–¿Tía, qué hacemos? –pregunte con desesperación mientras rompía mi abrazo con Stan y empezaba a tronarme los dedos de las manos, mortificada.
–Ok, lo primero es guardar la calma y… –respiró profundamente mientras con un rápido movimiento se acercó hasta su bolso y extrajo de él su teléfono móvil. Con precisos y veloces dedos tecleó un número sobre la pantalla táctil y esperó a que le respondieran. Nada. Volvió a marcar una, dos, tres veces más. Le observé con el ceño fruncido, tratando de imaginar a quién podría estar llamando. Con frustración y exclamando senda palabrota, se dio por rendida.
–¿Qué sucede? ¿A quién le llamas? –pregunté.
–A casa de Charlie. Pero ni siquiera puedo comunicarme; una grabadora me dice que el teléfono está descolgado o en reparación.
En esa ocasión, quien soltó la palabrota fui yo.
–¿¡Qué hacemos?! –volví a preguntar con la voz chillona. Una angustia helada me recorría el cuerpo, atenazándome el corazón sin piedad.
–Ven –Stan estiró su mano para entrelazarla con la mía, y transmitirme su fuerza tranquilizante. –Debemos partir cuanto antes a Forks, mientras podemos intentar contactar algún amigo o vecino de tu abuelo. Si le ha pasado algo… –mi rostro debió poner tal mueca de miedo, porque Stan agregó de inmediato: –en el supuesto e imaginario caso de que así fuera, alguien debe de saber algo al respecto.
Tía Alice y yo nos miramos la una a la otra.
–¿Qué pasa? –nos preguntó Stan
–Que no recuerdo a ningún vecino en particular del abuelo… En cuanto a sus amigos…
–Sus amigos están en la reserva –terminó la tía por mi. –Supongo que habrá que llamarles…
Tía Alice me miró vacilante, a la expectativa de mi reacción.
–Supongo… –respondí, dubitativa. Por alguna razón, imaginé que iban a esperar que yo fuera quien llamara a La Push, pero la sola idea me provocaba la sensación de un hueco en el estómago por la aprensión. –Podríamos llamar a… –respiré profundo, ni siquiera me sentía capaz de pronunciar en voz alta el nombre de Jacob –Pásame el teléfono.
Con manos temblorosas, tomé el pequeño aparato de las manos de Alice y marqué el número que a pesar de los años, no había olvidado. Sentí que me había quedado completamente muda por los nervios y el miedo, por que ¿qué pasaría si quien levantara la bocina al otro lado de la línea fuera Jacob? ¿Me reconocería? ¿Qué iba a decirle? Porque un “Hola. Oye, disculpa que llame después de tanto tiempo y de la forma en que me fui, pero sólo quería saber si de casualidad habías visto a mi abuelo y si él estaba bien”, no se me antojaba que fuera la mejor idea.
Al quinto llamado, saltó el contestador automático. Escuchar la voz de Jacob, aunque fuera de esa manera y después de esos años, hizo que temblara más de lo que ya lo estaba haciendo.
Presioné sobre la pantalla el ícono de “colgar”. No me atreví ni le encontré caso dejar un mensaje.
–¿Y bien? –preguntó mi tía
–No contestó nadie en casa de los Black –Al pronunciar el apellido, pude notar como se arrugaba el ceño de Stan con desagrado. – Tía, ¿no tendrás de casualidad el número de casa de Seth?
–¿No recuerdas el número de los Clearwater? –respondió a su vez.
–No… hace demasiado tiempo que no… Durante estos años jamás llamé, terminé por olvidarlo. –respondí mientras le regresaba el móvil.
–Mmmm entonces vamos a tener que…
Los suaves golpes a la puerta interrumpieron a mi tía. Con un movimiento rápido, Stan se acercó a observar por la mirilla mientras que tía Alice esbozaba una sonrisa feliz; sin siquiera haber abierto la puerta, pude imaginarme de quién se trataba.
–Pasa –dijo Stan mientras se hacía a un lado, para dejarle pasar.
–¡Jasper!
–¡Alice!
Mi tía prácticamente se echó a correr en brazos de mi tío, quien la abrazó con tal intensidad que parecía que habían estado separados toda una eternidad. Observé a conciencia a mi tío y me pareció detectar algo distinto en él. No es que hubiera cambiado físicamente, sino más bien era algo… ¿cómo decirlo? No sé, era como si ahora lo rodeara un aura más madura, más tranquila y menos atormentada. Como si su lucha por adaptarse al “vegetarianismo” de la familia ya no fuera tan ardua para él.
Observé como le daba un ligero beso en los labios a la tía mientras le susurraba con suavidad un “te extrañé”.
–Yo también –respondió Alice con una sonrisa.
Se soltaron de su abrazo, sin dejar de mirarse con ternura. Les envidié por un instante, pues a pesar del tiempo que llevaban juntos, era más que evidente cuánto se amaban. Comprendí que la idea de que la tía Alice pudiera haber dejado a tío Jasper o que le estuviera siendo infiel con Stan había ido realmente una ridiculez.
También observé el pelo rubio de tío Jasper algo desordenado, mientras que su ropa mostraba un par de arrugas en su ligera camisa azul cielo y en los pantalones caqui a juego.
Estaban tan ensimismados el uno en el otro, que parecía que se habían olvidado del mundo a su alrededor. Me sentía algo nerviosa y emocionada. No sabía cómo me recibiría después de tanto tiempo. No sabía si estaría enojado conmigo o si por el contrario, me habría extrañado lo suficiente como para no hacerme ningún reproche por mi ausencia y por la forma en que me había ido.
Por fin parecieron recordar que no estaban solos. Todavía con una suave sonrisa en los labios, tío Jasper giró su rostro hacia donde estaba yo parada, nerviosa como una niña en espera de una buena reprimenda. En ese momento, deseé que a mi tía no se le hubiera ocurrido la grandiosa idea de que yo tenía que empezar a dejar el cigarro. En lugar de una caja de chicles y parches de nicotina, mejor me hubiera llevado una cajetilla de cigarros mentolados.
–¡Renesmee!– pronunció mi tío, ensanchando su sonrisa. Sentí un enorme alivio al detectar en su voz una sincera alegría al verme, sin un solo vestigio de reproches. Dio un par de pasos al frente con los brazos abiertos.
Sin pensarlo siquiera, yo también caminé hacia él, haciendo más pequeña la distancia entre nosotros y me arrojé a sus brazos.
–¡Tío Jasper! – dije con la voz ronca de la alegría y las lágrimas. Me aferré a él, tal y como lo había hecho durante mis años de infancia. Sentí como si mi corazón fuera un rompecabezas de miles de piezas, y que con el reencuentro con mi pasado, con aquellos que había amado (y aún amaba), cada una de esas piezas fuera tomando su lugar. De alguna manera, el proceso de sanación estaba iniciando.
–Pequeña, no tienes idea de cuánto te he extrañado…
No sé cuanto tiempo estuvimos así, pero lo cierto es que yo estaba llorando como magdalena, mientras los renos de mi horrenda y navideña camiseta verde seguían iluminándose sin control y “cantando” el “Jingle Bells”.
–¿Qué es ese sonido? –pronunció al fin mi tío, aflojando el abrazo, mientras enarcaba una ceja, confuso.
–Una mala idea de tía Alice –pronuncié limpiándome las lágrimas con la manga de la espantosa camiseta.
Tío Jasper le dedicó una mirada confusa a la indiciada, quien se limitó a encoger los hombros y pronunciar un “luego te cuento”.
–Renesmee… no puedo creer que seas tú realmente. –Pronunció mi tío cuando volvió a poner su atención en mí –Estas muy… diferente. –La forma en como pronunció la última palabra me hizo imaginarme que le estaba dando un significado completamente distinto. Ese “diferente” me sonó casi a “desastrosa”. –¿Qué te ha pasado? ¿Por qué eres rubia? ¿Por qué estás tan flaca? ¿Estás enferma?
–Estoy bien –dije con un poco de rudeza. Pero es que, ¿a quién le gusta que de forma velada le digan que se ve mal? Sentí los tres pares de ojos encima de mí, así que respirando profundamente por enésima vez, esbocé lo que esperé que luciera como una sonrisa conciliadora–Lo siento, sólo que… los últimos días han sido una locura y supongo que empiezan a pasarme la factura.
–No sólo los últimos días… –Murmuró Stan tan bajo que casi me pasa por desapercibida su voz. Le dediqué una mirada airada. Al parecer, seguía pensando que mi comportamiento y la forma en que me había estado cuidando a mí misma distaban mucho de ser sensatos, a pesar de que se estaba portando conmigo bastante… ¿cariñoso?, ¿amistoso?, o como pudiera decirse de su actitud hacia a mí. Porque esos adjetivos casaban más con un osito de felpa que con la personalidad tan recia y arrolladora de Stanislav.
–Alice me llamó hace unas horas y me dijo que dos de los Vulturis habían ido por ti, ¿cómo estás?
–Bien… Stan logró succionar la ponzoña de mi sangre.
–Y después, la alimentó de él. –Agregó mi tía, con un tono de voz que dejaba entrever que había algo que me estaba perdiendo, al tiempo que le lanzaba una mirada cómplice a tío Jasper.
Tío Jasper enarcó la ceja, sorprendido.
–Me alegro que estés aquí, Jasper –prosiguió Stan, como si no hubiera notado el intercambio de miradas entre mis tíos. ¿Qué estaba pasando? –Durante el ataque a Renesmee, uno de los Volturis mencionó que habían atacado a su abuelo.
El que Stanislav recordara el tema de mi abuelo me hizo volver de golpe a la realidad, sintiéndome culpable en el proceso, pues de pronto me olvidaba de aquello que era más urgente para distraerme buscando señales o mensajes ocultos en donde no los había. Pero, realmente era difícil concentrarse en una sola cosa cuando había tantas en qué pensar al mismo tiempo.
–¿Carlisle?
–No, no. Él está bien –aclaró de inmediato Alice –Después de hablar contigo, le llamé a él para avisarle que Renesmee estaba conmigo y lo que había sucedido… Más bien, creemos que pueda tratarse de Charlie.
–¿Y Bella ya lo sabe?
–¡No! Hablé con ella y con Edward hace horas, antes de que pasara todo esto. Ellos vienen volando de regreso. Quedamos de encontrarnos en Forks.
–¿Ya trataron de hablar a casa de Charlie?
–Sí, pero no responden. –Intervine yo –Al parecer el teléfono está en reparación. E incluso, llamé a casa de Billy Black, pero tampoco contestaron el teléfono. Tengo el presentimiento de que algo raro está sucediendo.
–Entonces, debemos partir de inmediato a Forks. –anunció tío Jasper con tono decidido. –Vamos al aeropuerto a buscar el primer vuelo disponible a Seattle.
–No creo que sea tan fácil. Estamos a diez días de Navidad, es prácticamente imposible encontrar un vuelo de último minuto. –respondí.
En ese momento, se escuchó “Viva Las Vegas”, en voz de Elvis. Reconocí la melodía de mi móvil, con la que identificaba cuando VJ llamaba. El ringtone había sido una especie de broma entre VJ y yo, ya que él tenía dos obsesiones en particular: la música del Rey y viajar cada Año Nuevo a la Ciudad del Pecado.
–Mi teléfono –pronuncié, intentando dar con el lugar de dónde llegaba la melodía, mientras intentaba ignorar las cejas arqueadas de los demás. Stanislav se acercó hasta un lado de la cama donde yo había estado acostada, y con movimientos rápidos, levantó del piso el saco que había usado la noche anterior. Del interior de la prenda, extrajo mi pequeño teléfono Blackberry.
–Es el tal V.J. –pronunció con el mismo desprecio que se reflejaba en su gesto. Aún así, me tendió el aparato.
Observé mi teléfono, sin decidirme a responder o no, hasta que el timbre dejó de sonar. Casi de inmediato, la alerta de un nuevo mensaje de texto se activó. Vi que se trataba de uno de Adele.
Con dedos rápidos, accedí a mi buzón de mensajes y me sorprendí al encontrarme con doce mensajes nuevos; leí el último, el que me había mandado mi pelirroja amiga. A primera vista, me extrañó lo largo, pues Adele no se caracterizaba por ser precisamente explícita a la hora de redactar. Es más, su ortografía y gramática era un desastre, inventando abreviaturas y abusando de las “k” cada vez que podía.
A medida que leía las palabras, sentía que mis ojos se iban abriendo como platos.
–¿Qué sucede? –Preguntó Stan.
–Escucha…
“Carlie, ¿dónde diablos te has metido? Traes a todo mundo en un maldito revuelo. Anoche te desapareciste sin decir adiós siquiera, dejándonos a VJ y a mi bastante preocupados, sobre todo con la aparición del tipo ese, el estirado irlandés que se puso a pelear con VJ en el Alphabet. Te hemos buscado desde entonces, y hace unos quince minutos vino la policía a preguntar por ti. Nos avisaron que encontraron tu bolso tirado en la Astor PI, junto un montón de vidrios rotos y rastros de una buena riña. Nadie sabe de ti y estoy empezando a preocuparme. VJ me dijo que tu teléfono lo tiene el “irlandés” y no sé por qué presiento que tu desaparición tiene que ver con el tipo ese. Si estas pasándotelo de maravilla en la cama con él, ok, pero ¡llámame, btch! No me tengas preocupada por nada”
–¿Quién es el… irlandés? –preguntó tío Jasper.
–Yo –respondió Stanislav, molesto. Si la memoria no me traicionaba, recordaba que Stanislav estaba orgulloso de su herencia Checa. –Parece que a los americanos les da lo mismo un país que otro… ignorant extrémní egocentrik
Puse los ojos en blanco. No podía culpar a Adele de hacerse un revoltijo con la nacionalidad de Stan, puesto que él hablaba el inglés con acento británico, pero cuando se enojaba, su inglés se tornaba duro y con una extraña mezcla de acentos difícil de identificar.
–¿Y quien es el tal VJ?
–Un estúpida molestia…
–¡No le digas así! Es mi amigo… –contesté molesta también. De pronto, me pareció extraño que mis reacciones parecieran un reflejo de las de Stan. Cuando les había contado parte de mi historia en la reserva, el dolor y la tristeza se habían hecho dolorosamente presentes en mí, y al mirar a Stanislav, era como si él pusiera comprender mi dolor, como si él hubiera sido capaz en esos momentos de sentir lo mismo que yo. Ahora, él se había molestado por la llamada de VJ y de repente, yo me sentí igualmente irritada, de un modo casi celoso, posesivo. No supe por qué, pero algo me decía que no era una simple coincidencia…
–… y que la policía esté involucrada en esto, tampoco me gusta nada. –Las palabras de tío Jasper interrumpieron el hilo de mis pensamientos. Sacudí la cabeza, intentando poner atención en lo que realmente importaba y dejar para después las tonterías. –¿Tienes algún mensaje más? –me preguntó directamente.
–Sí… pero ese es el más explícito… –dije mientras revisaba rápidamente el resto. –Me los enviaron Adele, VJ y otros de mis amigos del trabajo a lo largo de la noche. Básicamente, todos me preguntan lo mismo, que dónde estoy y que les responda de inmediato. –mi Blackberry empezó a vibrar nuevamente. –Tengo un mensaje de voz…
–¿Quién…?
–Sh… –silencié con poca delicadeza a tía Alice mientras escuchaba el mensaje. Cuando lo escuché por completo, no sabía si reír o llorar. ¡No se podía tener tan mala suerte en esta vida!.
–¿Qué pasa?
–¿Quién era?
–¿Qué te dijeron?
Les ignoré mientras buscaba el control remoto del viejo televisor que había en la habitación y lo encendía. A toda velocidad busqué el canal donde pudiera sintonizar la transmisión diferida del “Today Show”. Según el mensaje de VJ, la noticia había sido la nota principal con la que habían abierto la segunda hora del noticiero, así que tomando en cuenta la diferencia horaria, tal vez la estarían pasando en ese momento. No tardé mucho en dar con la imagen de Ann Curry sentada como todos los días frente a las cámaras del programa.
–… la policía investiga lo ocurrido en la Astor PI durante la madrugada. Fuentes dentro del Departamento de Policía informan que en las grabaciones de las cámaras de seguridad se alcanza a distinguir la pelea entre tres personas, una de las cuales presumiblemente se trata de Carlie Masen, famosa en últimas fechas por estar implicada en el caso del asesinato de Jordan Kenneth Jr.; también se menciona la aparición de por lo menos otros dos sujetos más, quienes a bordo de un automóvil Porshe de color amarillo, subieron a la fuerza a quien se presume es Carlie Masen y huyeron con rumbo desconocido.
»Amigos de la mujer, con quienes estuvo minutos ante del incidente, mencionaron que un hombre de entre 25 y 28 años, con acento irlandés o escocés….
–VJ me dejó un mensaje en el buzón de voz –dije, dejando de prestarle atención al resto de la nota. –Al parecer, mi desaparición tan misteriosa y tan repentina causó más revuelo del esperado –pronuncié mientras me llevaba las manos al rostro y las restregaba contra él con desesperación.
–Oh… –el gemido seco de tía Alice hizo que me descubriera el rostro y volviera a dirigir la mirada hacia el monitor. Sentí que abría la boca tanto hasta mi quijada tocar el suelo.
En la pantalla había una foto mía y un retrato hablado de Stanislav, acompañados de un cintillo con un número telefónico para proporcionar cualquier información que pudiera dar con nosotros.
Apagué la televisión presionando con más fuerza de la necesaria el botón en el control remoto.
La habitación se quedó sumida en un silencio vacío, mientras yo sentía que incluso había dejado de respirar. De verdad que no podía creer lo que estaba pasando, parecía un mal sueño, una pesadilla por demás bizarra.
–¿Qué hacemos ahora? –dije después de quién sabe cuanto tiempo, cuando estuve segura de que iba a poder articular coherentemente las palabras sin que me diera un ataque de pánico en el proceso.
–Esto es malo, muy malo –dijo tío Jasper con tono pausado –Esto arroja irremediablemente los reflectores hacia ti y hacia Stan… Si no tenían una excusa suficiente, ahora los Vulturi se han topado con la razón perfecta para iniciar su persecución.
No necesité preguntar el por qué, pues lo entendía a la perfección. El que Stan y yo, un vampiro y una semi-vampira salieran en la televisión en cadena nacional era malo, malísimo para la regla de “Guardar el secreto”. Y que además tuviéramos a la policía buscándonos, era casi como la guinda del pastel.
–Tenemos qué ponernos en marcha. –Agregó mi tío –¿Alguien vio a Stan o a Renesmee al llegar aquí?
–No. Yo fui quien bajó del auto ha hacer la reservación de la habitación –contestó tía Alice.
–Bien… pero aún así, tenemos que marcharnos cuanto antes. No sabemos si tienen la matrícula del auto y si ya la boletinaron a los demás departamentos de policía. –La expresión del tío se volvió concienzuda; casi podía ver los engranes de su mente trabajando mientras empezaba a trazar el plan a seguir. Recordé que durante su vida humana, el tío había pertenecido al ejército durante la Guerra Civil, así que eso de elaborar planes y tácticas era algo que no había olvidado. –Vamos a hacer esto: Alice, entregas la habitación y saldas la cuenta; mientras, Nessie y Stan vienen conmigo. Después, buscamos un lugar adecuado para dejar el auto abandonado.
Fruncí el ceño, ¿íbamos a andar a pie en pleno y soleado día? Por mucho cuidado que tuviéramos, era peligroso arriesgarnos a huir así, alguien podría ver a Stan y a mi tío y descubrir que a la luz del sol, ambos brillaban como bolas de discoteca.
–Traigo mi auto –respondió Jasper a la pregunta que no había formulado en voz alta. –En fin… Alice, nos sigues y buscamos un lugar adecuado donde podamos dejar el Porshe. Hay que cubrir las huellas lo mejor que se pueda mientras nos alejamos de New York.
–¡Pero si descubren el auto, van a checar los registros y van a descubrir que es de mi tía!
–No, el auto no es mío –respondió Alice. –Lo renté al llegar a la ciudad. Y no, no lo renté ni me registré en el Waldorf-Astoria como “Alice Cullen”… usé otro de mis alias para ello. –agregó en rápida explicación.
Bueno, por lo menos algunas cosas parecían estar a nuestro favor.
–¿Y el abuelo Charlie? –pregunté con angustia.
–Primero tenemos que alejarnos de aquí, evitar que den con ustedes dos…
–¡No! Lo siento, tío Jasper pero… Necesito saber que mi abuelo está bien, no me importa lo que pase conmigo, siempre que él esté bien… Tengo que ir allá, comprobar que él no corre peligro alguno.
Sentía que me balanceaba peligrosamente entre la razón y la histeria.
–Renesmee, escúchame –al instante, empecé a sentirme tranquila, sin esa horrible sensación de tétrica anticipación. El alocado latido de mi corazón fue bajando de intensidad, retomando al igual que mi respiración, un ritmo humanamente pausado. Supe entonces que mi tío estaba usando su don conmigo. –Te prometo que iremos a Forks a averiguar qué está sucediendo con Charlie, pero lo primero es irnos de aquí antes alguien te vea a ti o a Stanislav y terminen complicando más la situación con la intervención de las autoridades.
–Jasper tiene razón –intervino Stan –Sería una locura dejarnos llevar sin medir las consecuencias. Entiendo cómo te sientes, můj život, pero hay que pensar bien cada paso que vamos a dar. Esto se está poniendo demasiado peligroso, no sólo para ti, sino para tu familia también. –Stan tomó mi rostro entre sus manos, mirándome con sus ojos café-naranjazo. Supuse que el haber tenido que beber de mi para extraer la ponzoña había sido una especie descalabro en su camino a convertirse en “vegetariano”. Mi sangre había hecho que el iris de sus ojos se tornara de ese color.
–Mi abuelo…
–Te prometo que todo va a estar bien. Vamos ir a Forks y verás que todo estará bien… Te juro que haré lo que sea necesario para que así sea.
Le creí. Algo en sus palabras, algo en la forma en que me miraba me hizo creerle.
–¿Y cómo vamos a ir a Forks? Porque supongo que tomar un avión queda completamente descartado, ¿verdad? –Dije, girando el rostro hacia mis tíos.
–Así es. Si han boletinado tu foto y el retrato hablado de Stan, en los aeropuertos estarán más que alertados para detenerlos. Tendremos que ir en mi auto.
–Es un viaje demasiado largo… –protesté y por un instante desee tener el poder de volar o el de la tele-transportación. O.k, sonaba más a algo sacado de un cómic, pero ¡qué diablos!, mi familia estaba compuesta en su mayoría por vampiros, había estado casi-casada con un licántropo, así que ¿quién podría decirme que los super-héroes no existían?
–Si te digo que viajaremos a “velocidad Cullen”, ¿sería suficiente para ti?... Bueno, manos a la obra. Alice, ve a entregar la habitación. Renesmee y Stan, recojan todas sus cosas y asegúrense de no dejar algo que indique que ustedes estuvieron aquí. Con suerte, podemos estar al anochecer en Forks.
Parpadeé un poco sorprendida. Según el reloj de mi Blackberry, eran las 8:26 de la mañana, eso significaba que mi tío pensaba realizar en menos de doce horas un viaje que por lo menos tomaba día y medio en carretera.
Nos pusimos en movimiento; tía Alice fue ha hacer su parte, mientras tío Jasper checaba que los alrededores estuvieran despejados. No quería levantar sospechas ni que alguien nos viera a Stan y a mí y pudiera reconocernos.
Realmente no había mucho que recoger, pues ni Stan ni mi tía o yo habíamos salido de Nueva York con todo y el equipaje. Di con las prendas que Adele me había prestado la noche anterior, y no pude evitar arrugar el gesto al darme cuenta el deplorable estado en el que habían quedado. Las enrollé y las metí en una bolsa de plástico, consiente de que ya no había mucho que hacer por ella. Una vez lejos de Gary, buscaría un depósito de basura dónde arrojarla, mientras tanto, la llevaría conmigo. Tal vez pecaba de paranoica, pero no estaba dispuesta a dejar ni un solo rastro o huella de mi presencia. Así lo había dicho tío Jasper, y él era el experto en estos casos, había que hacerle caso.
–¿Lista? –preguntó Stan mientras se ponía nuevamente el arrugado saco negro.
–Sí. Ya tengo todo en esta bolsa.
–No olvides la bolsa de la hamburguesa. –Dijo señalándome con la cabeza hacia la mesita donde mi tía había puesto la comida. Seguramente la hamburguesa y las papas estarían frías. –Después de todo, necesitas alimentarte.
–Estoy bien… tú sangre me sirvió. Gracias.
Stan encogió los hombros, quitándole importancia al asunto.
–¿Y tú?
–¿Yo?
–Sí, tía Alice dijo que te podía sentir hambriento y… bueno, no sé si habrá tiempo de detenernos de camino a Forks para que puedas alimentarte.
–Estoy bien. Tú sangre también me ha hecho bien, aún cuando iba acompañada con el veneno de Afton.
Quise preguntarle si había algo detrás de nuestro intercambio de sangre. Aún no se me quitaba de la cabeza de que había algo que me estaba perdiendo, sobre todo por la forma en que mis tíos habían intercambiado miradas cuando tío Jasper se enteró de lo que Stan había hecho por mí.
Justo cuando iba a abrir la boca, la alerta de un nuevo mensaje en mi Blackberry vibró nuevamente.
–¿Quién es?
–VJ… “Llámame, estoy preocupado por ti…” –leí con la voz seca. Odiaba tener a mis amigos preocupándose por mí.
–Vaya, sí que se preocupa por ti el… tipo ese.
–Supongo… es un buen amigo. Al igual que Adele.
–Mmm… ¿y tengo qué preocuparme por él? –aunque trató de darle un tono casual a su voz, pude detectar el interés tras su pregunta. O mejor dicho, más que detectarlo, pude “sentirlo”.
–¿Preocuparte? Creo que no te sigo.
–¿Qué hay entre ustedes dos?
–Oh… ya veo por dónde vas –dije con una sonrisa torcida. –No sé por qué habría de importarte mi relación con VJ.
–¿No? –preguntó irónico –Creí que había sido bastante claro esta mañana…
–Si lo dices por… yo… –carraspeé, nerviosa –Yo… supongo que… No sé, creo que me sentía algo confundida y…
–Si vas a salirme con la patética excusa de “no sabía lo que hacía, estaba fuera de mí”, por favor, ahórratela. –Stanislav caminó con lentitud hacia mí, con la misma languidez de un puma a su presa antes de atacarla. Sentí su fría respiración contra el lóbulo de mi oreja izquierda, mientras mis sentidos emprendían el acelerado y errático ritmo. Pero esta vez no era de miedo, sino de un sentimiento totalmente opuesto y carnal.
–¿Entonces? –pronuncié con voz grave, luchando por todos los medios que no notara la agitación de mi respiración.
–Preferiría la verdad, milovaný, preferiría que reconocieras lo que hay entre nosotros.
–¿Para qué? Hace tiempo dijiste que entre nosotros no había nada duradero. Que nuestra historia no tenía futuro… que era algo sin ataduras ni remordimientos.
–Me equivoqué…
–Te fuiste. –Dije con obstinación, sin girar el rostro para mirarle.
–Me dejaste ir… tú ibas a dejarme. Sólo me adelanté a los hechos.
–Pudiste… –cerré los ojos por un instante, molesta. Había estado a punto de decir “pudiste haberte quedado y pelear por mí”. –No tiene caso hablar de esto… no tiene caso ni es el momento.
–Tienes razón, no es el momento. Pero vamos a hablar, de eso puedes estar segura, moje sladká láska.
–¡Diablos, Stan!, ¿podrías hablar en un idioma que yo entienda? Me choca no saber lo que dices. –exploté, girándome al fin para quedar frente a frente con él. Su mirada se enlazó a la mía, como una corriente magnética, haciéndome imposible apartar los ojos de los de él. Si es que lo hubiera intentado siquiera.
–Pronto, milovaný, lo entenderás… Sólo que ahora hay cosas que yo necesito decir, pero que tú todavía no estás lista para escuchar.
–¿¡Cómo…!?
–Stan, Nessie, todo está listo. Es hora de marcharnos.
Tío Jasper nos llamó desde el umbral de la habitación, metiéndonos prisa para ponernos en marcha. Supuse que tendría que dejar para después mi conversación con Stanislav; por el momento, tenía que concentrarme en salir rápida pero discretamente de ahí.
Tío Jasper había estacionado su Ferrari 612 Scaglietti negro justo fuera de la habitación. Con un rápido vistazo, me di cuenta que habíamos a parado en una especie de motel a las afueras de Gary. Estábamos en la parte de atrás del lugar, y parecía que no había nade en las habitaciones cercanas, ya que no había ningún otro vehículo aparte del de mi tío.
–Será mejor que tú y Stan suban a la parte de atrás del auto. Aunque el polarizado hace casi imposible que la gente vea hacia el interior del coche, más vale prevenir que alguien pueda verles.
–¿Y tía Alice? –pregunté una vez dentro del lujoso automóvil y con el cinturón de seguridad bien puesto.
–Nos encontraremos con ella unas cuadras más adelante… ¿Listos?
Asentí mecánicamente, porque sinceramente me sentía todo menos lista, precisamente. Cerré los ojos, reclinándome por completo contra el respaldo de piel color crema del auto. Era increíble que en menos de tres semanas, hubiera pasado de una simple y anónima habitante de Nueva York, a sospechosa de un crimen; después, a presa de una banda de vampiros italianos, y ahora, una presunta fugitiva de la justicia.
Tendría suerte de no perder la razón si a eso le sumábamos la incertidumbre por el abuelo Charlie, la aprehensión por el reencuentro con mis padres y el miedo que sentía de poner un pié nuevamente en Forks después de todo el desastre que había dejado tras de mí. ¡Ah! Sin olvidar la reaparición de Stanislav, que parecía decidido a meterse en mi vida a como diera lugar.
Iba a necesitar un milagro para que no terminara perdiendo la razón con tantas cosas… y sobre todo, en esos momentos, necesitaba un cigarro para mitigar la enorme bola de nieve en la que se habían convertido mis emociones. ¡Bonito día se le había ocurrido a tía Alice para que yo empezara a dejar de fumar!