algo que no es, será mejor que te lo aclare –agregó papá rápidamente –Una de las condiciones que le puse a Stanislav para no echarlo de aquí es que se encargue de tu seguridad… Mal que bien, él hizo lo mismo mientras estuviste con los Vulturis y por lo menos ellos regresaste físicamente entera.

»Además, reconozco mis limitaciones, y una de ellas es no poder partirme en dos para cuidar tanto de tu madre como de ti. Las dos son el codiciado botín por el que nuestos amigos han luchado durante años.

Fruncí el ceño. Por lo visto, papá nunca dejaría de verme como una niña pequeña a la que había que cuidar entre algodones, pero decidí dejar pasar de largo cualquier comentario. El momento no estaba como para que yo protestara por la tendencia a la sobreprotección por parte de mis padres.

Y no podía negar que no dejaba de sorprenderme que, a pesar del recelo con el que aún lo veía, papá pusiera en manos de Stan mi seguridad. O era que papá estaba muy desesperado o simplemente había comprendido que Stanislav no era nuestro enemigo.

Noté que mamá miraba a mi padre de una forma bastante peculiar, y enseguida él agregó:

–Y tú también te quedas, Alice.

–¿Y yo por qué?

–Porque eres la única que pude predecir cualquier ataque de los Vulturis. Si ellos decidieran venir hacia acá, podrías verlo y poner a salvo a Renesmee…

–¿Nada más por eso? –preguntó irónica tía Alice.

–Y porque no soy tan tonto ni tan liberal como para dejar a mi hija y a su novio solos, lejos de toda civilización y en una cabaña que puede ser el marco perfecto para la seducción.

Sentí que me ponía roja desde la raíz del pelo hasta el dedo gordo del pie. Tío Jasper soltó una risita desde fuera de la casa mientras mamá reprendía a papá con un “¡Edward!”. No estuve segura si lo que me hizo sonrojar fue el comentario de Stan y yo solos, o que se refiriera a él como mi novio.

No hubo tiempo de replicar nada más, ya que todos se estaban poniendo en acción para partir en ayuda de los tíos de Denali. Todo fue tan rápido que para cuando me vine a dar cuenta, ya estaba afuera de la cabaña, escoltada por Stan y Tía Alice, mientras les decía “adiós” a mis padres y los demás.

Mientras agitaba la mano y observaba cómo iban alejándose las luces traseras del auto de tío Jasper a toda velocidad, en mi cabeza empecé a recitar las oraciones que el abuelo Carlisle me había enseñado de pequeña. Puse mi fe en que el cielo escucharía mis plegarías y protegería a mi familia; quería creer que podía hacerlo, aún cuando no estaba segura de que tuviera derecho a ello.

–No llores… todos van a regresar.

No me había percatado que un par de lágrimas cruzaban mi rostro. Me las limpié con el dorso de la mano, mientras con voz algo pastosa respondía a tía Alice.

–Lo has visto.

–No, pero me aferro a creer que podrán cambiar el curso del destino.


Las horas siguientes las pasé con el alma en vilo, rezando, implorando por el bienestar de toda mi familia. Era tal mi preocupación que no podía emitir ni una sola palabra, me dolía hasta respirar.

Stan se mantuvo a mi lado, aunque al mismo tiempo intentaba comunicarse con tío Emmett; era necesario que supiéramos exactamente lo que había querido decir en el críptico mensaje que había enviado. No podíamos darnos el lujo de malentender las cosas cuando la situación con los quileutes era tan tirante.

Mientras tanto, tía Alice estaba usando su don al máximo, tratando de ver cómo se desarrollarían los acontecimientos en Denali; y no sólo eso, también trataba de mirar en dirección de tío Emmett y de los Vulturis. No decía ni una palabra, pero su rostro era baste expresivo; su ceño se fruncía de tal manera que hacía que mis niveles de ansiedad alcanzaras nuevas cotas.

–¡Maldita sea! –pronunció al fin, mascullando las palabras como si fueran una palabrota.

–¿Qué pasa, tía?

–Emmett… otra vez tengo interferencia para verlo.

–¿Cómo que otra vez?

–A veces sucede… simplemente desaparece del radar.

Enarqué la ceja, un tanto confundida. Yo sabía que había dos formas para que alguien pudiera desaparecer del don de tía Alice, una era la muerte y la otra, que el destino de quien se estaba observando se entrelazara con el de uno de los quieutes. Entonces eso significaría que… ¿sería posible que tío Emmett se hubiera topado con Leah? Podía ser, pero tía Alice había dicho que otra vez había tenido interferencia para verlo. Eso significaba que no era la primera vez que le sucedía.

–¿Qué quieres decir con que “a veces sucede”? –me atreví a preguntar al fin.

–Que en el grupo de Emmett hay un cambia-formas –intervino Stan.

–¿Cambia-formas? ¿Un lobo como los quileutes?

–No, nada de lobos. Zeke es mucho más… especial. –Pronunció esbozando una sonrisa torcida.

Estoy segura que puse una mueca que reflejaba mi perplejidad. Incluso, me quedé boqui-abierta por unos segundos. ¿Cómo que ese cambia-formas en el grupo de tío Emmett era más especial? ¿Existirían otros allá afuera? O más bien, ¿qué otros monstruos rondarían ocultos del mundo humano?

Estuve a punto de hacer las preguntas en voz alta, pero el jadeo horrorizado de tía Alice truncó mis intenciones.

–¿Qué sucede?

–No… no, tengo que hablar con tu padre…. El teléfono, ¡rápido!

–Tía, ¿qué pasa?

Me ignoró mientras buscaba el móvil entre los cojines del sillón. Una vez que lo encontró, marcó las teclas del aparato a tal velocidad que ni siquiera podía ver los movimientos de los dedos.

–¿Edward? Sí… todo bien aquí, pero acabo de ver algo… Es Tanya. No va a lograrlo, uno de ellos logra acabar con ella.

Se me puso la piel de gallina al escuchar las palabras de mi tía. Tanya, una de las tías de Denali caía en la batalla. Involuntariamente vino a mi mente los recuerdos de cuando tío Eleazar había ido en mi rescate a Volterra y la forma tan cruel como habían acabado con él.

Mi tía colgó, asegurándole a mi padre que todo estaba bien en la cabaña, es más, que todo estaría bien con nosotros, pues no había “visto” que los Vulturis decidieran venir a atacarnos.

El silencio se instaló nuevamente, cargando el ambiente de tensión y desazón. El panorama no era nada alentador. Apreté los ojos, mientras elevaba una nueva plegaria al cielo, pidiendo que fuera posible cambiar el futuro que había visualizado tía Alice. Ésta, por su parte, empezó a moverse inquieta, de un lado a otro por la cabaña.

–¿A dónde vas? –preguntó Stan, al ver que tía Alice abría la puerta, con clara intención de salir.

–Necesito un respiro, un tiempo a solas… Me estoy volviendo loca con tantas visiones, tantos lugares que observar al mismo tiempo… Sólo… sólo quiero estar sola. No iré lejos…

No me sentí capaz de detenerla, se merecía el respiro que pedía. Nunca me había detenido realmente a pensar lo difícil que podía llegar a ser para mi tía poseer un don como el suyo, tener la capacidad de ver en el futuro y a pesar de ello, no tener la seguridad de poder evitar tragedias y desastres.

Me hice un ovillo en el sillón, mirando el exterior por la ventana, viendo la pequeña figura de tía Alice cargada de tensión, parada inmóvil como estatua. Me pregunté qué más rondaría por su cabeza, que más había que no nos dijo. Pero por una vez, me guardé mis preguntas para mí misma, temerosa de lo que pudiera descubrir.

En algún momento de la madrugada, había logrado quedarme dormida. Abrí los ojos, un tanto desorientada sin poderme acordar cómo había llegado a la cama. Al final, supuse que habría sido Stan o tía Alice quien me habría llevado a la habitación, pues lo último que recordaba era haber estado en la sala, en compañía de ellos a la espera de cualquier noticia.

Me lavé la cara con agua fría y me cepillé los dientes a toda velocidad. Aún no me acostumbraba a tener de nuevo una larga melena, incluso me costaba acostumbrarme a mi nuevo reflejo en el espejo. Me recogí el pelo en una coleta descuidada, mientras me vestía con un par de jeans y una sencilla blusa de algodón azul marino. No tenía ni tiempo ni ánimos como para reparar demasiado en mi aspecto, habiendo tantas cosas importantes de las cuales ocuparse; como en ese momento, que lo único que me importaba era reunirme con mi tía y con Stan para saber si había alguna novedad.

Los encontré en la sala. Ella con la mirada perdida en el espacio, como si estuviera nuevamente en trance; él, con móvil en el teléfono, hablando en checo a través de él.

Potřebuju s tebou mluvit Emmett, je naléhavá. Kde je teď? ... Chápu, ale je důležité dostat se do kontaktu s ním…

Identifiqué el nombre de mi tío en medio de las frases. ¿Habría podido encontrarlo al fin?

Stan sintió mi presencia. Ladeó el rostro hacia mí, dirigiéndome apenas una leve sonrisa. Esperé con paciencia a que terminara la llamada antes de preguntarle qué había pasado durante mis horas de sueño.

Budu-li zkontrolovat. Zatím.

–¿Y bien? –pregunté mientras él presionaba la tecla para finalizar la llamada.

–Nada. Emmett sigue fuera, es imposible ponerse en contacto con él.

–Demonios, parece que no tenemos la suerte de nuestro lado… Y, ¿ella?

–No sé –pronunció mientras encogía los hombros para enfatizar sus palabras –Tiene un rato así.

–Y podría estar más tiempo así, concentrada en ver lo que puede suceder si ustedes se callaran –pronunció con los labios apretados tía Alice, aflojando la postura mientras enfocaba su mirada en nosotros. –En fin las cosas no han cambiado mucho así que… supongo que puedo tomar un descanso. ¿Ya desayunaste, sobrina?

–¿Eh?

–Tu padre me dio órdenes expresas de que tengo que cerciorarme que te alimentas bien, y no únicamente con la dieta familiar.

Fruncí el ceño. Otra vez iban a empezar con la letanía de mi peso, de que si estaba pálida y debilucha. Suspiré, sin el menor deseo de comenzar con la discusión de siempre, así que me di media vuelta y me dirigí a hacerme algo de comer en la cocina. Me preparé una tasa de café y un sándwich; no tenía hambre, pero supuse que con ese desayuno tranquilizaría a mi tía.

Tía Alice frunció el ceño al ver lo que me había preparado, pero no dijo nada al respecto. Si por ella hubiera sido, me habría hecho comerme por lo menos media docena de huevos y una canasta completa de frutas.

–¿Ha pasado algo mientras estuve dormida? –pregunté antes de darle una mordida al emparedado.

–Nada, realmente. He estado tratando de ver y…. todo sigue igual.

–Entonces, ¿qué hacemos ahora?

–Esperar, es todo lo que nos queda por hacer.

–Nunca se me ha dado bien lo de esperar.

–Lo sé, pero no hay más.

–Me voy a subir por las paredes de la preocupación –dije, frustrada. Sentía que quedarme ahí, sin hacer nada, era una total pérdida de tiempo.

Más a fuerzas que con gusto, terminé mi improvisado desayuno. Me moví inquieta, de un lado a otro, demasiado ansiosa como para permanecer en un solo lado. Pensé leer un rato, pero recordé que el único libro a la mano era el que me había regalado tía Alice, y sinceramente, que abochornaba un poco que Stan me viera con él.

–¿Podrías dejar de tronarte los dedos, por favor? Me estas poniendo más nerviosa, Renesmee.

–¡Ups! Perdón, no me había dado cuenta…

–Sólo… sólo trata de estarte quiera un rato, ¿quieres? –pronunció con irritación. No recordaba alguna vez que la tía Alice se pusiera así de quisquillosa, y eso aumentó mi tensión; por lo general, ella se mostraba más apacible. Entendí que la magnitud de sus visiones eran mucho más serias de lo que me había imaginado.

–Renesmee, vamos fuera, ¿quieres?

–¿?

–Tu tía necesita un respiro y tú sacar la tensión. Así que, ¿por qué no vamos a entrenar un rato?

–Errr… sí, creo que es una buena idea… ¿Tía…?

–Sí, si vayan…

Stan me tomó de la mano y de un salto me puso de pié para encaminarnos al exterior. No puse resistencia ni protesté, porque la perspectiva de salir de la cabaña y poder respirar un poco de aire se me antojaba un buen remedio para la inquietud que sentía. Y agregándole una sesión de duro entrenamiento físico, bueno era como la guinda del pastel para combatir la ansiedad que sentía desde la partida de mis padres y los demás a Denali.

–Gracias. –Pronuncié al fin, cuando nos habíamos alejado apenas unos diez metros de la cabaña.

–Necesitabas salir de ahí. La ansiedad te está matando, y si mal lo recuerdo, cuando estás ansiosa, inmediatamente te pones pesada. –Dijo burlón.

–¡Claro que no!–A manera de respuesta, le di un puñetazo en el hombro. Sabía que la puya de Stan era una forma de hacer que por un momento me olvidara de mis problemas.

–¡Ouch! Pegas duro… –pronunció mientras se acariciaba con gesto exagerado ahí donde le había golpeado.

–Y lo que te espera…

–¿Ah, sí? En marcha, entonces… veamos qué tienes para mí, princesa. –Pronunció divertido, usando el adjetivo que solía decirme en Italia cuando quería hacerme enojar.

Y sin más, nos enzarzamos de lleno en el entrenamiento.

Patadas, puñetazos, saltos. La adrenalina del combate era por demás liberadora; la ansiedad, los nervios y la preocupación habían desaparecido de mi mente, y en esos momentos, en lo único que pensaba era en derribar a Stanislav. Era divertido tratar de derrotarlo y abollar un poco del excesivo ego que poseía. Siempre había sido así entre nosotros, esa camadería un tanto ruda. Y agradecía haberla recuperado, tener cerca a Stan en esos momentos era un gran alivio; si él no estuviera ahí, en esos momentos conmigo, bueno, no podía ni imaginarlo siquiera…. Stan había sido mi roca durante la parte más dura mientras estuve con los Vulturi, y nuevamente, lo volvía a ser en medio de la crisis familiar que atravesábamos.

En eso pensaba mientras lanzaba una patada al plexo solar de Stan, quien de pronto se había quedado muy quieto, por lo que mi golpe lo tomó desprevenido, haciendo que su perfecto trasero diera de pleno en el suelo.

–¡Ja! Te gané…

–Shhh… –pronunció, ignorando mi proclamación de victoria –Tenemos compañía.

–¿Qué…?

A toda velocidad, Stan se puso de pié y se colocó delante de mí, como si se tratara de una especie de escudo protector. Fue inevitable no ponerme nerviosa nuevamente.

–Es uno de ellos… –susurró mientras ladeaba el rostro hacia mí.

–¿De quién…?

–Lobos.

Nuevamente sentí una oleada de aprensión. Jacob había ido la noche anterior a hablar con mi padre, así que dudaba que hubiera regresado nuevamente… a menos que hubiera un buen motivo para ello.

Aunque también existía la posibilidad que fuera cualquiera de los otros chicos.

–¿Qué quieres? –gritó con autoridad Stanislav. Yo no veía a nadie, pero supuse que nuestro visitante estaría no muy lejos de nosotros.

Esperamos lo que me pareció una eternidad. Escuché a mi espalda cómo se abría la puerta de la cabaña. Tía Alice también había salido; si había un quileute cerca, entonces sus visiones se habían visto truncadas.

Había un camino, o mejor dicho, apenas una brecha entre los árboles cubiertos de nieve, por la cual apareció una figura apenas cubierta por un par de desgastados vaqueros y una camiseta de algodón gris que había visto sus mejores días tiempo atrás.

Me costó un poco reconocerlo, pues nuestros últimos encuentros habían sido él en forma de lobo y yo detrás de papá o de Stan (como en esos momentos), en un intento de ellos de protegerme de cualquier posible agresión.

–Seth… –pronuncié casi en un susurró, un tanto sorprendida por su presencia.

Tiempo atrás, había sido un gran amigo de toda mi familia, incluyéndome yo misma. Durante el tiempo que había vivido en La Push, había sido el único a parte de Jake, en el que había podido apoyarme cuando los demás recelaban mi presencia.

Pero habían pasado muchos años y muchas cosas desde entonces. No podía estar segura de cómo estaban las cosas entre nosotros, si aún me veía como una vieja amiga o si su percepción de mí había cambiado por completo, si él también me odiaba como el resto de su pueblo.

–Hola... Yo… yo… –Seth se rascó la cabeza, en un gesto un tanto nervioso. No sabía a qué había ido, pero cualquier que fuera el motivo, era bastante incómodo para él.

–Hola, Seth –respondí con el que esperé que fuera un tono calmado. Con paso lento, caminé hacia él, abandonando la protección que me proporcionaba el firme cuerpo de Stanislav ante cualquier posible ataque. –Yo… me alegra verte, aunque sinceramente no esperaba que vinieras por aquí.

–Lo sé, es sólo que… bueno, quería hablar con ustedes. Con todos. –Pronunció, deslizando la mirada hacia tía Alice, que en menos de un suspiro se encontraba a mi lado.

–Hola, Seth… Creo que no va a ser posible. El resto ha salido… mmm tenían que resolver algunos asuntos. –mi tía fue cuidadosa de no dejar entrever que la ausencia podía ser prolongada. Aunque estimábamos a Seth, no podíamos evitar tomar precauciones sobre lo que decíamos; después de todo, él era un quileute y tenía un líder al qué obedecer.

–No vienes sólo. –pronunció Stan a su vez, con hosquedad.

–No, no vengo sólo… Alguien me acompaña.

–¿Viene alguno de los otros chicos contigo?

–Es un humano –respondió Stan por él.

–Emma. Ella me ha pedido venir conmigo.

Me sorprendí. ¿Por qué querría Emma acompañarle? Dudaba que ella supiera la verdad sobre mi familia y sobre mí, y aunque así fuera, no tenía sentido su presencia. ¿Se sentiría amenazada por mi regreso? Bueno, hasta donde yo tenía entendido, ella era ahora la pareja de Jacob, y yo había desaparecido demasiado tiempo atrás como para que se sintiera amenazada por mí.

–¿Por qué?

–Porque quiere hablar contigo, Renesmee.

Fruncí el ceño, confundida.

–¿Tú y… Emma quieren hablar con nosotros? –preguntó tía Alice, con un tono de voz que no dejaba lugar a dudas que le parecía bastante extraña la situación.

–No, no… yo quiero hablar con todos ustedes. Emma únicamente quiere hablar con Nessie.

–No se si sea una buena idea...

–Por favor, escúchenme. He venido para pedirles una disculpa por lo sucedido ayer… Siempre los he considerado mis amigos, y estos últimos días han sido una locura, lanzándonos acusaciones de un lado a otro, sospechando de todo.

–Es difícil creerlo cuando ayer parecías bastante dispuesto a atacarnos.

–Lo siento, Alice, de verdad. Y creéme, jamás hubiera podido hacer nada contra ustedes. Si vine, fue para tratar de mediar las cosas entre los demás y ustedes.

»No olvido los años de amistad entre nosotros y es muy duro todo esto. Odio estar en medio de mis hermanos y de mis amigos, pero, entiéndanme por favor. Los quileutes son mi pueblo, mi familia, simplemente no puedo darles la espalda.

–Lo entendemos, pero tampoco puedes esperar que nos quedemos con los brazos cruzados mientras es evidente que buena parte de la manada se muere por hincarnos el diente. No puedes creer que Edward y Bella se van a quedar sin hacer nada mientras tratan de hacerle daño a su hija.

–Yo jamás le haría daño a Nessie… jamás te lo haría, de verdad.

–¿Y a mi abuelo? ¿A él sí le harían daño? –dije sin pensarlo. En cuanto terminé de pronunciarlas, me arrepentí de haber dicho esas palabras.

–Te refieres a Charlie, ¿verdad? –dijo en tono triste, como si le hubiera lastimado con lo que había dicho –Claro que jamás le haríamos daño a Charlie. Sabes que siempre le hemos estimado, no sólo por ser un gran amigo del pueblo. He llegado a estimarlo muchísimo por la relación que tiene con mi madre. Ella está destrozada por su desaparición.

–Y por la de Leah, también, ¿no?

–Sí. No saber nada de ellos está volviéndola loca de dolor.

–Pero ella se ha llevado a mi abuelo. Sabrá Dios por qué decidió tomarlo como rehén de su venganza…

–Nessie, por favor, es de mi hermana de quién estamos hablando. Tal vez no sea la mujer más fácil de entender, pero ella ha sufrido mucho. Y aún así, se que ella jamás le haría daño a Charlie a propósito.

»Quien se ha llevado a tu abuelo, también ha hecho lo mismo con mi hermana. Ella lo estaba cuidando esa noche, ¿lo recuerdas?

No respondí. No podía dejar de ser escéptica en cuanto a la participación de Leah en la misteriosa desaparición de mi abuelo. Ok, no era bueno lanzar acusaciones sin tener las pruebas necesarias para ello, pero no podía impedirlo… Sabía el gran rencor que la loba había ido acumulando en contra de mi familia y de mí, así que de alguna forma era natural que mis sospechas dieran con ella.

–En fin… lo último que quiero es venir a pelear con ustedes. Simplemente quiero que sepan que no tengo nada contra ustedes, es más, creo que vamos a tener que luchar nuevamente codo a codo si queremos recuperar a Charlie y a mi hermana. Aún los considero mis amigos y haré todo lo que esté de mi parte para mediar la situación con el resto de la manada.

–Gracias, Seth –respondió tía Alice –Sé que no es fácil para ti, no lo es ni siquiera para nosotros… Encontraremos la forma de solucionar las cosas; no nos gusta estar enfrentados con ustedes, menos cuando hemos pasado por tantas cosas juntos.

–¿Cuándo regresan los demás? De verdad, quiero hablar con todos ustedes y dejarles en claro mi posición. Jamás haré nada que pueda perjudicarles.

–Más tarde –tía Alice seguía respondiendo con cautela sobre el regreso de mi familia. –Les diré que quieres hablar con ellos. Prometo llamarte en cuanto sea posible.

–Gracias… bueno, supongo que será mejor regresar a casa.

–¿Y Emma? –dije de pronto, recordando que la doctora le había acompañado, aunque no estaba ahí presente. –Dijiste que quería hablar conmigo.

–Oh, sí… lo había olvidado por un momento. ¿Y bien? ¿Quieres hacerlo?

–Yo…

–No te sientas presionada. Si no quieres, no hay problema

–Bueno, supongo que no ha sido fácil para ella venir hasta acá, así que… ¿Dónde está ella?

–Me está esperando, no lejos de aquí.

–Vamos pues.

–Espera –pronunció Stan, tomándome por le antebrazo –¿Crees que sea una buena idea?

–Stan… Seth a dicho que no piensa hacernos daño

Stan no respondió, pero no necesitó hacerlo. Con un simple vistazo a sus ojos, supe que él no estaba seguro de las buenas intenciones de Seth. Claro, él no conocía al quileute como yo, era natural su recelo.

–Todo va a estar bien, te lo prometo… Regresaré pronto.

Posé mi mano en su hombro para darle un suave apretón, antes de reanudar mi marcha. Le lancé una rápida mirada a tía Alice, quien me miraba con el rostro serio. Tampoco creía que fuera una buena idea, pero no intentó detenerme.

Avancé al lado de Seth, sumidos en silencio, cada uno con su propio pensamiento. Nos habíamos alejado unos metros de la cabaña, cuando al fin Seth fue el primero en hablar.

–¿No sigue, verdad? –no necesité que me dijera su nombre, rápidamente comprendí a quién se refería –Supongo que es difícil para un vampiro fiarse de las buenas intenciones de un lobo.

–Lo siento… Stan a veces es un poco sobre-protector. Además, él no te conoce como tan bien como tía Alice y como yo; se toma muy a pecho su papel de mi guardián.

–No pasa nada… Supongo que cuando se quiere tanto a alguien, es imposible no tratar de protegerle todo el tiempo y de todo aquello que pueda hacerle daño, por más pequeño que sea.

–Tú no eres pequeño, precisamente. Y tampoco quieres hacerme daño

–Gracias por creerme… Y bueno, ¿finjo que no me he dado cuenta de que tu novio nos sigue o…?

–Stan no es mi novio… –atajé de inmediato, mientras Seth me dedicaba una mirada un tanto incrédula.

Era extraño que aquellos que me rodeaban empezaran a etiquetar a Stan como mi “novio” cuando no era así. Sinceramente, ponerle un nombre a nuestra relación era complicado. Sabía que yo le importaba, que se interesaba en mí, incluso, era muy consciente que Stanislav me deseaba. No iba a hacerme la tonta, fingir que no lo sabía… pero, eso no significaba que sintiera algo más profundo por mí. Nunca me había dicho que me quisiera, mucho menos que me amara. Es más, cuando yo me había atrevido a reconocer que lo amaba, él simplemente minimizó mis sentimientos y se fue. Dejándome con el corazón roto y un vacío que nunca pude llenar, a pesar de mis desesperados intentos por lograrlo.

Caminamos un poco más en silencio hasta detenernos justo donde Emma nos esperaba.

Me sorprendió un poco ver lo poco que había cambiado con los años, es más, me dio cierta envidia observar cómo la belleza serena de Emma seguía intacta, intensificada por una mirada profunda, llena de madurez. Llevaba el cabello negro sujeto en una trenza, vestida con una gruesa chamarra negra con capucha, un par de sencillos jeans grises y unas botas para la nieve. Tenía las manos metidas en los bolsillos de las chamarras, supuse que para calentarlas un poco, resguardándolas del aire frío.

Dudé un momento en acercarme, pero al final decidí terminar con eso. Ya había llegado hasta ahí como para echarme para atrás en el último momento; asimismo, imaginé que tampoco había sido fácil para Emma tomar la decisión de ir a verme,

Así que, al mal paso darle prisa”, pensé mientras reducía la distancia que había entre la doctora y yo.

–Renesmee…

–Emma…

–Supongo que querrán que las deje a solas.

–Por favor, primo… No tardaré mucho, lo prometo, sólo dame unos minutos, ¿quieres?

–Está bien… estaré por… por allá. –dijo haciendo un ligero movimiento de cabeza hacia su derecha.

Esperamos lo suficiente a que Seth se alejara, aunque yo sabía que mi viejo amigo tenía un oído tan fino que bien podría escucharnos a metros y metros de distancia. Y luego estaba Stan, que estaba escondido en alguna de las copas de los árboles, sin perderme de vista de un segundo.

Me sentí un poco culpable con Emma, pues ella había querido intimidad en nuestro encuentro, pero no podía advertirle que no iba a ser posible, no cuando había un vampiro y un cambia-formas tan cerca. Claro, no podía decirle eso, pues aunque ella sabía lo que había sido Sam en vida, dudaba que estuviera al tanto que Seth también fuera capaz de transformarse en lobo.

–Seth dijo que querías hablar conmigo.

–Así es.

–Y es sobre…

–¿Has vuelto por Jacob?

–Vaya, qué directa.

–Lo siento, pero no tiene sentido andarnos con rodeos.

–Eso veo.

–¿Y bien? ¿Has regresado para recuperar tu lugar en su vida?

–¿Y si así fuera, qué? No sé que tendría que ver eso contigo.

Decidí fingir que desconocía la relación de Emma con Jacob. Quería ver qué cartas estaba dispuesta a jugar la mujer.

A decir verdad, me sorprendía un poco que ella me hubiera abordado de forma tan directa; no encajaba con la Emma del pasado. Años atrás, se había hecho a un lado sin dar pelea ni armar alboroto cuando regresé y me instalé al lado de Jacob. En ese entonces, yo sabía que Emma y Jake habían empezado a acercarse, así que egoístamente me reaparecí con el firme propósito de recuperar aquello que era mío, sin importarme en lo más mínimo si era lo mejor o no para Jacob.

–Tal vez no tenga nada que ver conmigo… tal vez no soy nadie para preguntarte esto.

–¿Y por qué lo haces?

–Porque Jacob me importa, me importa muchísimo y no quiero verlo sufrir una vez más por ti.

–¿Te importa o… más bien lo amas?

–Eso no es relevante… mis sentimientos están al margen de todo esto.

–No lo creo. Si decidiste meter tu cuchara en esto, es porque esperas obtener algo a cambio.

–Lo único que quiero es que Jacob sea feliz, que no salga lastimado nuevamente por ti.

–Yo jamás le haría daño a Jake.

–Tal vez no a propósito pero… La última vez que estuviste aquí, él salió muy mal parado. Que lo dejaras estuvo a punto de matarlo… Fue… fue una época demasiado triste, demasiado dura para él. No quiero que tenga que volver a pasar por algo así una vez más. Por eso te pregunto, ¿has vuelto por él? ¿Has decidido regresar para siempre a su lado?

–Yo no…no lo creo. –Respondí después de un breve silencio.

–¿No estás segura?

Me sentí incómoda sabiendo que Stanislav me escuchaba y podía malinterpretar mis problemas, acarreándome un nuevo problema justo cuando habíamos hecho las paces.

–Emma, si lo que quieres saber es si una vez más pienso interponerme entre tú y Jacob, puedes estar tranquila. Sé que le hice mucho daño, sé que lo lastimé de todas las maneras posibles, así que pensar en una nueva relación con Jacob sería algo bastante egoísta de mi parte y bastante estúpido por parte de él.

»Sé que arruiné cualquier oportunidad que tuviera de ser feliz al lado de Jacob y lo asumo con todas sus consecuencias. No pretendo volver a meterme entre ustedes, tal y como lo hice años atrás.

–¿De qué hablas? Nosotros n-n-no…

–Sé que hace más de cuatro años, mientras ayudabas a Jacob a recuperarse de las heridas de aquel accidente, tú y él se acercaron demasiado, estaba surgiendo algo especial entre ustedes dos.

»Y fue precisamente por eso que regresé. Porque había considerado a Jacob algo mío durante muchos años; era demasiado egoísta y mimada como para permitir que él fuera feliz con alguien que no fuera yo. Vine dispuesta a acabar con cualquier cosa que hubiera entre ustedes, a destruirte si fuera necesario.

–Yo nunca fui, ni seré rival para ti. –Pronunció mientras me miraba sorprendida.

–No te menosprecies Emma, eres una mujer muy hermosa, una mujer inteligente y madura.

–Eso no significa que Jacob pueda llegar a mirarme del modo en que te miraba a ti.

–Eso no lo sé… pero lo que sí sé es que hay cosas que sí le puedes dar que yo no.

–¿Como qué?

–Paz, felicidad… y un hijo.

–Jacob no es tan vil como para despreciarte por lo que sucedió… Tú eres la mujer a la que ama, más allá de si puedes tener hijos o no.

–Dudo que Jacob me amé… no creo que pueda después de tanto daño. Dudo que quede algo de ese amor por mí, cuando yo misma me desprecio por lo que le hice.

Nos quedamos calladas, sin saber qué decir. La conversación era incómoda, pero supuse que era algo que Emma necesitaba y que yo le debía.

–¿Me culpas por no haber podido salvar a tu bebé? –Me preguntó al fin, y pude ver en su mirada cierta tristeza.

–No. Sé que no tuviste nada que ver en eso… hiciste lo que pudiste, dadas las circunstancias. Créeme, en todo caso, la culpa de la muerte de… de Isaiah, es mía. Sé que eres una buena persona, que eres una doctora con un alto sentido de la ética; cualquier sentimiento que pudieras tener contra mí, lo dejaste de lado aquella noche para salvar mi vida y tratar de salvar la de mi hijo.

Lo cierto es que durante los primeros días, sí había creído que Emma había dejado que Isaiah muriera y que yo no pudiera volver a embarazarme. Había tenido la idea de que ella me odiaba tanto pro haberle arrebatado a Jacob, que se había vengado de mí. Así que, aprovechando una de las veces que había ido a revisarme, que usé mi don para accesar a los recuerdos de esa noche. Descubrí la culpabilidad que sentía por no haber podido salvar a mi bebé, por no haber podido hacer más de lo humanamente posible para que Isaiah viviera. Le dolía ver a Jacob destrozado e incluso, sentía pena por mí, por haber perdido a mi hijo y que las posibilidades de tener otro se vieran reducidas cero.

–¿Puedo darte un consejo? –continué. Emma enarcó la mirada, sorprendida, limitándose a asentir con la cabeza –No vuelvas a hacerte a un lado sin dar la batalla. No dejes a Jacob sin pelear por él.

–No puedo obligarlo a permanecer a mi lado... Todos queremos ser elegidos, ¿sabes? Todos queremos que aquellos que amamos nos elijan libremente, sin presiones, sin actos de lástima de por medio. Y eso es lo que quiero para mí, porque me merezco que me amen por decisión propia, no que se conformen con quererme a su lado por un sentido del deber o por soledad.

–Pero a veces tienes que pelear por ello… Te voy a ser sincera, hace años, cuando te diste por vencida tan fácilmente, te odié por eso, por hacerte a un lado sin más.

–Lo hice porque sabía lo que Jacob sentía por ti. Sí, tomé la salida más cobarde, hacerme a un lado con facilidad, pero no quería sufrir más de lo que ya estaba padeciendo al verlos juntos, sabiendo que su corazón siempre ha sido tuyo.

–Debiste pelear, nunca debiste dejar que él se quedara conmigo… Nos hubiéramos ahorrado tanto dolor.

–Pero entonces como ahora, él te amaba demasiado como para ver a nadie más. Era inevitable que él no corriera a tu lado.

–Imagino que si has venido a hablar conmigo, es porque esta vez sí piensas dar batalla.

–No… hoy como entonces, sigo pensando lo mismo. Si Jacob quiere estar conmigo, que sea por decisión propia, no porque crea que me debe algo.

–Pero ustedes son pareja…

–No, no lo somos.

–Eso tenía entendido.

–He roto con él.

–¿Por qué?

–Hace un par de noches, me contó que habías regresado. Que se había topado contigo en la casa del jefe Swan.

La misma noche que regresé a Forks”, pensé.

–No profundizó en detalles… simplemente me dijo que habías vuelto. –Continuó Emma –Y vi en sus ojos un brillo que no había visto en mucho tiempo, desde antes que tú desaparecieras. Ahí supe que no podía continuar con lo nuestro, no cuando él tenía cosas pendientes contigo. Su historia estaba truncada, había demasiados círculos abiertos como para dejarlos pasar por alto.

»Por eso decidí terminar con él, darle el tiempo necesario para que mirara en su interior y descubriera lo que sentía por ti. Porque yo no lo quiero a medias, Renesmee. Si Jacob ha de estar a mi lado, lo quiero completo, lo quiero todo mío.

»Y eso me lleva al por qué me atreví a pedirle a Seth que me trajera a verte. Él no quería, pero terminó cediendo a mis ruegos. Tenía que verte, tenía que hablar contigo para asegurarme que si habías regresado por Jacob, esta vez no le partirías el corazón. No pretendo apelar a tus sentimientos para que te hagas a un lado y me dejes el campo abierto. No, no. Lo único que me importa es que él sea feliz.

–Ya te he dicho que no pienso atravesarme en el camino de Jacob otra vez.

–¿Realmente estás segura de eso? Porque decidas lo que decidas, tienes que estar segura de qué es lo que quieres.

»Si decides que deseas recuperar tu lugar en su vida, en su corazón, está bien. Pero hazlo feliz, por favor. Jacob ha sufrido demasiado, merece tener su final feliz.

»O, por el contrario, te das cuenta que él no es lo que quieres entonces… entonces libéralo, permítele se feliz. Rompe esa cadena de destructiva dependencia y déjalo encontrar su felicidad.

–¿Contigo?

–Conmigo o con quien sea… No me importa, mientras él sea feliz de verdad.

Me quedé sin palabras. Emma Young me estaba dando cátedra de cómo amar desinteresadamente. Y no perdía el porte, ni el aire sereno mientras hablaba.

–Supongo que será mejor que me vaya. Seth me está esperando y falta poco para que empiece mi turno en el hospital. Por favor, piensa en lo que te he dicho y no tomes ninguna decisión apresurada. Lo último que necesitan tú y Jacob es más dolor en sus vidas.

Con una ligera sonrisa, Emma dio media vuelta y echó a andar, llamando con voz fuerte y clara a Seth.

Yo me quedé clavada observándole alejarse de ahí, repasando en mi mente nuestra conversación.

Sentí envidia.

Envidié la forma de amar tan desinteresada de Emma, sin dobleces ni motivos ocultos. Cualquier otra mujer jugaría todas sus cartas, incluso con trampas para retener a un hombre. Pero ese no era el caso de la más pequeña de las hermanas Young.

Y también envidié a Jacob, por tener a su lado alguien que pudiera amarlo de esa manera. Era raro encontrar esa clase de amor, era algo que les sucedía a muy pocas personas a lo largo de su vida.

Miré hacia arriba, descubriendo a Stan parado en la rama de un árbol, justo a varios metros de mi cabeza. Lancé un suspiro. Sí, sentía envidia de ello, porque no estaba segura si yo pudiera amar y recibir esa misma clase de amor. Es más, no sabía si habría alguien que pudiera llegar a amarme cuando mi alma estaba tan fragmentada.

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